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sábado, 7 de abril de 2018

ATREVERSE


Respira y sueña todas las estaciones que necesites hasta sentir que puedes volver de nuevo al sol, que ya nada te puede dañar si tu no quieres. Habrás absorbido su entereza, su firmeza y su capacidad para mecerse con los vientos, habrás logrado aspirar todos los olores y todos serán aceptados, habrás contemplado todas las sombras desde todos los ángulos y ya ninguna te será ajena y te hará temblar. El frío se ha ido y el miedo también, en su lugar está la certeza de ser la persona que quieres ser y de andar a plena luz, feliz y luminosa en medio de la muerte y del dolor.

La ciudad boca abajo. Lakabe. Mabel Cañada

sábado, 24 de marzo de 2018

EN CUERPO Y ALMA


Hace unos días estaba pensando en la relación que se crea con los diferentes médicos que te visitan en tu vida. Sí, sé que un médico es un profesional más, como puede ser el panadero o el cartero, pero al mismo tiempo, el vínculo que se crea es transcendental -sobre todo en casos de operaciones-. ¿Quién no se acuerda del nombre del médico que le operó de esto o de aquello?

Por ejemplo, hace un poco más de un año, tuve que pasar por una operación quirúrgica aquí en París. El problema fue detectado y valorado con antelación y la fecha fijada de antemano. La operación salió muy bien salvo una pérdida importante de sangre de la que no tardé en recuperarme. El caso es que un poco más de un año después, no guardamos ningún tipo de contacto con el médico que me operó, el responsable que hoy esté bien y contenta. Y sin embargo, esa persona abrió mi cuerpo, trabajó en él y lo cerró. En otras palabras, las huellas físicas de esa persona están en mí.

Por supuesto, todo es cuestión de perspectivas y hay diferentes profesiones que tienen un impacto importante en quienes somos: un buen profesor puede cambiar la manera de entender el mundo y por lo tanto nuestra vida futura al darnos alas, un arquitecto puede diseñar la casa en la que viviremos y tener para siempre su huella en nosotros, etc, etc. Pero sólo un médico llega a tener tu vida –física y mental- en su mano y nuestra existencia en momentos. Y sólo un buen médico llega a crear un eterno agradecimiento de poder estar aquí, la gente querida recibiendo los rayos de un sol tímido que inaugura el principio de la primavera.

sábado, 3 de marzo de 2018

EXTRAPOLACIÓN DEL APRENDIZAJE



Es curiosa cómo la vida está estructurada: nacemos, aprendemos a interaccionar con el mundo, y justo después, tenemos un tiempo de, digamos, unos 20 años para formar nuestras inquietudes, nuestras personalidades y trazar un plan de cómo va a ser la manera óptima de vivir la vida -o al menos intentar dirigir el timón hacia allí-. Todo esto, basándonos en nuestra idealista y sesgada del mundo de un lado, y en consejos que personas que han vivido antes que nosotros nos intentan traspasar.

Aún tengo que conocer la persona que haya seguido al pie de la letra estos consejos y los haya utilizado para labrarse su camino -afortunadamente-. Por mucho que esos consejos sean valiosos, y quizá las conclusiones sean las mismas que las que llegaremos nosotros 40 años más tarde -ser selectivo a la hora de adquirir amigos, experiencias, conocimiento, y hacerlo de la mejor calidad posible-, esa información está descontextualizada y sólo podemos empezar a mirar a los ojos a lo que esos consejos-perlas querían decir cuando individualmente hemos pasado por esa experiencia y llegamos a la misma conclusión.

Lo frustrante es que esta fase dura una enorme parte de la vida: 50, 60 años. Quizá sólo los años últimos donde las enfermedades suelen llegar son ya para cerrar asuntos con nosotros mismos.

Le llevo dando varias vueltas a esto últimamente, y, puesto que todavía estoy en, toco madera, lo que espero que sea mi mitad de vida al menos, me pregunto si no hay una manera de hackear esta calibración a posteriori. Digo yo, ¿no podríamos empezar a aprender desde ya de los errores que una persona de 60 años -que admiremos- cometa hoy para prevenirlos? ¿No podemos intentar extrapolar los aprendizajes pasados al futuro? ¿Quizá eso nos lleve hacia direcciones equivocadas o impropias que nos hagan profundamente infelices? (Porque reconozcámoslo, hay una satisfacción innata al cometer un error por hacer algo en lo que creíamos, aunque fuera falso. O, en otras palabras, ser idealista puede pasar factura, pero también proporciona mucha satisfacción.)

En cualquier caso, quizá planee algunos experimentos al respecto para salir de dudas ya afianzar más el terreno pantanoso de estas reflexiones… antes de que sea demasiado tarde.

domingo, 11 de febrero de 2018

LA NIEVE Y LOS AFORTUNADOS


Esta semana nevó bastante en París. Aquello empezó el lunes por la tarde y no cuajó. Aunque internet nos perjuraba y aseguraba que aquello iba a ir in crescendo, no acabábamos de creerlo. Pero en efecto, el martes fue un día precioso en el que no cesó de nevar ni un segundo: copos, copos y más copos -por cierto, qué bonita la palabra copo ¿no? Su sonoridad me hace pensar en algo pequeño, frágil-. Poco a poco -y copo a copo-, fuimos testigos de cómo las calles de París se iban volviendo grises, blanquecinas, hasta que, por la noche, cuando ya muchos medios de transporte habían dejado de funcionar, todo era un manto blanco.

