sábado, 27 de junio de 2015

DESNUDITOS


Adoro cuando las ideas geniales se solidifican en obras de artes tan impecable como ésta. Que lo disfrutéis.

Gracias, Isa, por descubrírmelo, un beso desde aquí.

miércoles, 24 de junio de 2015

DE FIESTA EN FIESTA



Ahora que ya acabamos de entrar de lleno en el verano y las noches son larguísimas y las fiestas se multiplican por doquier, una tiene que aprender a racionarse a no decir a todo que si, por que el cuerpo ya no es el que era, y necesita sus horas de descanso y porque, hay demasiadas actividades para una persona humana en Paris.

Ante esta decisión, he estado pensando cual son mis fiestas (o celebraciones) favoritas y he decidido elaborar una lista. Por supuesto, es una lista completamente subjetiva y está totalmente sesgada, ahí va:

1. San Lorenzo: Fiestas de Huesca. Del 9 al 15 de Agosto. Aquellos que vienen por primera vez, vuelven y repiten… Porque… no hay nada inigualable. El ambiente de coleguismo que se respira durante una semana, mezclado con ese aroma de albahaca que envuelve la ciudad, la música, las jotas, los cafés, el blanco, el verde… Es inigualable. ¡Viva San Lorenzo!

2. Sant Jordi: Día del libro. Sobre todo en Barcelona. 23 de Abril. Ya hemos hablado muchas veces por estos lares de esta fiesta… Pero sobre todo va sobre libros, primaveras, y conversaciones de literaturas durante un día entero… Inigualable.

3. Fête del Musique: 21 de junio. Francia. Esta fiesta –siempre el 21 caiga en el dí que caiga entre semana-, es un día para empacharse música a cada cm de la ciudad francesa en la que habite. Desde primera hora, hasta las 12 en punto de la noche (si cae en sábado más), Francia entera acoge a todo aquel que quiera tocar música y en cualquier rincón, puedes asistir a un concierto divertidísimo, o descubrir un grupo que te encantará.

4. Sant Joan: Noche 23 junio. Sobre todo en Cataluña. Esta fiesta, que anuncia la llegada del verano y, existen muchas versiones a lo largo de la rivera mediterránea. Se asocia con el renacimiento, el fuego que quema todos los deseos que queremos que se cumplan en este nuevo año y el agua, que purifica todo lo menos bueno que puede haber ocurrido. Por supuesto, como es una de las noches más cortas, hay mucha luz, calor, amigos, guitarras y olor a verano.

5. Carnaval: Entre febrero y marzo dependiendo de Semana Santa. Sitio: Huesca, Sitges, Cádiz (en mi caso preferibles a Tenerife o Río de Janeiro)… Una de las fiestas más conocidas a nivel mundial y quizá más antigua, es una ocasión inigualable para hacer algo de teatro, convertirte en un personaje por una noche, y reír, beber y disfrutar con amigos.

Bueno, y lo dejo aquí. Me vienen muchas otras a la cabeza: La Bastilla francesa, el Picnic Day de Davis, la Bay of Breakers de San Francisco, las cruces de Granada, etc… Con tanta fiesta, apetece cogerse vacaciones ya e ir calentando motores, pero… habrá que esperar todavía. Eso sí, estoy convencida de que el futuro nos depara nuevas e increíbles celebraciones.

sábado, 20 de junio de 2015

LA FORTUNA



A la luz de tus antiguos fracasos, tus errores de juicio, tu falta de capacidad para entenderte a ti mismo y a los demás, tus decisiones impulsivas e imprevisibles, tus meteduras de pata en cuestiones del corazón, resulta curioso que al final hayas tenido un matrimonio que dure tanto tiempo. Has intentado averiguar las razones de ese inesperado vuelvo de la fortuna, pero nunca has podido hallar la respuesta. Una noche te encuentra con una desconocida y te enamoras de ella; y ella de ti. No lo mereces, pero tampoco lo desmereces. Simplemente ocurrió, y nada puede explicarlo salvo la buena suerte.

