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sábado, 7 de abril de 2018

ATREVERSE


Respira y sueña todas las estaciones que necesites hasta sentir que puedes volver de nuevo al sol, que ya nada te puede dañar si tu no quieres. Habrás absorbido su entereza, su firmeza y su capacidad para mecerse con los vientos, habrás logrado aspirar todos los olores y todos serán aceptados, habrás contemplado todas las sombras desde todos los ángulos y ya ninguna te será ajena y te hará temblar. El frío se ha ido y el miedo también, en su lugar está la certeza de ser la persona que quieres ser y de andar a plena luz, feliz y luminosa en medio de la muerte y del dolor.

La ciudad boca abajo. Lakabe. Mabel Cañada

sábado, 3 de marzo de 2018

EXTRAPOLACIÓN DEL APRENDIZAJE



Es curiosa cómo la vida está estructurada: nacemos, aprendemos a interaccionar con el mundo, y justo después, tenemos un tiempo de, digamos, unos 20 años para formar nuestras inquietudes, nuestras personalidades y trazar un plan de cómo va a ser la manera óptima de vivir la vida -o al menos intentar dirigir el timón hacia allí-. Todo esto, basándonos en nuestra idealista y sesgada del mundo de un lado, y en consejos que personas que han vivido antes que nosotros nos intentan traspasar.

Aún tengo que conocer la persona que haya seguido al pie de la letra estos consejos y los haya utilizado para labrarse su camino -afortunadamente-. Por mucho que esos consejos sean valiosos, y quizá las conclusiones sean las mismas que las que llegaremos nosotros 40 años más tarde -ser selectivo a la hora de adquirir amigos, experiencias, conocimiento, y hacerlo de la mejor calidad posible-, esa información está descontextualizada y sólo podemos empezar a mirar a los ojos a lo que esos consejos-perlas querían decir cuando individualmente hemos pasado por esa experiencia y llegamos a la misma conclusión.

Lo frustrante es que esta fase dura una enorme parte de la vida: 50, 60 años. Quizá sólo los años últimos donde las enfermedades suelen llegar son ya para cerrar asuntos con nosotros mismos.

Le llevo dando varias vueltas a esto últimamente, y, puesto que todavía estoy en, toco madera, lo que espero que sea mi mitad de vida al menos, me pregunto si no hay una manera de hackear esta calibración a posteriori. Digo yo, ¿no podríamos empezar a aprender desde ya de los errores que una persona de 60 años -que admiremos- cometa hoy para prevenirlos? ¿No podemos intentar extrapolar los aprendizajes pasados al futuro? ¿Quizá eso nos lleve hacia direcciones equivocadas o impropias que nos hagan profundamente infelices? (Porque reconozcámoslo, hay una satisfacción innata al cometer un error por hacer algo en lo que creíamos, aunque fuera falso. O, en otras palabras, ser idealista puede pasar factura, pero también proporciona mucha satisfacción.)

En cualquier caso, quizá planee algunos experimentos al respecto para salir de dudas ya afianzar más el terreno pantanoso de estas reflexiones… antes de que sea demasiado tarde.

domingo, 25 de febrero de 2018

REMANSOS INTERNOS



El remanso del aire
bajo la rama del eco.

El remanso del agua
bajo fronda de luceros.

El remanso de tu boca
bajo espesura de besos. 

Variación, Federico García Lorca

domingo, 11 de febrero de 2018

LA NIEVE Y LOS AFORTUNADOS


Esta semana nevó bastante en París. Aquello empezó el lunes por la tarde y no cuajó. Aunque internet nos perjuraba y aseguraba que aquello iba a ir in crescendo, no acabábamos de creerlo. Pero en efecto, el martes fue un día precioso en el que no cesó de nevar ni un segundo: copos, copos y más copos -por cierto, qué bonita la palabra copo ¿no? Su sonoridad me hace pensar en algo pequeño, frágil-. Poco a poco -y copo a copo-, fuimos testigos de cómo las calles de París se iban volviendo grises, blanquecinas, hasta que, por la noche, cuando ya muchos medios de transporte habían dejado de funcionar, todo era un manto blanco.

