martes, 5 de enero de 2016

CENTROS DE ROTACIÓN


Ya estamos de vuelta, inaugurando una nueva extensión del 2015, un nuevo hogar y un nuevo sitio de trabajo. Celebrando que todo esto tenga como escenario esta ciudad de vida. Desde aquí, un abrazo a Ana, Patricia, Jara y Bea por este descubrimiento.

París espera con la pasión dominada de quien ha amado mucho 
y se ofrece aún generosamente para reconfortar gestos atormentados,
gente perseguida por el empeño de vivir
incluso en las tardes frías de noviembre.
París nos asalta de modo resuelto y es inevitable pensar
que tal vez en el próximo portal, en cualquier esquina,
aguarda un instante que nos hará otros, que nos tocará
como siempre hemos esperado
para ser mejores y más hermosos.

París es la espesura cambiante de la vida
y esconde en cada uno de sus pliegues reductos de los siglos,
un esfuerzo acumulado por dar con la palabra que explique cada gesto,
por añadir un punto de hermosura a cada minuto de desesperación.
Porque la vida adquiere aquí
la consistencia de que carece en otros lugares,
otorga un impulso que aleja nuestra endeble condición
de sí misma, como si la belleza alguna vez apresada
proporcionara un doble fondo al alma, una nueva piel
que tienta la inmortalidad incluso en los días breves del otoño.

París, José Domingo Dueñas

jueves, 31 de diciembre de 2015

INTERVALOS ABIERTOS DE ALEGRÍA

Como todos los 31 de diciembre, toca hacer recuento, recapitular el año y dar el salto al siguiente. Y la verdad es que este año, me he resistido a hacerlo. El motivo es que el 2015 ha sido un año espectacular, maravilloso y grandioso en muchísimos sentidos…y me da mucha lástima que se acabe.



En cualquier caso, tras hacer mi recopilatorio, me salen mis dos páginas permitidas plagadas de felicidad, amor, amigos, pequeñuelos, esfuerzos y recompensas laborales, viajes, arte y cultura. Tanta alegría que me da ganas de cantarlo a los cuatro vientos y revolcarme en ese regocijo continuo en el que vivo últimamente –con esos mismos pulmones que Montserrat Caballé y Freddie Mercury le cantaban a Barcelona, ya hace años-. Tan sólo ha habido dos cosas que han oscurecido un poco este año: la ausencia de mi amigo Javi, al que, sin embargo, lo llevo presente más que nunca y parece que no se haya ido; y vivir el terror de cerca –aunque agradecida a la vida de que no me tocara a mí-. 

Poniendo todo esto en la balanza, me salen kilos y kilos de felicidad absoluta y, sin miedo a exagerar, creo que me atrevo a decir que ha sido uno de los mejores años –sino el que más, desde que llevo la cuenta- de mi vida. De hecho, me he organizado unas olimpiadas particulares y en el podium de los años vividos queda, con medalla de bronce el 2003, medalla de plata para el 2008 y, medalla de oro para el 2015.

Y como el calendario –al igual que el tiempo, los instantes-, se componen de momentos flexibles, con duración subjetiva y moldeable, he decidido –gracias a Rodolphe por la sugerencia, un beso desde aquí- que a partir de ahora los años se contarán como extensiones del 2015, segunda extensión, tercera extensión, etc… Una manera fácil y práctica de prolongar indefinidamente esta dicha.

Toda la felicidad del mundo en esta primera extensión del 2015 en la que nos zambullimos en unas horas. Chin chin.

Tuve que reírme. Me encontraba muy bien allí; la inconsciencia absoluta, la descuidada felicidad de aquel ambiente me acariciaba el espíritu.

Nada. Carmen Laforet

miércoles, 30 de diciembre de 2015

UVAS NORTEÑAS



En unas horas, pongo rumbo a explorar un país pequeñito, nórdico y europeo: Dinamarca. Este país, pequeño pero matón –por algún motivo conozco decenas de personas que han pasado por allí en algún momento de su vida-, a caballo entre la Europa continental y la escandinava, lo asocio totalmente con la imagen de la Sirenita gracias a una lectura en una de las páginas del libro de lengua de 4º de EGB –si, el mismo, el inigualable-. Sin embargo, esos amigos varios que conocen bien Copenhagen, me han asegurado que aunque este símbolo es más bien pequeñito, tremendamente turístico y no merece demasiado la pena, la cuidad en sí es de cuento.