Diario de invierno. Paul Auster

domingo, 14 de junio de 2015

HUMOR EN ASCUAS


Bendito humor inglés... Desternillante, siempre. Un beso desde aquí a Rodolphe por la recomendación.

lunes, 8 de junio de 2015

EMPACHO DE VIDA


Y una vez más, me vuelvo a maravillar con la absoluta perfección que los humanos alcanzamos en ciertos momentos puntuales de la vida. En efecto, he vuelto a ser tía, no una, no dos, sino tres veces. La novedad es que esta vez se trata de una niña, María. Aunque todavía no la conozco –esta vez me ha pillado en un congreso en Laussane-, ya he visto un retrato de esa carita de mofletes marcados, sus ojitos, sus deditos, su naricita… Y ya he vuelto a alucinar. Y ya sé que la quiero irremediablemente.

Somos fábricas de perfección. Somos capaces de manufacturar, macerar y traer a un mundo –si, algo caótico en este momento, pero lleno de cosas increíbles también- personajes tan minúsculos que ya tienen un club de fans desde su primer minuto –e incluso antes-. Poseemos el poder más impresionante de todos, el que de tanto verlo cotidianamente, ni nos inmutamos. Somos creadores de milagros –llorones al principio, pero milagros, al fin y al cabo-. De esos que –como me contaba ayer mi sobrino Leo- sale de la tripita, y pum, te trae un regalito.

María, bienvenida a esta familia que hará todo lo que esté en su mano para te encuentres a tus anchas, mejores condiciones no se me ocurren. Un beso suavecito, combinado con toneladas de amor desde aquí.


Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.

Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.

Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.

Todo lo que creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas 
y bendigo mi sexo.


Gioconda Belli, Y Dios me hizo mujer

jueves, 4 de junio de 2015

LA GLORIA COTIDIANA



Uno tiene derecho a la alegría. A veces es humo o es niebla o es celaje. Pero detrás de esas demoras ella está, esperando. Siempre hay una hendija del alma por donde la alegría asoma sus despabiladas pupilas. Entonces el corazón se vuelve más vivaz, se extrae de su quietud y es casi pájaro. 

Mario Benedetti. Vivir adrede.

lunes, 1 de junio de 2015

UN DUELO LITERARIO



Este mes de mayo, encontrándome en París, revisando las páginas de “París no se acaba nunca” fui un día con mi amiga Myriam a Nantes, en el TGV, con la intención de asistir a una conferencia sobre la posibilidad de vengarse de las páginas que te han transformado irremediablemente. 

Los libros… Ese conjunto de personajes, livianos entre lo real y lo que es real en nuestra irremediable irrealidad -si real es un calificativo que signifique alguna cosa, en cualquier caso-; que no dejan de deslizarse despacio por las ranuras de nuestros pensamientos y nos acaban manipulando a su antojo, hasta el punto de obligarnos a amordazar nuestros propios impulsos, me la acababan de jugar una vez más. De nuevo no sabía si se trataba de luz o de claridad, pero juraría que Myriam había tecleado que su adorado Enrique -a quien me había descubierto no hacía mucho tiempo, con un libro que ella misma me había prestado de su biblioteca particular- contaba en el nuevo libro que ahora ella devoraba una estancia en Nantes.

Esa sensación de marioneta raquítica. La sensación de que alguien más allá de ti movía sus dedos para confirmar, balbuceante y algo desconcertada, que -por alguna extraña coincidencia del destino- tú estabas leyendo tu último regalo de Sant Jordi que te había obsequiado un amigo que nada tenía que ver con esta historia, y en él, el tal Enrique también relataba su viaje a Nantes, esta vez a hablar sobre la ironía. 

Irónicamente, Myriam seguía escribiendo: Y, a finales de Mayo, un tal Enrique Vila-Matas da una charla en Nantes. ¿Compra? Compra. No hubo más que hablar. Eramos presa del destino, de un destino liderado por libros caprichosos y amenazantes que nos usaban a su antojo. Ahora éramos nosotras, esos dos monigotes, los que tomaban el tren del 29 de Mayo rumbo a Nantes, a ver al tal Enrique y sus páginas traicioneras.

Malditos libros manipuladores. Habían conseguido su objetivo: ser parte de una historia más compleja donde ellos -con su afán de protagonismo- estaban englobados. En los que, secundariamente, Enrique, Myriam y yo misma tomábamos trenes a Nantes para asistir a conferencias donde se hablaban de un libro en el que unos libros grandilocuentes y engreídos convencían a dos chicas para asistir a una conferencia en Nantes de un tal Enrique Vila… Demasiado borgiano para mi gusto, tengo que decir.