He de decir que ese día, mientras me quedaba absorta mirando detrás del cristal revolotear esas briznas de nieve sin cesar, me asaltó esa inquietud de Show de Truman que aparece a veces en la vida: ¿no estaremos metidos en una de esas bolas de cristal donde los turistas más pequeños le dan vueltas y vueltas para ver como caen los copos -más bien bolitas de corcho-?

Sea como fuere, al volver a casa, pisando una nieve -, inmaculada, crujiente -otra de mis palabras favoritas-, repasando todos los balcones, coches, bicis, bancos, arbustos, árboles cubiertos de ése tejido tan blanco, se nos abría inconscientemente la boca, y la sonrisa y nos repetíamos que éramos testigos de algo increíble: la nieve intacta. Para los valientes que se atrevían a disfrutarla, para los afortunados de vivir esos regalos del cielo.


Cuando salió del hospital, ni siquiera se dio cuenta de que estaba cayendo del cielo una nieve sin rastros de sangre, cuyos copos tiernos y nítidos parecían plumitas de palomas, y que en las calles de París había un aire de fiesta, porque era la primera nevada grande en diez años.

El rastro de tu sangre en la nieve. Gabriel García Márquez.

lunes, 15 de enero de 2018

LOS SALTOS HACIA ARRIBA


Cuando tenía siete años, mis padres me inscribieron al Conservatorio a aprender música. Transcurrido el primer año de introducción, elegí instrumento: el violín. El primer año y medio de manejo hubiera querido romper ese violín en pedazos innumerables veces: aquello sonaba a gato escaldado. Escalas desafinadas, arpegios con cambio de posición que sonaban a desmayo, stacattos que parecían hacerse con un serrucho en lugar de un arco, y una infinidad de desacatos para la memoria acústica. Así, hasta que empecé a tocar las primeras melodías, aquellos primeros estudios de Suzuki y me empezó a gustar más.

Tres años después de aquel fatídico día, un amigo de mis padres nos convenció para que me pasara a la viola con los argumentos de que su sonoridad es más profunda, más dulce y además, el repertorio es más corto –con lo cual los años de estudio también-. Recuerdo la sensación de pánico: otra vez volver a pasar por esa tortura de afinación, escalas, glissandos... Sin embargo, aquello fue mucho más sencillo de lo que me imaginaba: las distancias en la mano izquierda eran ligeramente más grandes, y todo era una quinta justa más baja, y ya. Y es que al fin y al cabo, supongo que estaba más que preparada, aunque no lo supiera.

A partir de la superación de ese miedo inicial, aprendí a acunar a aquel instrumento: desde la primera viola prestada que tuve del conservatorio a mi actual Carlitos. Aquel sonido rugoso como de tierra, muy diferente al del violín me parecía tremendamente melodioso, mucho más acorde con mi personalidad. También, ese cambio me abrió muchas puertas: empecé a tocar como violista solista en la orquesta de cámara de mi ciudad –desde aquí un abrazo fuerte a Toño, su genial director que me dio esa oportunidad-, me invitaron a ser la violista de uno de los primeros cuartetos de cuerda de mi ciudad y descubrí que me gustaba tocar tanto en grupo que allá donde fui nunca dejé de tener un cuarteto, trío, orquesta o alguna composición del estilo. Es más, cuando era necesario podía tocar partituras de violín con la viola -cosa que a la inversa es imposible-.

Hoy me he estado acordando de este episodio de mi vida: el momento en el que alguien o algo te propone un cambio –en principio a mejor- para ti, para tu vida. Ese pánico, esa sensación de vacío, de desconcierto, de quizá mejor pájaro en mano… y cuando alguien -a veces es la misma vida, que se ha cansado de que no reacciones- te espeta: tonterías las justas y te da el empujón que te hace falta... Y no sólo sobrevives, sino que disfrutas y te embarga esa sensación de euforia, de contento, de mirar atrás y no entender por qué no lo hiciste antes...