Además de esto, poca cosa más conozco de este país y sus lugareños. Os contaré mis descubrimientos a la vuelta –ya en 2016-. En cualquier caso, no faltará la buena compañía -somos nueve personas cenando, de siete nacionalidades diferentes-, las uvas –ya están en las maletas-, y las reflexiones de fin de año. Que allá donde piséis se llene de felicidad.

lunes, 28 de diciembre de 2015

LUZ, PALABRA, SONIDO



Una compilación de belleza
Un caramelo que se deshace lentamente
Un conjuro de poesía en movimiento
Una historia como el trigo, la brisa, los olivos
como el puñal, la luna, la sangre, la muerte
Un canto al aire, a la tierra, al fuego
Un trozo de Aragón, de Turquía, de Lorca
Un aluvión de fotografías casi pintadas a mano
Un enorme nudo en el estómago
Una tragedia antigua como la tierra

Id a a ver la Novia, es todo eso y un sinfín más de cosas que no caben en una publicación. Brava Paula Ortiz. Muchos éxitos para un trabajo bien hecho.

sábado, 26 de diciembre de 2015

DEL TIEMPO Y LA DISTANCIA


Los dos lo sintieron en el mismo instante, y resbalaron el uno hacia el otro como para caer en ellos mismos, en la tierra común donde las palabras y las caricias y las bocas los envolvían como la circunferencia al círculo, esas metáforas tranquilizadoras, esa vieja tristeza satisfecha de volver a ser el de siempre, de continuar, de mantenerse a flote contra viento y marea, contra el llamado y la caída.

Rayuela. Julio Cortazar

jueves, 24 de diciembre de 2015

CARNE DE ANTICUARIO



Estos días que estoy de descanso en casa de mis padres, me doy cuenta de lo contenta y feliz que está mi vida sin ese aparato, permanente en muchas casa, llamado televisión –también conocido como tele o TV-.

Este cacharro, además de desviar la atención de las cosas realmente importantes: conversaciones, paseos, charlas, debates… tiene el dudoso honor de hipnotizar a los pequeños. Creedme, hace unas horas lo he comprobado con mis sobrinos, una hora después de levantarse se han quedado petrificados mirando una pantalla proyectar cualquier cosa, y cuidadín no osaras intentar apagarla. Al final, hemos tenido que, como solución de emergencia, simular que se había ido la luz en la casa. Me entristece pensar en el daño que hace eso en unas mentes tan poderosas como las de unos niños.

Llamadme idealista pero aun así, tengo la esperanza –aprovecho en que estamos a las puertas de la Nochebuena-, de que este invento del siglo XX poco a poco empiece a ser desterrado de las casas en el ya afianzado siglo XXI. Que ya no tenga cabida por anticuado, que le demos un poco de aire fresco a las ideas y nos deshagamos de ese aparato digno de un primo lejano de Orwell.

Y es que, ¿quién quiere una televisión hoy en día, habiendo Internet? Y muchos dirán, pero entonces cambias una pantalla por otra… si, pero la diferencia radica en que la televisión es un buffet libre, pero Internet es para gourmets: uno escoge qué periódicos leer para estar informados –si se quiere dentro o fuera del país, para intentar se más objetivo-, qué películas quiere ver si no le apetece ir al cine, qué podcasts quiere escuchar para aprender un idioma, culturizarse o estar al tanto del mundo del deporte… lo que quiera. Pero a la carta. La gran cantidad de tiempo que vais a ahorrar para poder gastarlo en otras millones de cosas interesantes que tiene la vida, tiende a infinito, os lo aseguro, entre otras cosas porque no repetiréis el mismo plato casi nunca.

Desde aquí os invito a todos a que, en estos días tan de familias, de amigos, de reuniones, de abrazos, de achuchones, de juegos…, enviéis ese mando a distancia a un lugar muy remoto… - y si, además, se le puede acompañar del móvil, mejor que mejor-. Como recompensa, ya tenéis que un buen regalo para el que año que viene, un cuadro para tapar el hueco que tenía el televisor. Dos en uno, todo ventajas.

lunes, 21 de diciembre de 2015

NAVIMETRAJES

Aprovechando que estamos en fechas muy navideñas y que esta entrada es la número 666, os dejo con un par de películas que seguro que harán las delicias de estas Navidades: ¡oh, oh, oh! Disfrutad