Sin embargo, aquí estamos. Enrique, Myriam y yo misma. En Nantes. ¿Libros asesinos? Puede. ¿Asesinas ilustradas? Nadie te ha dado vela en este entierro. No quieras participar en esta juerga. Ahora tú, tan sólo dinos cómo piensas bautizar a esta nueva criatura.



Dedicado, con todo nuestro cariño, a "... ¿Enrique?..." y todos esos libros que nos han perseguido hasta la saciedad. Un besazo desde aquí, Myriam, y gracias por este fantástico viaje de groupies literarios que nos hemos marcado.

jueves, 28 de mayo de 2015

EL FUEGO INFINITO



Sí, pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette, saliendo de los portales carcomidos, de los parvos zaguanes, del fuego sin imagen que lame las piedras y acecha en los vanos de las puertas, cómo haremos para lavarnos de su quemadura dulce que prosigue, que se aposenta para durar aliada al tiempo y al recuerdo, a las sustancias pegajosas que nos retienen de este lado, y que nos arderá dulcemente hasta calcinarnos. 

Rayuela, Julio Cortázar.

domingo, 24 de mayo de 2015

COSMÉTICA EN MOVIMIENTO



De todos es sabido que cada cultura tiene sus curiosidades, particularidades y diferencias que, precisamente, la hace única. Esas identidades, pueden ir desde minúsculas e imperceptibles variaciones de lo cotidiano, hasta enormes giros del pensamiento que en efecto, cambia, la manera en que vemos todo.

Tras mi experiencia en E.E.U.U., donde ya me calcé mis gafas de exploradora y me dispuse a vigilar de cerca esas costumbres bizarras –o no, todo depende de cual sea el sistema en reposo-, en Francia este proceso es mucho más sutil ya que la brecha cultura es muchísimo más estrecha.

Una de estos minúsculo detalles que observo prácticamente todos los días es la destreza con que las mujeres francesas se maquillan. Armadas de un pequeño estuche de maquillaje: una sombra, un lápiz de ojos, un pincel, un rimel o una barra de labios; aprovechan cualquier instante desaprovechado para maquillarse o retocarse, como si estuvieran en el tocador de su casa. Para mí, esto es algo que siempre he visto en películas de otra época y lo encontraba acorde a esos años: la mujer debe estar impecable para que sea agradable a la vista… Mientras que el hombre, no se le ocurriría peinarse o afeitarse en público jamás. Sin embargo, ¿en el siglo XXI?

Intentando entender esta costumbre –si es que hay algo que entender, a veces las costumbres son sólo eso-, me pregunto si no tendrá quizá un toque reivindicativo. Por ejemplo, me imagino una de estas chicas pensado: “no necesito salir de casa arreglada –la destreza con que manejan el rimel hace que en 2 minutos estén listas, y también que no pierdan un ojo en cualquier frenazo del metro-, sino que puedo elegir qué momento de mi vida hacerlo”…

En mi caso, me causa incluso rubor la simple idea de hacerlo. ¿Quién sabe? Exhibir a un público anónimo tus rituales diarios quizá sea la mejor manera de vencer el miedo escénico a cualquier cosa que nos propongamos en la vida.

lunes, 18 de mayo de 2015

MOTIVOS INNUMERABLES



Me acordé de Mi Vida, aquella caja tan grande, envuelta en un papel rojo y asegurada con tantos lazos, y me pregunté de qué había resultado estar rellena. Desde entonces, lo único que me compensa por las pocas cosas que hay dentro es la certeza del amor que siento por esas pocas cosas, una docena de luces de colores, dos niños, un par de libros que me pertenecieron un poco mientras los traducía, ciertos amigos, ciertas amigas, la memoria de un amante que se convirtió en marido, el pequeño talento que hizo de mí una cocinera autodidacta, la asombrosa emoción que experimento todavía al hablar tres idiomas que no son el mío, algunos sabores algunos olores, algunas noches memorables, algunas risas que aún no se han apagado del todo. 

Atlas de Geografía Humana. Almudena Grandes

miércoles, 13 de mayo de 2015

LO EFÍMERO Y LO ETERNO

Arramplemos con cada momento transitorio de esta vida inimaginable, con cada uno de esos segundos que ya pasó, que ya no está.