He de decir que ese día, mientras me quedaba absorta mirando detrás del cristal revolotear esas briznas de nieve sin cesar, me asaltó esa inquietud de Show de Truman que aparece a veces en la vida: ¿no estaremos metidos en una de esas bolas de cristal donde los turistas más pequeños le dan vueltas y vueltas para ver como caen los copos -más bien bolitas de corcho-?

Sea como fuere, al volver a casa, pisando una nieve -, inmaculada, crujiente -otra de mis palabras favoritas-, repasando todos los balcones, coches, bicis, bancos, arbustos, árboles cubiertos de ése tejido tan blanco, se nos abría inconscientemente la boca, y la sonrisa y nos repetíamos que éramos testigos de algo increíble: la nieve intacta. Para los valientes que se atrevían a disfrutarla, para los afortunados de vivir esos regalos del cielo.


Cuando salió del hospital, ni siquiera se dio cuenta de que estaba cayendo del cielo una nieve sin rastros de sangre, cuyos copos tiernos y nítidos parecían plumitas de palomas, y que en las calles de París había un aire de fiesta, porque era la primera nevada grande en diez años.

El rastro de tu sangre en la nieve. Gabriel García Márquez.

lunes, 15 de enero de 2018

LOS SALTOS HACIA ARRIBA


Cuando tenía siete años, mis padres me inscribieron al Conservatorio a aprender música. Transcurrido el primer año de introducción, elegí instrumento: el violín. El primer año y medio de manejo hubiera querido romper ese violín en pedazos innumerables veces: aquello sonaba a gato escaldado. Escalas desafinadas, arpegios con cambio de posición que sonaban a desmayo, stacattos que parecían hacerse con un serrucho en lugar de un arco, y una infinidad de desacatos para la memoria acústica. Así, hasta que empecé a tocar las primeras melodías, aquellos primeros estudios de Suzuki y me empezó a gustar más.

Tres años después de aquel fatídico día, un amigo de mis padres nos convenció para que me pasara a la viola con los argumentos de que su sonoridad es más profunda, más dulce y además, el repertorio es más corto –con lo cual los años de estudio también-. Recuerdo la sensación de pánico: otra vez volver a pasar por esa tortura de afinación, escalas, glissandos... Sin embargo, aquello fue mucho más sencillo de lo que me imaginaba: las distancias en la mano izquierda eran ligeramente más grandes, y todo era una quinta justa más baja, y ya. Y es que al fin y al cabo, supongo que estaba más que preparada, aunque no lo supiera.

A partir de la superación de ese miedo inicial, aprendí a acunar a aquel instrumento: desde la primera viola prestada que tuve del conservatorio a mi actual Carlitos. Aquel sonido rugoso como de tierra, muy diferente al del violín me parecía tremendamente melodioso, mucho más acorde con mi personalidad. También, ese cambio me abrió muchas puertas: empecé a tocar como violista solista en la orquesta de cámara de mi ciudad –desde aquí un abrazo fuerte a Toño, su genial director que me dio esa oportunidad-, me invitaron a ser la violista de uno de los primeros cuartetos de cuerda de mi ciudad y descubrí que me gustaba tocar tanto en grupo que allá donde fui nunca dejé de tener un cuarteto, trío, orquesta o alguna composición del estilo. Es más, cuando era necesario podía tocar partituras de violín con la viola -cosa que a la inversa es imposible-.

Hoy me he estado acordando de este episodio de mi vida: el momento en el que alguien o algo te propone un cambio –en principio a mejor- para ti, para tu vida. Ese pánico, esa sensación de vacío, de desconcierto, de quizá mejor pájaro en mano… y cuando alguien -a veces es la misma vida, que se ha cansado de que no reacciones- te espeta: tonterías las justas y te da el empujón que te hace falta... Y no sólo sobrevives, sino que disfrutas y te embarga esa sensación de euforia, de contento, de mirar atrás y no entender por qué no lo hiciste antes...

Así son esos momentos en los que te arriesgas. Te lanzas a la aventura –una aventura con buenas cartas de recomendación- y descubres que estás viva, que eres capaz de pilotar ésta, tu vida, que sin ser la más nada, eres fuerte, valiente y valiosa, y te sientes orgullosa de haber tenido el coraje de saltar hacia lo desconocido.

domingo, 7 de enero de 2018

ÉXITOS DE ENSAYOS

...Y yo, diría que lo más importante es no tenerle miedo a ninguno de los dos. Probar, e intentar, y probar una vez más a ver qué pasa. Eso y tener siempre una buena dosis de certeza en el derecho universal de la alegría en el bolsillo.

Feliz inicio de 2018.