La venganza de Dimitri


Mary Poppins

viernes, 18 de diciembre de 2015

LA CIUDAD DESCANSO



Ciudades que recuerdan a ciudades
Como una canción recuerda a otra
Un olor que recuerda a una ciudad
Como una ciudad recuerda a una persona
Ciudades que recuerdan un beso
Ciudades que nos recuerdan a nosotros
Ciudades que nos olvidan
Y ciudades que nos recuerdan
Hay ciudades que habitan en nosotros
Hay ciudades que habitamos
Hay ciudades que te encarcelan
Hay ciudades que rompen tus grilletes
Hay ciudades para vivir
Hay ciudades para soñar
Hay ciudades que nos dan la vida
Y hay ciudades para el descanso eterno

 El Retorno, Maram Al-Masri


Y desde aquí empiezo mis vacaciones navideñas. Mañana dejo esta ciudad que adoro, para empacharme de mi querida ciudad de la infancia. Felices vacaciones a todos.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

EVALUACIÓN FINAL


Unas horas después del examen final de la asignatura de métodos estadísticos de primer año de psicología que he impartido en una universidad parisina –pedazo sueño cumplido-, no puedo dejar de buscar esas diferencias y similitudes entre los cursos universitarios a los que yo misma he asistido y el de una universidad francesa. 

Así, en términos generales –obviamente, para una comparación en condiciones necesitaríamos una buena muestra de clases, años, materias y universidades-, la única diferencia notable que he observado ha sido el hecho que los estudiantes en Francia son muchísimo más educados y respetuosos tanto en la atención de las clases, como en la manera de dirigirse al profesor. Me guste o no, yo cuando entro en esa clase, soy Madame –me gusta, me gusta-, y sus dudas escritas van acompañadas de correos totalmente cargados de palabras de cortesía. Además, en ningún momento nadie me ha hecho ningún comentario sobre mi acento hablando francés y lo máximo que he visto es alguna sonrisilla cariñosa, cuando digo algo que no existe.

En cuanto al resto, yo diría que todo es muy similar, aunque de nuevo, es difícil comparar, y más una asignatura de carreras tan diferentes. Ahí van algunas similitudes:
  • Como todos aquellos que ya han tomado una decisión adulta de estudiar una carrera universitaria, el trabajo y el estudio es valorado entre el resto de los compañeros y la mayoría suele levantar la mano con orgullo para mostrar que conocen un concepto o han estudiado. 
  • También, como todos los estudiantes que empiezan una carrera, son tímidos y les cuesta preguntar dudas o salir a hacer un ejercicio. Eso, y espero verlo en mis propias carnes –en enero empiezo a dar clases de un curso de master de ingeniería- es cuestión de tiempo. Poco a poco irán cuajando su personalidad y la seguridad en sí mismos. 
  • Finalmente, también existen dos clases de alumnos: los apasionados de lo que hacen –esos que les brillan los ojos cuando comprenden algo, mis favoritos-, y los que saben que no tiene más remedio que pasar por eso. Estos últimos son convertibles, con paciencia, insistencia y estrategias. 
En definitiva, y una vez más, dar clases, sigue siendo una actividad que me encanta, me eleva el ánimo, me rejuvenece y me da energía. La educación -inyectada poco a poco, silenciosamente- es probablemente, el método más eficaz para cambiar el mundo. Si, además de el gusto por el conocimiento, les he infiltrado un poco de alegría, respeto y pasión, me sentiré muy contenta y con una responsabilidad monumental.

jueves, 10 de diciembre de 2015

LA ALEGRÍA ACELERADA

Con todo este huracán pre-navideño, combinado con cambio de casa y de lugar de trabajo, me embarga el estrés, y la alegría, y la emoción, y el cansancio y los nervios, y la risa, y las sonrisas, y la ilusión y la morriña y la farándula… Habrá, pues, que bailarlo.

domingo, 6 de diciembre de 2015

LA VIDA ACUMULADA



Mudarse es un asunto que requiere energía, y ganas, muchas ganas. También está claro que hay magnitudes de mudanzas, como de terremotos. Por un lado, las mudanzas más intensas: a otra ciudad o incluso a un país diferente, son mucho más radicales. Implican empaquetar tu vida, eliminar lo superfluo -si bien estoy de acuerdo que todos poseemos demasiadas cosas, guardar recuerdos para no volverlos a ver más, es, cuando menos, angustiante-, y despedirte de ellas hasta quien sabe cuando, quizá nunca - ¿quién sabe si la persona que abra esas cajas dentro de 20 años seguirá leyendo ese tipo de libros, por ejemplo?-. Estas mudanzas son dolorosas. Son sinónimos de despedida, de cierre de etapa, de envejecer.