Yo, consecuentemente, y mientras tanto, me voy a explorar las Francias –aprovechando estos huecos espacio-temporales vacacionales del mes mayo francés- con amigos que vienen de la eternidad.

domingo, 10 de mayo de 2015

GEOGRAFÍA LITERARIA



Como me suele pasar en casi todas las celebraciones de cumpleaños, uno de los regalos estrella que recibo suelen ser libros -nada de documentos pdf, un libro con su peso y sus hojas, siento la chapadez a la antigua-. Entre este día y el de Sant Jordi, poco menos de un mes después, suelo renovar el 90% de mi biblioteca del año.

El año pasado –mi primer cumpleaños parisino-, recibí montones de libros sobre el Paris más práctico: las calles, los sitios escondidos, los mapas, los cafés, los restaurantes… Eso, unido a esas maravillosas visitas guiadas mensuales que aprovecho siempre que puedo, hace que Paris me siga maravillando cada día más y que cada vez quieras encontrar detalles de lugares más recónditos si cabe.

Este año, como no podía ser de otra manera, también recibí montones de libros pero eso sí, el estilo ha cambiado. Por algún motivo, la gente que me quiere piensa que mi francés ya es suficientemente bueno para leer poesía de Les Fleurs du Mal de Baudelaire; teatro como Les femmes savantes de Molière y novelas de otros autores de renombre traducidas al francés. Además, otros clásicos parisinos –aunque no en francés- como A moveable Feast de Hemingway, Down and Out in Paris and London de Orwell, o Paris no se acaba nunca de Enrique Vila–Matas, están ahí esperando su turno.

El caso, es con esta avalancha de literatura de otro nivel –ya no estamos hablando del Petit Nicolas de Goscinny, con todos mis respetos y mi amor por estos libros que me han hecho pasar muy buenos momentos desde hace muchos años-, me acordé de este magnífico mapa literario de Londres con el que di hace tiempo, en el que, de un plumazo, muestra gran parte de la literatura londinese en los lugares en los que ha pasado –ojo al reto-.

En Paris, no he encontrado al análogo a esta maravilla, pero si que encontrado esta aplicación literaria, mucho menos completa y menos estética, pero util, al fin y al cabo. Si se mira con detalle, se puede descubrir información muy interesante que complementa a la que cada uno traemos de fábrica. En mi caso, desde ya, voy a empezar a dedicar un mapa parisino a las rutas literarias, que en el fondo son la ruta de nuestras vidas –como indicaba ya Borges y reproduce la cabecera de estos lares timoneros-.

A veces, una ciudad puede ser en sí misma un fermento de actividad intelectual. Sobre todo cuando en ella confluyen y se amalgaman vectores ideológicos llegados de distintas latitudes: de esa confrontación nace un mestizaje enriquecedor. Es lo que ocurrió en París inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. En el crisol vecino al Sena hirvieron juntas las ideas de Marx y las de Freud, las de Husserl y Heidegger con las de Bergson y Kierkegaard, las de Bakunin y el Marqués de Sade con los estilos narrativos de Faulkner y Dos Passos, o los dramáticos de Ibsen y Strindberg, el solipsismo de Max Stirner con el pesimismo de Giacomo Leopardi y las aporras de Kafka... Todo ello al ritmo de John Ford o Jean Renoir. El resultado no fue solamente una nueva forma de pensar, sino también una actitud vital frente a la política, el sexo, el arte... y los restos de un mundo dividido, convaleciente de una guerra atroz enfermo ya de otra guerra, fría en este caso pero no menos cruel ni decisiva. En ese marco sólo se hallaron soluciones transitorias y dudosas, pero se plantearon los problemas que de verdad importaban. Quizá en ningún momento ni en ningún lugar se pueda pedir más.  

Lugares con genio. Fernando Savater

domingo, 3 de mayo de 2015

EL ÚLTIMO METRO

Llovía como pocas veces lo hace en las grandes ciudades: sin fundamento. Ahí fuera, el agua caía de todas direcciones, mojaba, calaba los huesos y empapaba el alma. Con esa tempestad, no era absoluto apetecible abandonar esa atmósfera caliente, como de vientre materno que se había creado en aquella cafetería deliciosamente recargada de fotos de músicos de jazz a unos pasos de la Avinguda Paralel.

Miró la esfera empañada de su reloj de pulsera. Calculó que todavía tenía unos veinte minutos para esperar que aquella tormenta primaveral apaciguara. Pidió otro café con coñac; aquellos que calentaban el cuerpo y creaban un ronroneo agradable en la garganta.