Pero éxito y fracaso son dos grandes impostores. Muchas veces, para llegar al éxito hay que pagar un precio tan alto que puede llevar a la incoherencia o a venderse al mejor postor. Y, por otra parte, el fracaso puede esconder una lección fructífera si se le sabe dar la vuelta al argumento. El fracaso enseña lo que el éxito oculta; la capacidad para crecerse en los obstáculos y no darse uno por vencido. El fracaso es necesario para la maduración de la personalidad. La vida humana esta tejida de aciertos y errores; consiste en un juego de aprendizajes. Por lo general, enseñan más las derrotas que los triunfos. Hay derrotas triunfales a las que envidian algunas victorias. De ellas puede uno tomar buena nota y volver a empezar.

La ilusión de vivir. Enrique Rojas

domingo, 31 de diciembre de 2017

CON MÁS CANAS, CON MÁS GANAS



Ha pasado el tiempo, lo sé, en concreto 7 meses desde que escribí la última entrada. Sin embargo, como ya había anunciado previamente en éste otro post, decidí liberarme de mi regularidad espartana bloguera para priorizar acontecimientos vitales del aquí-y-ahora, y entradas de calidad cuando tuviera el tiempo.

Así que hoy, 7 meses después y a escasas horas de abandonar el 2017, quiero escribir una última entrada de este año, aprovechando que acabo de terminar mi tradicional recuento y valoración del año.

En este año 2017, uno de los más intenso vividos en mi vida, ha habido 7 operaciones quirúrgicas de hospital de gente que quiero (incluyendo una mía), un cambio de profesión, de estado civil y de varias otras situaciones menos extremas. Todo esto me ha traído bastantes canas de más, y un cansancio final recompensado con la agradable sensación que afortunadamente estoy aquí, rodeada de gente que quiero, viva y relativamente sana, tomando los mandos –o el timón- de mi vida y llevándola a donde yo decido y quiero, y que, aunque esta vida a veces se nos llene de baches, existe esa fuerza interna dentro de nosotros que nos viste con una espada y nos lanza al ruedo a defender nuestro bendito derecho a la alegría. Chinchin por eso.

Al 2018 le espero con los brazos abiertos, con muchas ganas, con muchos planes y con mucha ilusión. Que éste año que empieza en unas horas llegue al pódium de los mejores años de nuestra vida.

miércoles, 31 de mayo de 2017

MÁS ALLÁ DE LO CONOCIDO

 

Entonces Sara sonrió por dentro, sin curvar sus labios en un gesto que habría podido parecer indecoroso, y esa sonrisa extraña, incompleta, interior, armada incluso con matices amargos, descontentos, como el conocimiento del que había brotado, encontró un camino para echar a volar, para quedarse flotando en el aire denso e indeciso que había sucedido a la tormenta.

Almudena Grandes. Los aires difíciles.

martes, 25 de abril de 2017

MANUAL INFALIBLE PARA LA RELATIVIZACIÓN

(Gracias a Patri por la recomendación de la canción, un beso desde aquí)

He aprendido que sólo cuentan dos cosas. Una, y esto es lo más importante -se inclinó hacia delante y tomó mis manos para apretarlas entre las suyas-, que nadie te va a poder quitar en tu vida lo que has bailado ya. Y dos, que a pesar de las apariencias, no pasa nada. Nadie mata a nadie, nadie se suicida, nadie se muere de pena, y nadie llora más de tres días seguidos. A las dos semanas todos vuelven a engordar y a comer con apetito, te lo digo en serio. Si no fuera así, la vida se habría extinguido en este planeta hace varios milenios. 

Almudena Grandes. Malena es un nombre de tango.

sábado, 22 de abril de 2017

OMBLIGOS

Un punto. Resumiendo todos nuestros anhelos, esperanzas, logros, guerras, Nóbeles, amores, amigos, modas, depresiones, enfermedades, rincones, libros, recuerdos, premios, canciones, avances científicos, arte, experiencias, historias, descendientes, teorías, “likes”, sufrimientos, corrupciones, extinciones, razas, colores, lo más importante de la vida, lo más trivial, todo el sentido de nuestra existencia.

Tan diminuto y tan frágil. Tan insignificante.  







El planeta Tierra visto desde la nave Cassini a la altura de los anillos de Saturno a 1.4 billones de kilómetros. Créditos de la imágen.

martes, 28 de marzo de 2017

TIEMPOS Y ESPACIOS



Il faut, dans ce bas monde, aimer beaucoup de choses,
pour savoir, après tout, ce qu’on aime le mieux.
Les bonbons, l’Océan, le jeu, l’azur des cieux,
les femmes, les chevaux, les lauriers et les roses.

Il faut fouler aux pieds des fleurs à peine écloses;
il faut beaucoup pleurer, dire beaucoup d’adieux.
Puis le coeur s’aperçoit qu’il est devenu vieux,
et l’effet qui s’en va nous découvre les causes.

De ces biens passagers que l’on goûte à demi,
le meilleur qui nous reste est un ancien ami.
On se brouille, on se fuit. Qu’un hasard nous rassemble.