Por otro lado, mudarse de una casa a otra dentro la misma ciudad, es un ejercicio más liviano: sabes que vas a meter tus cosas en cajas, para abrirlas un par de días -o semanas- mas tarde. Puedes ir haciéndola poquito a poco. Te puedes permitir conocer tu nuevo barrio antes de tiempo y empezar a hacer nuevas migas con el panadero o frutero. También te permite despedirte del peluquero que siempre te invita a un café cuando sales de casa, o de Mireille la panadera; como el que se va de vacaciones, sabiendo que volverás a pasarte por allí, y les volverás a saludar.

En cualquiera de los dos casos, es cuando una se muda que se da cuenta de la cantidad de objetos con los que cuenta -algunos imprescindibles: esos maravillosos libros, esos cuadernos, esas cafeteras… - otros prescindibles. Renovarse, reciclar; tirar y empezar de nuevo son sinónimos de esa nueva etapa que empieza. El caos posterior que le sigue: el tener cajas esparcidas por doquier, el buscar desesperadamente un par de calcetines, o un trozo de papel…, tiene en realidad parte de su gracia. El saber que ese sentimiento es temporal, que en no mucho tiempo, todo habrá tomado su nuevo puesto y tu casa, tu nueva casa; te sonreirá expectante.

Hoy, con agujetas en los brazos y dolor en la espalda, agoto mi última semana en el increíble barrio del Marais parisino para irme a la Rive Gauche. Ni en mis mejores sueños hubiera podido pensar vivir aquí, pero es que, como bien es sabido, la realidad suele superar la ficción. Haciendo cuentas, ésta es la mudanza número once de mi vida. Tampoco parece un número demasiado alto, teniendo en cuenta que ha habido tres países y cinco ciudades por medio. Sin embargo, es suficiente para saber que espero que queden muy pocas más en lo que me queda por vivir y, que hay un puñado de cosas que son invaluables e insustituibles y éstas, caben en tres o cuatro cajas.

El inventario de tus cicatrices, en particular las de la cara, que ves cada mañana al mirarte en el espejo del baño cuando te peinas o vas a afeitarte. Rara vez piensas en ellas, pero cuando lo haces, entiendes que son marcas que deja la vida, que el surtido de líneas irregulares grabadas en la piel de tu rostro son letras del alfabeto secreto que narra la historia de quién eres, porque cada cicatriz es la huella de una herida curada, y cada herida era resultado de una inesperada colisión con el mundo; es decir, de un accidente, de algo que no debía ocurrir a la fuerza, porque por definición un accidente es algo que no sucede necesariamente. Acontecimientos contingentes en contraposición a hechos necesarios.

Diario de invierno, Paul Auster.

jueves, 3 de diciembre de 2015

SERES MUSICALES

Mi amiga Cris –un abrazo desde aquí-, que es una de las personas más interesantes que conozco, además de mejor persona, siempre me recomienda joyas estupendas: libros, conciertos, obras de teatro, películas, videos, etc. Será porque es una persona que le pone pasión a todo lo que hace en la vida. Hace poco, me recomendó que viera esta charla:



Lo acabo de hacer y me ha parecido subyugante. Ahí os la dejo por si tenéis veinte minutos para abandonar las cosas banales y daros un garbeo musical a través de la historia y las culturas. Interesante de los pies a la cabeza.

lunes, 30 de noviembre de 2015

PLUMAJE INTERIOR



Siempre me he considerado una persona diurna, es decir al máximo de mis energías por la mañana y con un apagamiento paulatino con el tiempo que hace que llegue por la noche en estado bastante catatónico, sobre todo entre semana. Este tipo de personas somos lo que los científicos denominan alondras. Por otro lado, los llamados búhos, son aquellos que experimentan justamente el comportamiento contrario. Las primeras horas del día las viven en un letargo y conforme pasan las horas se van desperezando para llegar al grado máximo de actividad por la noche.