Así son esos momentos en los que te arriesgas. Te lanzas a la aventura –una aventura con buenas cartas de recomendación- y descubres que estás viva, que eres capaz de pilotar ésta, tu vida, que sin ser la más nada, eres fuerte, valiente y valiosa, y te sientes orgullosa de haber tenido el coraje de saltar hacia lo desconocido.

domingo, 7 de enero de 2018

ÉXITOS DE ENSAYOS

...Y yo, diría que lo más importante es no tenerle miedo a ninguno de los dos. Probar, e intentar, y probar una vez más a ver qué pasa. Eso y tener siempre una buena dosis de certeza en el derecho universal de la alegría en el bolsillo.

Feliz inicio de 2018.



Pero éxito y fracaso son dos grandes impostores. Muchas veces, para llegar al éxito hay que pagar un precio tan alto que puede llevar a la incoherencia o a venderse al mejor postor. Y, por otra parte, el fracaso puede esconder una lección fructífera si se le sabe dar la vuelta al argumento. El fracaso enseña lo que el éxito oculta; la capacidad para crecerse en los obstáculos y no darse uno por vencido. El fracaso es necesario para la maduración de la personalidad. La vida humana esta tejida de aciertos y errores; consiste en un juego de aprendizajes. Por lo general, enseñan más las derrotas que los triunfos. Hay derrotas triunfales a las que envidian algunas victorias. De ellas puede uno tomar buena nota y volver a empezar.

La ilusión de vivir. Enrique Rojas

domingo, 31 de diciembre de 2017

CON MÁS CANAS, CON MÁS GANAS



Ha pasado el tiempo, lo sé, en concreto 7 meses desde que escribí la última entrada. Sin embargo, como ya había anunciado previamente en éste otro post, decidí liberarme de mi regularidad espartana bloguera para priorizar acontecimientos vitales del aquí-y-ahora, y entradas de calidad cuando tuviera el tiempo.

Así que hoy, 7 meses después y a escasas horas de abandonar el 2017, quiero escribir una última entrada de este año, aprovechando que acabo de terminar mi tradicional recuento y valoración del año.

En este año 2017, uno de los más intenso vividos en mi vida, ha habido 7 operaciones quirúrgicas de hospital de gente que quiero (incluyendo una mía), un cambio de profesión, de estado civil y de varias otras situaciones menos extremas. Todo esto me ha traído bastantes canas de más, y un cansancio final recompensado con la agradable sensación que afortunadamente estoy aquí, rodeada de gente que quiero, viva y relativamente sana, tomando los mandos –o el timón- de mi vida y llevándola a donde yo decido y quiero, y que, aunque esta vida a veces se nos llene de baches, existe esa fuerza interna dentro de nosotros que nos viste con una espada y nos lanza al ruedo a defender nuestro bendito derecho a la alegría. Chinchin por eso.

Al 2018 le espero con los brazos abiertos, con muchas ganas, con muchos planes y con mucha ilusión. Que éste año que empieza en unas horas llegue al pódium de los mejores años de nuestra vida.

miércoles, 31 de mayo de 2017

MÁS ALLÁ DE LO CONOCIDO

 

Entonces Sara sonrió por dentro, sin curvar sus labios en un gesto que habría podido parecer indecoroso, y esa sonrisa extraña, incompleta, interior, armada incluso con matices amargos, descontentos, como el conocimiento del que había brotado, encontró un camino para echar a volar, para quedarse flotando en el aire denso e indeciso que había sucedido a la tormenta.

Almudena Grandes. Los aires difíciles.

martes, 25 de abril de 2017

MANUAL INFALIBLE PARA LA RELATIVIZACIÓN

(Gracias a Patri por la recomendación de la canción, un beso desde aquí)

He aprendido que sólo cuentan dos cosas. Una, y esto es lo más importante -se inclinó hacia delante y tomó mis manos para apretarlas entre las suyas-, que nadie te va a poder quitar en tu vida lo que has bailado ya. Y dos, que a pesar de las apariencias, no pasa nada. Nadie mata a nadie, nadie se suicida, nadie se muere de pena, y nadie llora más de tres días seguidos. A las dos semanas todos vuelven a engordar y a comer con apetito, te lo digo en serio. Si no fuera así, la vida se habría extinguido en este planeta hace varios milenios. 