On s’approche, on sourit, la main touche la main,
Et nous nous souvenons que nous marchions ensemble,
que l’âme est immortelle, et qu’hier c’est demain.

A.M.V.H. Alfred de Musset

miércoles, 22 de febrero de 2017

GENIOS AMARILLOS

Desde hace muchos años, y a pesar de las prohibiciones de mis padres cuando era pequeña, veía esa seria de personajes amarillos, llamada simplemente Los Simpsons. Esta serie de animación protagonizada por una familia cuando menos estrambótica, de alguna manera tenía algo de real –intuía yo-, un ligero parecidos razonable a ciertos comportamientos sociales, exagerados, cómo no. Sólo cuando viví en Estados Unidos, me dí cuenta que, de hecho, Los Simpsons era más bien un documental bien realista –al menos de la sociedad estadounidense- donde muchas cosas que se cuentan (los chicos que se encargan de las bolsas del supermercado, las toneladas de comida que se ingieren, etc), eran reales.

A su vez, también tardé en darme cuenta del tremendo trabajo cinéfilo que hay en Los Simpsons. No fue hasta que vi a Bart protagonizar La Ventana Indiscreta de Hitchcock que indagué en el tema y me quedé impresionada. Creedme, si veis este video-recopilatorio sobre muchas de las películas homenajeadas en los Simpsons, se os abrirá la boca inevitablemente de admiración.


Así, me atrevo a decir, que Los Simpsons, y por tanto su creador Matt Groening, se merece un puro reconocimiento atemporal. Algo así como un podium del Olimpo de las series de todos los tiempos. Además de ser una colección de episodios desternillantes y ácidos, son realmente rigurosos, matemáticos y artísticos. Nunca me canso de verlos.

lunes, 30 de enero de 2017

PIANOS DE ESTACIÓN



Hoy he acabado (por fin), mi Tour de Francia laboral. Desde Octubre, he visitado once laboratorios diferentes distribuidos por diversas localidades de Francia. La verdad que, he visto tan sólo un pequeño coletazo de sitios que no conocía ya que, mi agenda apretada – y la morriña de mi cama-, sólo me ha permitido tocar chufa, pasar un par de días y volver.

Todos estos viajes he tenido la enorme suerte de hacerlos en tren. Vivir en París, además de ser un privilegio por muchos motivos, tiene una enorme ventaja que es que está muy bien conectada con todos los rincones de Francia. Así que, además de los viajes laborales, también he consumido mucho café en numerosas estaciones de tren.

Y de éstas horas consumidas en estaciones, hay algo que me deja todavía estupefacta y es que, gracias a la maravillosa idea que algún día alguien tuvo de poner un piano en las estaciones, he disfrutado de recitales de música increíbles.

El patrón suele ser el mismo en todos los sitios. De pronto, aparece un personaje que nunca asociarías con la buena música –por ejemplo, un chiquillo con pintas de gamberro y escuchar mala música, o un señor de edad avanzada con su maletín de papeles, o una chica demasiado maquillada y muy a la moda- que posa sus manos en unas teclas inmaculadas y a partir de allí, sólo se suceden Rachmaninovs de vértigo, miradas de sorpresa, fugas de Bach, ojos como platos o improvisaciones de jazz basadas en la obra de Miles Davis, como si fuera lo más normal del mundo.

Las pocas personas que prestamos atención, –éste es otro hecho destacable, ¿qué hay más importante que hacer en una estación que escuchar una música angelical regalada por la cara?- nos quedamos, con cara bobalicona, embelesadas mirando escurrirse esos dedos por las teclas. Luego, cuando esa persona anónima se siente demasiado observada, se levanta, echa un vistazo a su reloj y desparece dejándonos desamparados.

En mi caso, toqué el piano durante seis años y aunque tengo los dedos demasiados oxidados todavía echo algunas mañanas siempre que voy a casa de mis padres. Sin embargo, el tema de las estaciones de tren es otro nivel. Muchísimo más profesional y sin absolutamente nada que ver que el ejercitar los dedos un rato. Es como, si alguna institución defensora de la música, hubiera infiltrado algunos de sus agentes para darle un toque de belleza sorpresa al mundo, que bien necesitado anda últimamente. Desde aquí, aplausos a todos esos pianistas incógnitos.

sábado, 31 de diciembre de 2016

LABRANZAS, SIEMBRAS Y FUTURAS RECOLECTAS

Como todos los años acabo de hacer mi balance anual del 2016. Este año ha sido un año intenso. Año nuevo en muchos aspectos, año de esfuerzos, de probar el límite de las fuerzas, de muchas primeras veces, de momentos alegros y momentos duros. Un año en el que, tengo la impresión que he estado sembrando muchas semillas. Ahora, en las puertas del 2017, sólo queda esperar a que el destino abonado con esfuerzo produzcan unos frutos jugosos.