Todos conocemos personas de ambos tipos. En particular, en el mundo de la ciencia –en le que cada uno cincelamos nuestros horarios y costumbres a nuestra manera- es bastante común encontrarse búhos por doquier. Es más, recuerdo que durante mis estudios universitarios, había gente que sólo veía en fiestas porque nunca coincidíamos durante el día.

Lo curioso de esto, es que hasta hace poco se pensaba que esta clasificación de cronotipos era básicamente universal para clasificar a los humanos: se es búho o alondra. Es más, hasta ahora se había medido que las alondras suelen irse a dormir unas dos horas antes que los búhos. El caso es que estudios recientes han encontrado que existen dos tipos de personas más: los energéticos –aquellos que están activos mañana y noche- y los ralentizados –aquellos que se sienten apáticos todo el día-. Colibrí y albatros proponen bautizarlos en este artículo.

El caso es que ser del primer grupo, energético, está casi casi del orden de los superpoderes, ya que en media son los únicos que son capaces de dormir media hora menos que los tres otros grupos. En mi caso, aunque adoraría ser colibrí, me temo que no puedo dejar de bostezar continuamente a eso de las once de la noche. No deja de ser una lástima, porque sigo manteniendo que la vida es demasiado corta para pasarla durmiendo.

sábado, 28 de noviembre de 2015

DE UN CHARCO DE FLORES



Cuando muere, todo el mundo debe dejar algo detrás decía mi abuelo. Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocará de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio a donde ir cuando tú mueras, y cuando la gente mire ese árbol, o esa flor que tú plantaste, tú estarás allí. No importa lo que hagas, -decía-, en tanto que cambies algo respecto a como era antes de tocarlo, convirtiéndolo en algo que sea como tú después de que separes de ellos tus manos. La diferencia entre el hombre que se limita a cortar el césped y un auténtico jardinero está en el tacto. El cortador de césped igual podría no haber estado allí, el jardinero estará allí para siempre.

Ray Bradbury. Fahrenheit 451

miércoles, 25 de noviembre de 2015

PLACER PARLOTEANTE



Hablar varios idiomas es maravilloso. Una puede pasarlo mal al principio cuando la lengua no se coordina con el cerebro, cuando no sabes decir algo ni siquiera dando un rodeo, cuando comprendes pero no hablas… Pero cuando tu cerebro hace click, ese momento en el que de pronto, sin saber muy cómo, empiezas a chapurrear fluidamente –no sin estar exenta de errores tanto gramaticales como de fonética, faltaría más- y eres capaz de entenderte con cualquier persona que se cruce en tu camino en esa lengua que ya has adoptado... ese momento no tiene precio.

En mi caso, además del castellano -mi lengua materna, ésa en la que me expreso de manera infinitamente más precisa que en ninguna otra- tengo la fortuna de hablar, entender y escribir tres lenguas más con mayor o menor acierto: el catalán, el inglés y el francés –fruto, entre otras cosas, de mis trocitos de vida en Barcelona, Davis y París-. A lo largo de mi día, tanto en mi vida laboral como personal, he conseguido saltar de un idioma a otro automáticamente, muchas veces sin percatarme. Y eso, señores, es una de los tesoros más valiosos que poseo. Me emociono al dar clases a mis alumnos en francés y escuchar la sonoridad de esa lengua de mis sueños; me encanta conocer a alguien nuevo en el trabajo y comenzar a hablar en inglés, sabiendo que te van a entender, como si fuera lo más natural del mundo; adoro tener largas conversaciones por teléfono en un catalán que cada vez se mezcla más con el francés, pero que aún sobrevive como puede y cómo no, me rechifla poder encontrar exactamente la palabra exacta que describe exactamente lo que pienso en castellano.

Cuando pienso en todas las puertas que hablar lenguas me ha abierto, a cuanta gente me he podido acercar, cuanta cultura -literatura, música, películas- me hubiera pasado al lado sin tener acceso a ella, cuantos momentos inolvidables no se hubieran dado sin haber hecho este pequeño esfuerzo –que ni siquiera merece llamarse así, porque la recompensa es tal, que ni se nota-, sólo puedo agradecer infinitamente esa insistencia educativa regalada por mis padres.

Está claro que ahí fuera hay una enormidad de idiomas que nos esperan a ser aprendidos, intentados o al menos, olisqueados alguna vez. Nuestra vida es limitada, en tiempo y capacidad de aprendizaje, pero si algo deberían tener claro las futuras generaciones es que el idioma es la llave que les hará llegar tan lejos como quieran.