Almudena Grandes. Malena es un nombre de tango.

martes, 28 de marzo de 2017

TIEMPOS Y ESPACIOS



Il faut, dans ce bas monde, aimer beaucoup de choses,
pour savoir, après tout, ce qu’on aime le mieux.
Les bonbons, l’Océan, le jeu, l’azur des cieux,
les femmes, les chevaux, les lauriers et les roses.

Il faut fouler aux pieds des fleurs à peine écloses;
il faut beaucoup pleurer, dire beaucoup d’adieux.
Puis le coeur s’aperçoit qu’il est devenu vieux,
et l’effet qui s’en va nous découvre les causes.

De ces biens passagers que l’on goûte à demi,
le meilleur qui nous reste est un ancien ami.
On se brouille, on se fuit. Qu’un hasard nous rassemble.

On s’approche, on sourit, la main touche la main,
Et nous nous souvenons que nous marchions ensemble,
que l’âme est immortelle, et qu’hier c’est demain.

A.M.V.H. Alfred de Musset

martes, 14 de febrero de 2017

AMORES DE CARNE Y HUESO


Yo, Rogelio Velasco, con la salud algo quebrantada y no sé si recuperable, dejo a mi segunda mujer mis brazos y mis piernas, en recuerdo de que con unos y con otras la abarqué y la ceñí, la incorporé a mi territorio, la gocé y logré que me gozara. También le dejo mis rabietas de verdugo y mis caricias de arrepentido; mis hoscas vigilias y mis nocturnos de minucioso amador; la melancolía que me provocan sus ausencias y el cielo abierto que acompaña sus regresos; la garantía de saberla dormida a mi lado y la certeza de que velar mi último sueño. 

Buzón del tiempo. Mario Benedetti

lunes, 30 de enero de 2017

PIANOS DE ESTACIÓN



Hoy he acabado (por fin), mi Tour de Francia laboral. Desde Octubre, he visitado once laboratorios diferentes distribuidos por diversas localidades de Francia. La verdad que, he visto tan sólo un pequeño coletazo de sitios que no conocía ya que, mi agenda apretada – y la morriña de mi cama-, sólo me ha permitido tocar chufa, pasar un par de días y volver.

Todos estos viajes he tenido la enorme suerte de hacerlos en tren. Vivir en París, además de ser un privilegio por muchos motivos, tiene una enorme ventaja que es que está muy bien conectada con todos los rincones de Francia. Así que, además de los viajes laborales, también he consumido mucho café en numerosas estaciones de tren.

Y de éstas horas consumidas en estaciones, hay algo que me deja todavía estupefacta y es que, gracias a la maravillosa idea que algún día alguien tuvo de poner un piano en las estaciones, he disfrutado de recitales de música increíbles.

El patrón suele ser el mismo en todos los sitios. De pronto, aparece un personaje que nunca asociarías con la buena música –por ejemplo, un chiquillo con pintas de gamberro y escuchar mala música, o un señor de edad avanzada con su maletín de papeles, o una chica demasiado maquillada y muy a la moda- que posa sus manos en unas teclas inmaculadas y a partir de allí, sólo se suceden Rachmaninovs de vértigo, miradas de sorpresa, fugas de Bach, ojos como platos o improvisaciones de jazz basadas en la obra de Miles Davis, como si fuera lo más normal del mundo.

Las pocas personas que prestamos atención, –éste es otro hecho destacable, ¿qué hay más importante que hacer en una estación que escuchar una música angelical regalada por la cara?- nos quedamos, con cara bobalicona, embelesadas mirando escurrirse esos dedos por las teclas. Luego, cuando esa persona anónima se siente demasiado observada, se levanta, echa un vistazo a su reloj y desparece dejándonos desamparados.