   

Os deseo a todos que el 2017 os regale mucha felicidad en forma de sueños cumplidos y esfuerzos recompensados. Que la salud sea la reina de todas las fiestas y que mantengamos, cuando menos, el nivel de felicidad presente. Feliz año nuevo.

lunes, 28 de noviembre de 2016

QUERIDOS TALONES


Como ya hemos hablado muchas otras veces, el cuerpo humano es realmente un amasijo perfecto de músculos, huesos, órganos inteligentes que activan sus defensas y sus mecanismos con una lucidez de espanto. Eso me lleva maravillando desde hace mucho tiempo: el gran Universo que tenemos en nuestro interior.

Sin embargo, hace un par de días me hicieron daño unos zapatos y me llagaron los talones… Nunca, pero nunca hubiera pensado que unas llagas –en carne viva- en los talones pudieran provocar semejante dolor. Tanto que llevo dos días que ando renqueando aun llevando la heridas con gasas y protección… Ahora entiendo a Aquiles, el angélico.

Y sí, ahora es de esos momentos en lo que me doy cuenta la poca importancia que les he dado yo a mis talones… Voy por la calle y miro a la gente apaciblemente andando como si nada con sus pies limpios de llagas y me invade una inmensa tristeza de haberme tenido que dar cuenta de este modo. Es como aquella vez hace un porrón de años, cuando aprendí a valorar mis pies al hacerme un esguince y adelantarme todo el mundo por la calle, muy a mi pesar.

En fin, talones míos, he aprendido la lección. A partir de ahora os trataré como oro en paño y nunca os dejaré desprovistos de esa piel dura y resistente.

Mi vida es una especia de Llaga No Cicatrizada, como tú dices, y que procuro mantener llena de gentes, accidentes, enfermedades, todo lo que encuentro a a mano. Tienes razón cuando me dices que es una excusa para no vivir mejor, con más sensatez. Pero aunque respeto tus disciplinas y tu saber, siento que si alguna vez he de aceptarme a mí misma, sólo lo lograré pasando a través de las escorias de mi carácter, quemándolas. 

Justine. El cuarteto de Alejandría. Lawrence Durrell

sábado, 26 de noviembre de 2016

EL QUID DE LAS COSAS

Esta semana, tuve la ocasión de asistir a una tesis sobre Filosofía de la Ciencia y escuchar casi cuatro horas de preguntas, reflexiones y cuestiones fundamentales. La verdad es que, en pleno siglo XXI donde todo funciona con plazos, objetivos y resultados, me resultó un viaje al pasado a, quizá, aquella época en la que los filósofos griegos se reunían para preguntarse el porqué de las cosas.

Este video no llega a esos niveles, pero no deja de descubrirnos miradas mucho más profundas de lo que existe aquí y ahora. Desde aquí, os invito a verlo y a tomaros unos minutos para la reflexión y la imaginación. Ya me contaréis.

 
  (Subtítulos no disponibles en castellano todavía)

martes, 6 de septiembre de 2016

AVANCE MODERADO



Llevo ya unos días en los que no puedo de dejar de mirar horrorizada esa gente que deambula por las calles, cual zombis salidos de un manicomio hablando por un teléfono invisible mediante el manos libres. Me resulta una imagen esperpéntica, como salida de una novela de Bradbury ver la imagen en la que, cada uno, dentro de su individualidad pública, comparte su conversación completamente personal y, sinceramente, que a nadie le interesa con los de su alrededor.

Muchos dirán, y con razón, que esto ha sido así desde el inicio de la era de los móviles. En efecto, así es, recuerdo el horror que causaba, allá por el año 2000, ver a gente hablando por la calle, como si no tuviera un sitio donde hacerlo. Imagino que nos hemos acostumbrado a esto y es ahora, cuando la gente le hablar ya no a una máquina, pero a una persona invisible, lo que me causa estupor. El otro día, sin ir más lejos, pensé que la persona que venía hacia mí, me iba a hacer algo, ya que gesticulaba y musitaba sonidos ininteligibles mientras se acercaba a mí.

Supongo que esto no es más que otro de esos inventos que han cambiado la sociedad, en mi opinión, para peor. Se que es cuestión de opiniones y respeto aquellos que le vean el punto bueno a este artilugio –excepto el claro caso de la conducción-. Sin embargo, existen otros casos en los que me gustaría echar las manecillas del reloj hacia atrás. Por ejemplo, el uso de los grupos de whatsup que, bajo mi punto de vista, ha acabado con las relaciones profundas y las ha limitado a algo superficial, a enseñar una imagen y poco más. Otro ejemplo, el –para mi gusto, detestable- uso del twitter en las conferencias científicas. En efecto, resulta que ahora cuando los científicos "modernos" exponen sus resultados en una conferencia, se toman su tiempo para adornar la charla con chistes malos –muy malos- que luego son aclamados en twitter como si de un circo se tratara. Por el caza-pokemons, ya no voy a ni a nombrarlo, porque no puedo ni empezar a entender como tanta gente inteligente puede realizar semejante derroche de neuronas.