En mi caso, toqué el piano durante seis años y aunque tengo los dedos demasiados oxidados todavía echo algunas mañanas siempre que voy a casa de mis padres. Sin embargo, el tema de las estaciones de tren es otro nivel. Muchísimo más profesional y sin absolutamente nada que ver que el ejercitar los dedos un rato. Es como, si alguna institución defensora de la música, hubiera infiltrado algunos de sus agentes para darle un toque de belleza sorpresa al mundo, que bien necesitado anda últimamente. Desde aquí, aplausos a todos esos pianistas incógnitos.

lunes, 9 de enero de 2017

FUTURO DEL SIGLO XX



El Sant Jordi pasado, uno de los libros que me regalé a mí misma fue un descubrimiento muy sorprendente –al menos para mí- encontrado en una esquina de una de las librerías inmensas que exploré en Paris. El libro se llama “Paris au XXème siècle” (Paris en el siglo XX) y es un libro bastante desconocido de Julio Verne –de hecho, fue encontrado por su bisnieto no hace muchos años después que él lo metiera en una caja tras ser rechazado por su editor-.

Después de unos cuantos meses, tras haber avanzado en mi lista de espera, por fin he dado cuenta de él. Este libro, me ha sorprendido bastante y una puede entender porqué el editor se negó a producir un libro tan diferente al estilo fiel de Verne de aventuras imaginarias y científicas como “Viaje al centro de la Tierra” –cuantas veces me habré leído ese libro-, "20.000 leguas de viaje submarino", "De la Tierra a la Luna", o muchos otros.

Este libro, en realidad, tiene un aire mucho más cercano a “Un mundo feliz” de Huxley o “Fahrenheit 451” de Bradbury. Es un libro crudo donde se relata una sociedad lejana completamente industrializada y dominada por la ciencia –cosa que a priori no tiene porque ser negativo-, donde el arte, la música, al literatura pasa a ser algo de lo que avergonzarse o esconderse –esto resulta, realmente, una pesadilla-.

Un escenario como tal, extrapolado de una lógica impacable desarrollada al principo de la era industrial produce una serie de escalofríos y estremecimientos cuando se describe con buena cuenta de detalle –y también una capacidad de predecir el futuro apabullante: ¡se habla incluso de internet!-. Una acaba el libro, triste, sorprendida y tocada. Sensaciones muy diferentes a la que se tiene al salir del centro de la Tierra, por ejemplo.

En cualquier caso, os recomiendo leerlo, es un libro cortito que se lee muy rapidamente. Os asaltará una ola de tristeza, pero también abrirá vuestros ojos a la importancia del arte, de la literatura, de la imaginación.

sábado, 31 de diciembre de 2016

LABRANZAS, SIEMBRAS Y FUTURAS RECOLECTAS

Como todos los años acabo de hacer mi balance anual del 2016. Este año ha sido un año intenso. Año nuevo en muchos aspectos, año de esfuerzos, de probar el límite de las fuerzas, de muchas primeras veces, de momentos alegros y momentos duros. Un año en el que, tengo la impresión que he estado sembrando muchas semillas. Ahora, en las puertas del 2017, sólo queda esperar a que el destino abonado con esfuerzo produzcan unos frutos jugosos.

   

Os deseo a todos que el 2017 os regale mucha felicidad en forma de sueños cumplidos y esfuerzos recompensados. Que la salud sea la reina de todas las fiestas y que mantengamos, cuando menos, el nivel de felicidad presente. Feliz año nuevo.

domingo, 25 de diciembre de 2016

DESPUÉS DE LA SIEMBRA



Sabiendo hacer atractiva la exigencia y mirando siempre fijamente al horizonte de las ilusiones del porvenir. Se logra con inteligencia, sublimando los esfuerzos, no dándose por vencido cuando las cosas van mal, poniendo algunos toques sobrenaturales que nos elevan por encima de las circunstancias. Los esfuerzos y las renuncias de hoy tendrán su recompensa mañana. Solo quien sabe esperar es capaz de utilizar la voluntad sin recoger frutos inmediatos. 

La ilusión de vivir. Enrique Rojas.

sábado, 17 de diciembre de 2016

BODAS MUNDIALES


En mi vida he estado en muchísimas celebraciones, particularmente bodas. No es sorprendente, para empezar soy la más pequeña de todos mis millones de primos y casi todos casados (curiosamente el corrector ha optado por cansados). Además, a los 14 años empecé a tocar en un cuarteto de cuerda en bodas y banquetes, con lo que tuve la ocasión de ser espectadora de un buen centenar de celebraciones a lo largo de unos cuantos años. Por si esto fuera poco, cuento además con un buen número de amigos que han ido dando el paso desde hace ya años.