En fin, podría seguir con una larga lista de inventos que no creo que hayan beneficiado mucho la sociedad, pero no lo voy a hacer. En su lugar, voy a enumerar algunos de los inventos que SÍ nos han hecho más felices: la fregona, la maleta de ruedas, el ventilador, el café con hielo, el skype, los vuelos baratos, los juegos de mesa, los picnics en los parques, la poesía, el sushi, y un sinfín de cosas más que, efectivamente, ganan en cantidad y calidad a los inventos horrendos. Dejemos entonces, las manecillas del reloj en sitio.

sábado, 27 de agosto de 2016

PLANETA NO-IMAGINARIO

Esta semana, ha sido públicamente anunciado uno de los hitos que toca más de cerca a la Humanidad como Humanidad: la detección de un planeta girando alrededor de nuestra estrella más cercana, Próxima Centauri. Este descubrimiento, que además tengo el orgullo de decir que ha sido protagonizado por varios amigos míos -un besazo desde aquí Guillem,  Cris y Zaira-, me ha dado también unas ligeros escalofríos al recordar esa fantástica novela de Ray Bradbury llamada Crónicas Marcianas. Me he puesto a imaginar como, en unos años en que nosotros ya no estaremos en la Tierra, pero quizá sí nuestros descendientes, seguiremos con nuestro ritmo de apisonadora y destruiremos cualquiera que sea el Mundo que elijamos estrenar. Ciertamente, esto no es más que Ciencia Ficción a día de hoy.

Sin embargo, una puede reflexionar qué hay implícito en nuestra naturaleza para comportarnos así y quizá, todo venga motivado por este afán de llegar a alguna parte, a darle sentido a las cosas, a nuestra vida, aunque sea ficticio, aunque no hayamos disfrutado durante el camino. Vamos, que la gran mayoría de nosotros tendemos a protagonizar un anti-viaje a Ítaca. Quizá si aprendemos a saborear un paseo, un momento tranquilo, una partida de cartas con los padres, o unas risas con los amigos, no haga falta irnos a buscar un mundo todavía mejor, porque ya estemos en el lugar donde querríamos estar.


(Subtítulos sólo disponibles en inglés)

viernes, 19 de agosto de 2016

DEL LADO DE ALLÁ

Recién llegada de la Argentina, ése país extenso con enormes costas y montañas, voy a tratar de poner palabras a las vivencias que han transcurrido durante estas tres semanas con más o menor éxito.

Así, os contaré, que una vez más, Sudamérica me ha hecho sentir como en casa. Que los argentinos son seres extremadamente amables, que cuentan con la solución a cualquiera que sea tu problema con sólo preguntarles. Que en esa Argentina tan indígena al límite con Bolivia y Chile, existen montañas multicolores –de siete y de catorce, para ser más concretos-, que los cactus gigantescos campan a sus anchas, que pasear por la Quebrada de Humahuaca se asemeja a ser una Curiosity perdida en Marte, que en los cauces de los ríos secos se pueden observar manadas de vicuñas corriendo como gacelas, que existen multitud de pájaros negros, rojos y verdes, jamás visualizados antes, que Alex y David –unos jovenzuelos cuidadores de llamas- se prestan a hacerse una foto sin el menor sonrojo a cambio de un poco de chocolate para llevar a su casa en el medio de la montaña desierta –eso sí, con paneles solares siempre-, que probar el pollo loco de Abra Pampa es una experiencia única y sensorial que te inmuniza para todos los males de por vida, que preguntes por un restaurante a un local en Humahuaca y te inviten a comer asado a casa de unos amigos es mucho más normal de lo que parece, que la mejor cerveza de Argentina es la Imperial, que es difícil de encontrar y requiere una búsqueda concienzuda.

Que ver salir el Sol tras las montañas de Tilcara al amanecer, mientras se toma mermelada casera de uva, es un lujo inexplicable, que observar la constelación del Escorpión, acompañado de Marte y Saturno durante todo el viaje es realmente memorable, que avistar la Cruz del Sur, un Orión dado la vuelta o una Vía Láctea despampanante desde cualquier aldea diminuta suprime las palabras, que en el noroste de Argentina a más de 3000m, las temperaturas suben y bajan más de 20 grados de la noche al día, que la gente vive realmente con muy poco, que sin embargo, ofrecen un plato de pasta gratuitamente y sin pedir nada a cambio, que incompresiblemente- los coches gigantescos último modelo abundan demasiado, que la sanidad es pública y universal, que las recetas médicas se escriben en trozos de publicidad electoral reciclados, que el Chevrolet como auto de alquiler es la última moda, que todas la dueñas de los hostales fantásticos se llaman Patricia –o Pato-, que Charly de Tilcara crea lámparas a partir de calabazas de una manera casi mágica, que comer carne es la única opción posible en Argentina -el pescado es casi tóxico-, que el viaje de Purmacarca en dirección a Atacama consiste en una carretera que quita el aliento a nivel de vértigo y visual, que visitar Salinas Grandes es conocer el concepto –tan borgiano- de infinito, que los tres salares mayores del mundo se concentran en 400km a la redonda, que leer un “Chancho te amo” escrito con piedras en el cauce del río Grande –siempre seco- provoca una mueca de ternura al que lo atraviesa.