El caso es que este año, al asistir a una boda en Alemania y otra en España, me ha chocado el enorme indicador cultural que puede ser una boda. Tener la suerte de estar invitado a una boda –o celebración del estilo- en un determinado país es una experiencia auténtica donde la gente autóctona saca su lado más tradicional para el disfrute de los demás.

A partir de la muestra sesgada de las boda que he asistido, no puedo dejar de extraer observaciones y comparaciones, aún a sabiendas que sólo he atisbado una ranura de diferentes sitios y costumbres. 

Por ejemplo, nunca olvidaré aquella boda en La Paz, Bolivia donde aunque nos reservamos para un buen banquete, la cena nunca llegó y en su lugar aparecieron una buena retahíla de tequilas intercalados con bailes de pañuelos –no os cuento cómo acabó aquello-; o aquellas manzanillas infinitas salpicadas de sevillanas en la boda de mis amigos Susi y David en Jerez de la Frontera; o los juegos interminables entre plato y plato que todos teníamos que realizar a petición de los novios o los amigos en una boda en Mainz, Alemania; o esa boda llena de tapitas y juegos organizados por Francesc y Marta en un pueblo cerca de Girona de cuyo nombre no quiero acordarme; o ese buffet libre de pasta y pollo en pleno jardín con su arco de boda de una buena película holliwoodisense de mi amigos Jackie y Casey en California; o las cantidades infinitas de comidas y bebidas de las bodas aragonesas rematados por unas migas a la pastora a las 5 de la mañana; o el abrazo inmenso que nos dieron los novios de Bolivia al darles su regalo de boda: una batidora de 20 euros –al parecer la costumbre es no regalar nada en esas bodas-.

La verdad es que no estoy segura si estas características reflejan la manera de ser de la gran mayoría de los ciudadanos de su país, pero, en cualquier caso, no deja de dar una referencia más abierta a una única perspectiva de un evento en la que varias generaciones se dan la mano para disfrutar un día con sus seres queridos de la mejor manera que ellos encuentran. Que vivan los novios.

lunes, 28 de noviembre de 2016

QUERIDOS TALONES


Como ya hemos hablado muchas otras veces, el cuerpo humano es realmente un amasijo perfecto de músculos, huesos, órganos inteligentes que activan sus defensas y sus mecanismos con una lucidez de espanto. Eso me lleva maravillando desde hace mucho tiempo: el gran Universo que tenemos en nuestro interior.

Sin embargo, hace un par de días me hicieron daño unos zapatos y me llagaron los talones… Nunca, pero nunca hubiera pensado que unas llagas –en carne viva- en los talones pudieran provocar semejante dolor. Tanto que llevo dos días que ando renqueando aun llevando la heridas con gasas y protección… Ahora entiendo a Aquiles, el angélico.

Y sí, ahora es de esos momentos en lo que me doy cuenta la poca importancia que les he dado yo a mis talones… Voy por la calle y miro a la gente apaciblemente andando como si nada con sus pies limpios de llagas y me invade una inmensa tristeza de haberme tenido que dar cuenta de este modo. Es como aquella vez hace un porrón de años, cuando aprendí a valorar mis pies al hacerme un esguince y adelantarme todo el mundo por la calle, muy a mi pesar.

En fin, talones míos, he aprendido la lección. A partir de ahora os trataré como oro en paño y nunca os dejaré desprovistos de esa piel dura y resistente.

Mi vida es una especia de Llaga No Cicatrizada, como tú dices, y que procuro mantener llena de gentes, accidentes, enfermedades, todo lo que encuentro a a mano. Tienes razón cuando me dices que es una excusa para no vivir mejor, con más sensatez. Pero aunque respeto tus disciplinas y tu saber, siento que si alguna vez he de aceptarme a mí misma, sólo lo lograré pasando a través de las escorias de mi carácter, quemándolas. 

Justine. El cuarteto de Alejandría. Lawrence Durrell

sábado, 8 de octubre de 2016

AL ABRIGO DE LAS PALABRAS



Existe en París, en esta ciudad de belleza –material e inmaterial- absoluta, un lugar donde el tiempo se para y una siente que ahí se habla de lo esencial, de lo importante. Donde la atmósfera se recoge, nadie saca su smartphone, ni su cámara, ni su reloj; tan sólo libros, un respeto cordial y una predisposición a dejarse tocar por bellas palabras.

Este sitio, el club des poetes, al que suelo llevar a mis amigos cuando tengo una mínima oportunidad, se creó hace 55 años por el padre del actual dueño, Blais Rosney, también poeta. Yo lo descubrí tan sólo por casualidad, cuando llegué a París y, sabiendo que estaba en una de las ciudades más artísticas que existen, busqué un sitio donde se hablara de literatura, de poesía y, aunque sorprendentemente no hay tantos como pensaba, dí con él.

Aquí, cada martes, viernes y sábado, se cena si se quiere –totalmente casero, con su cuchillo de barra de pan-, se toma un vaso de vino y a las diez, la luz decae y se recita poesía de memoria –única norma de este sitio-, clamándola, sintiéndola y haciéndola llegar a todos. Una de los aspectos más sorprendentes es que la gran mayoría del público es verdaderamente joven, sin llegar a los 30. Desde mi punto de vista, si existen jóvenes que eligen pasar su noche de viernes recitando poesía, el mundo todavía puede ser salvado por su belleza.

Cuando, hay noches temáticas de poetas –como ha sido el caso de Lorca, el siglo de oro o Pessoa-, la cosa resulta algo artificial. Yo soy de las que opino que la poesía no puede traducirse porque la sonoridad, la caída de una palabra hacia la otra cambia y se transforma en otro poema de baja calidad.

Por otra parte, cuando, en noches como en la de ayer, la noche es libre y cada uno recita lo que quiere –y por tanto, la gran mayoría son de poetas franceses-, recibes, de vez en cuando una punzada de belleza que te anula los sentidos y te recuerda porqué en París, se puede encontrar lo que no existe en ningún otro sitio. Para muestra, un botón:

Nous étions faits pour être libres
Nous étions faits pour être heureux
Comme la vitre pour le givre
Et les vêpres pour les aveux
Comme la grive pour être ivre
Le printemps pour être amoureux
Nous étions faits pour être libres
Nous étions faits pour être heureux

Toi qui avais des bras des rêves
Le sang rapide et soleilleux
Au joli mois des primevères
Où pleurer même est merveilleux
Tu courais des chansons aux lèvres
Aimée du Diable et du Bon Dieu
Toi qui avais des bras des rêves
Le sang rapide et soleilleux

Ma folle ma belle et ma douce
Qui avais la beauté du feu
La douceur de l’eau dans ta bouche
De l’or pour rien dans tes cheveux
Qu’as-tu fait de ta bouche rouge
Des baisers pour le jour qu’il pleut
Ma folle ma belle et ma douce
Qui avais la beauté du feu

Le temps qui passe passe passe
Avec sa corde fait des nœuds
Autour de ceux-là qui s’embrassent
Sans le voir tourner autour d’eux
Il marque leur front d’un sarcasme
Il éteint leurs yeux lumineux
Le temps qui passe passe passe
Avec sa corde fait des nœuds

Nous étions faits pour être libres
Nous étions faits pour être heureux
Le monde l’est lui pour y vivre
Et tout le reste est de l’hébreu
Vos lois vos règles et vos bibles
Et la charrue avant les bœufs
Nous étions faits pour être libres
Nous étions faits pour être heureux

Un Homme passe sous la fenêtre et chante, Louis Aragon

No dejéis de pasar la próxima vez que vengáis a Paris.

martes, 6 de septiembre de 2016

AVANCE MODERADO



Llevo ya unos días en los que no puedo de dejar de mirar horrorizada esa gente que deambula por las calles, cual zombis salidos de un manicomio hablando por un teléfono invisible mediante el manos libres. Me resulta una imagen esperpéntica, como salida de una novela de Bradbury ver la imagen en la que, cada uno, dentro de su individualidad pública, comparte su conversación completamente personal y, sinceramente, que a nadie le interesa con los de su alrededor.