Que los domingos de invierno soleados en Salta el parque se llenan de niños creativos, que los campaneros de la catedral imparten conciertos sin pedir permiso, que Heinz y Mónica –dos alemanes instalados en Salta- adoran el vino, el arte, las buenas costumbres y el pan casero, que en cualquier parque se puede encontrar un pobre poni y una pobre llama de exposición, que los 200 años de independencia de los españoles se celebran hasta en las cuevas, que la pampa no es otra cosa más que campos muy planos semi-pelados, que el Altiplano Argentino se parece muchísimo al de Bolivia –no es casualidad que estén al lado-, que la vida vale muy poco en general, que los salteños tan pronto se santiguan cada vez que pasan por delante de una iglesia como responden risueños a la proposición de hacerles una foto, que todas las calles de Argentina comparten los mismo nombres, que el negocio del estanco multi-todo está en auge en esas tierras.

Que viajar a Cafayate por la Quebrada de las Conchas es como protagonizar un cuento de hadas, que regalos como la Garganta del Diablo, el Anfiteatro, el Castillo, el Sapo o el Obelisco te reconcilian con la naturaleza, que la Quebrada de las Flechas es una aventura jasca a través de la ruta 40, que un recorrido guiado por las pinturas rupestres y los observatorio de Cafayate de–¡uy! un montón de años- de la mano de Miriam, sus parcas palabras y sus cabras, no tiene desperdicio, que por el amor a la Pachamama está completamente justificado tirar el vino en la mesa, que el bife es un plato para corredores de fondo, que el bife de chorizo no lleva chorizo ni nunca lo hizo, aunque nadie sabe porqué, que las empanadas –empanadillas españolas sin freír- es un plato tan típico como los pinchos, que realmente son manjares celestiales, que en Argentina todo tiene mil colores, que lo más normal es encontrarse personas-champiñón apareciendo al lado de la carretera haciendo tareas rutinarias, que en Cafayate cualquier vino de la casa sabe a gloria, que un desvío estrecho dirección a los Médanos aterriza en unas dunas inmensas de arena blanca.

Que La Rioja Argentina está llena de restaurantes exquisitos, que en el Joaquín –un bar homenaje a Sabina- una puede leer uno de sus poemas canciones, degustar un cabrito al horno de infarto, o charlar afablemente con sus camareros, que en el parque nacional de Talampaya habitan varias parejas de cóndores de los Andes, que éstos son monógamos y vuelan siempre juntos, que dentro del parque existe una réplica casi exacta de la Sagrada Familia, que el uso obligatorio de guía convierte la visita en atracción de la tercera edad, que la visión de la chuña es sobrecogedora, que este animal se cree descendiente de los dinosauros –y de hecho, camina como tal-, que pagar 200 pesos por lavar un gran saco de ropa interior es un regalo, que realizar carrovelismo en un desierto vacío de sal de la mano de Armando es inolvidable, que los autobuses son el medio para moverse mientras que los trenes brillan por su ausencia, que Andesmar te lleva a los Andes y al Mar, que General Güemes es una estación a evitar esperar demasiado.

Que el Aconcagua, la montaña más alta de América, está escondida entre otras montañas, a sólo 7 km de la frontera con Chile, que cuando por fin se le ve esplendoroso, viene un matamico –una especie de águila- de los Andes a posarse tranquilamente sobre el cartel que marca sus 6900 m de altitud, que cerca de allí se encuentra el precioso Puente de Inca con aguas termales incluidas que les da un color anaranjado, que en Puente del Inca se encuentra la única oficina de correos de toda Argentina con sello propio, que un sello viene a costar un riñón, que los mendozinos realizan tándems bici-vino de la mano de Mr. Hugo los fines de semana, que en la destilería Tierra de Lobo es muy recomendable probar el licor de mandarina de manos de un suizo argentinizado, que Mendoza tiene una plaza central con otra plaza más pequeña en cada esquina, que en un edificio de varios pisos en una de esas plazas, existe un restaurante no anunciado con vistas a los Andes, buena comida y mejor precio, que el restaurante Azafrán en Mendoza es demasiado pijo para ser cómodo, que el trabajo de Url consiste en aconsejar sobre el vino adecuado a su público, que Mendoza tiene socavones en todas sus calles –arreglados con mayor o menos gracia- debido a un terremoto que hundió la ciudad. Que existe un importante gradiente norte a sur –de menos a más- en cuanto a semáforos para peatones, señores champiñones, calzadas y posibilidades de pagar con tarjeta.