Muchos dirán, y con razón, que esto ha sido así desde el inicio de la era de los móviles. En efecto, así es, recuerdo el horror que causaba, allá por el año 2000, ver a gente hablando por la calle, como si no tuviera un sitio donde hacerlo. Imagino que nos hemos acostumbrado a esto y es ahora, cuando la gente le hablar ya no a una máquina, pero a una persona invisible, lo que me causa estupor. El otro día, sin ir más lejos, pensé que la persona que venía hacia mí, me iba a hacer algo, ya que gesticulaba y musitaba sonidos ininteligibles mientras se acercaba a mí.

Supongo que esto no es más que otro de esos inventos que han cambiado la sociedad, en mi opinión, para peor. Se que es cuestión de opiniones y respeto aquellos que le vean el punto bueno a este artilugio –excepto el claro caso de la conducción-. Sin embargo, existen otros casos en los que me gustaría echar las manecillas del reloj hacia atrás. Por ejemplo, el uso de los grupos de whatsup que, bajo mi punto de vista, ha acabado con las relaciones profundas y las ha limitado a algo superficial, a enseñar una imagen y poco más. Otro ejemplo, el –para mi gusto, detestable- uso del twitter en las conferencias científicas. En efecto, resulta que ahora cuando los científicos "modernos" exponen sus resultados en una conferencia, se toman su tiempo para adornar la charla con chistes malos –muy malos- que luego son aclamados en twitter como si de un circo se tratara. Por el caza-pokemons, ya no voy a ni a nombrarlo, porque no puedo ni empezar a entender como tanta gente inteligente puede realizar semejante derroche de neuronas.

En fin, podría seguir con una larga lista de inventos que no creo que hayan beneficiado mucho la sociedad, pero no lo voy a hacer. En su lugar, voy a enumerar algunos de los inventos que SÍ nos han hecho más felices: la fregona, la maleta de ruedas, el ventilador, el café con hielo, el skype, los vuelos baratos, los juegos de mesa, los picnics en los parques, la poesía, el sushi, y un sinfín de cosas más que, efectivamente, ganan en cantidad y calidad a los inventos horrendos. Dejemos entonces, las manecillas del reloj en sitio.

sábado, 27 de agosto de 2016

PLANETA NO-IMAGINARIO

Esta semana, ha sido públicamente anunciado uno de los hitos que toca más de cerca a la Humanidad como Humanidad: la detección de un planeta girando alrededor de nuestra estrella más cercana, Próxima Centauri. Este descubrimiento, que además tengo el orgullo de decir que ha sido protagonizado por varios amigos míos -un besazo desde aquí Guillem,  Cris y Zaira-, me ha dado también unas ligeros escalofríos al recordar esa fantástica novela de Ray Bradbury llamada Crónicas Marcianas. Me he puesto a imaginar como, en unos años en que nosotros ya no estaremos en la Tierra, pero quizá sí nuestros descendientes, seguiremos con nuestro ritmo de apisonadora y destruiremos cualquiera que sea el Mundo que elijamos estrenar. Ciertamente, esto no es más que Ciencia Ficción a día de hoy.

Sin embargo, una puede reflexionar qué hay implícito en nuestra naturaleza para comportarnos así y quizá, todo venga motivado por este afán de llegar a alguna parte, a darle sentido a las cosas, a nuestra vida, aunque sea ficticio, aunque no hayamos disfrutado durante el camino. Vamos, que la gran mayoría de nosotros tendemos a protagonizar un anti-viaje a Ítaca. Quizá si aprendemos a saborear un paseo, un momento tranquilo, una partida de cartas con los padres, o unas risas con los amigos, no haga falta irnos a buscar un mundo todavía mejor, porque ya estemos en el lugar donde querríamos estar.


(Subtítulos sólo disponibles en inglés)