Que Buenos Aires es una ciudad preciosa, limpia, ordenada y con luz, que los árboles centenarios de Buenos Aires con sus troncos gigantescos son de las cosas más impresionantes que una haya visto jamás, que el barrio de Boca, lleno de colores, monumentos a Maradona, estadio de la bombonera y bailadores de tango para guiris resulta demasiado turístico casi visualmente, que San Telmo contiene la cuna de mi adorada Mafalda a la vez que una tradición más sana de tango, que Mafalda es un ídolo nacional muy querido en Argentina -al igual que Evita Perón-, que Agustina es la casera más apañada del mundo con sus cápsulas nexpreso, que todos los verbos se acentúan al final -incluso ortográficamente- en Argentina, que el acento porteño derrite nada más escuchar un ¿viste?, que la calle Corrientes es el paraíso de las librerías donde se puede pasar de una a otra –todas inmensas y repletas- casi contiguamente, que los libros están más caros que en Europa –aunque sean de Borges o Cortázar-, que resulta casi imposible encontrar una camiseta blanqui azul número 10 sin el nombre de Messi inscrito, que los abueletes más cultivados se dan cita a la sombra de un árbol milenario en el barrio de la Palermo para jugar al truco todas las tardes, que el Obelisco es el centro neurálgico de la ciudad, que es también un foco de atracción por el que se acaba pasando varias veces al día, que la Casa Blanca es Rosada en Buenos Aires, que la manifestación y la política parece un deporte nacional, que las Madres de Mayo son consideradas como heroínas para mucho, que un buen argentino no puede salir de casa sin su mate y su termo, que los autobuses urbanos intentan constantemente realizar su propio record de velocidad, que pagar con tarjeta siempre provoca un encogimiento de estómago ante la incertidumbre de si funcionará o no, que Buenos Aires está atestado de restaurantes –auténticos- italianos, que el tango improvisado resulta difícil de encontrar para un turista, que una vez identificado resulta clasista, machista e hipnotizante a partes iguales, que la catedral de Buenos Aires se enclava entre edificios y como te despistes, te la saltas, que Serrat y Sabina son conocidos y admirados, que Borges es una referencia para muchos, que en el cementerio de la Recoleta los difuntos compiten con las billeteras de sus vivos.

Que atravesar el mundo en la mejor de las compañías –un besote desde aquí, Rodolphe-, para descubrir otras maneras de ser, vivir, y existir y aún así, sentirte pequeña y también como en casa al mismo tiempo, es un lujo alcanzable que todos deberíamos disfrutar de manera ilimitada.

La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad.

El Aleph. Jorge Luis Borges

lunes, 18 de julio de 2016

CALENTANDO MOTORES


Tras una multitud de kilómetros condensados en pocos meses por viajes de trabajo –el eterno verano de Brasil, el otoño de Paris, la luz de Lisboa, el otoño de Paris, el paraíso de Mykonos y el despiadado calor de Atenas, el otoño de Paris, y camino hacia un Bilbao ardiente, con un día de vuelta al otoño parisino el sábado-, este domingo próximo, por fin hago un viaje, pero de los de disfrutar, de los de dejar el ordenador en casa, planear una meticulosa maleta a base de utensilios de montaña, paseos por lo viñedos e incluso algún vestido por su fuera necesario echar un baile, dejar bien guardado en un cajón el estrés y partir de vacaciones.

¿Que a dónde voy? A realizar un viaje deseado y soñado desde hace muchos años. A volver a reencontrarme con mi alma de exploradora –vapuleada por tanto hotel mimético y sin personalidad de usar y olvidar de los congresos-, a respirar aire puro, a observar cielos nuevos, a dejar discurrir el tiempo a su ritmo, a dejarse broncear la piel y cortarse los labios con suavidad, a conversar con gente diferente, a minimizarme durante tres semanas en una cultura cercana y lejana. Me voy a Argentina. 

A la vuelta, os contaré sobre esos mundos. Sobre las montañas majestuosas y los desiertos en las alturas. Sobre temperaturas gélidas y gentes cálidas. En una semanita –lo anuncio desde ya, porque esta semana estaré desbordada-, en este blog cerramos por vacaciones. Que disfrutéis las vuestras, allá donde estéis.

Te gustaría sumar las horas que has pasado viajando a esos sitios [...], pero no sabrías cómo empezar, has perdido la pista de cuántos viajes has hecho por Estados Unidos, no tienes idea de cuántas veces has salido de Norteamérica para ir al extranjero, y por tanto jamás hallarás el número exacto ni aproximado de los miles de horas de tu vida que has pasado entre un sitio y otro, yendo y viniendo, las montañas de tiempo que has dedicado a ir en aviones, autobuses, trenes y coches, el tiempo desperdiciado en esforzarte por vencer los efectos del desfase horario, el aburrimiento de esperar a que anuncien tu vuelo en los aeropuertos, el tedio mortal de estar frente a la cinta de los equipajes mientras esperas a que tu maleta caiga por la rampa, pero nada te resulta más desconcertante que viajar en el avión mismo, esa extraña sensación de estar en ninguna parte que te envuelve cada vez que pones le pie en la cabina, la irrealidad de verte propulsado por el espacio a más de mil kilómetros por hora, tan lejos del suelo que empiezas a perder la impresión de tu misma realidad, como si el hecho de tu propia existencia se te fuera espaciando poco a poco,, pero tal es el precio que pagas por salir de casa, y mientras continúes viajando, esa ninguna parte que se encuentra entre el aquí de casa y el allí de algún sitio seguirá siendo uno de los lugares donde vives.

Diario de invierno. Paul Auster