¡Flash! El café palideció durante un instante kilométrico. Un instante de profundo silencio asoló la sala, al que siguió una estrepitosa explosión de un trueno como hacía muchos años que no escuchaba. La chica de la mesa contigua, que no dejaba de escribir con delicadeza, lanzó a su alrededor una rápida mirada nerviosa, algo sobrecogida, a la que él respondió con un guiño y un atisbo de sonrisa. 

Volvió a mirar la hora: las 11.15 de la noche. Ya no disponía casi de tiempo si quería coger el metro. Lanzó una última mirada fugaz desde la privilegiada posición de su mesa al lado del cristal escurridizo y difuso del establecimiento. La tormenta no parecía haber remitido ni un milímetro. Pensó en ese paraguas plegable de bolsillo que llevaba absolutamente todos los días con él, y que ahora, yacía, olvidado en la silla de su despacho, camuflado como un mueble más.

Irremediablemente iba a llegar empapado a casa, pero no tenía otra opción. Sacó un flamante billete de diez euros del bolsillo, lo dejó en el mostrador y, con su desamparo acuático, salió corriendo como alma que lleva el diablo hacia el metro Poble Sec.

Ni siquiera notó que ya no le caía una lluvia torrencial en la cabeza cuando bajó las escaleras del metro. Ni que unos tacones nerviosos seguían su ritmo presuroso. Marcó su ticket y escuchó el rumor del metro que se acercaba en dirección Zona Universitaria. Se abalanzó escaleras abajo, desesperado y, saltó en el último vagón del metro, un segundo antes de que se cerraran las puertas. Mientras recuperaba la respiración, se dio cuenta, con sorpresa que la chica que minutos antes escribía a su lado, le miraba desde el otro lado del cristal, en una estación en reposo que cada vez se alejaba más. Había perdido su metro.

Miró de nuevo su reloj: las 11.40. Tenía tan sólo un par de paradas para hacer transbordo en Sants Estació. 11.46, un puñado de personas apremiadas por un minutero universal entablaban un maratón exasperado en dirección a la línea 5. Qué curioso –pensó- este transbordo que realicé tantas tardes cuando volvía de la universidad y ahora parece tan diferente sin todas esas carpetas coloridas de los estudiantes.

De nuevo, el estruendo del metro acercándose suspendió sus pensamientos. Aceleró algo más y esta vez, con un poco más de respiro pudo presenciar la entrada del metro en la estación. Giró el pomo de la puerta de su vagón, entró triunfalmente y tomó asiento en uno de sus asientos predilecctos –en la misma dirección que el conductor, con vistas a todo el vagón-.

Sólo en ese momento, se dio cuenta de que sus pies rezumaban agua por todos lados –probablemente al meter el pie en uno o varios charcos-, que estaba dolorido, cansado e incluso algo mareado. Sin embargo, nunca se había sentido tan bien en su vida. Lo había conseguido. Había cogido el último metro.

(Relato presentado al concurso de "Relats Curts de TMB")

miércoles, 29 de abril de 2015

EL PASEO


Les Ogres De Barback - Il Ne Restera Rien par rionma33

(Gracias Jorge, por recordarme Ítaca, un abrazo desde aquí)

Cuando emprendas tu viaje a Itaca
pide que el camino sea largo, 
lleno de aventuras, lleno de experiencias. 
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes 
ni al colérico Poseidón, 
seres tales jamás hallarás en tu camino, 
si tu pensar es elevado, si selecta 
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo. 
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes 
ni al salvaje Poseidón encontrarás, 
si no los llevas dentro de tu alma, 
si no los yergue tu alma ante ti. 

Pide que el camino sea largo. 
Que muchas sean las mañanas de verano 
en que llegues -¡con qué placer y alegría!- 
a puertos nunca vistos antes. 
Detente en los emporios de Fenicia 
y hazte con hermosas mercancías, 
nácar y coral, ámbar y ébano 
y toda suerte de perfumes sensuales, 
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas. 
Ve a muchas ciudades egipcias 
a aprender, a aprender de sus sabios. 

Ten siempre a Itaca en tu mente. 
Llegar allí es tu destino. 
Mas no apresures nunca el viaje. 
Mejor que dure muchos años 
y atracar, viejo ya, en la isla, 
enriquecido de cuanto ganaste en el camino 
sin aguantar a que Itaca te enriquezca. 

Itaca te brindó tan hermoso viaje. 
Sin ella no habrías emprendido el camino. 
Pero no tiene ya nada que darte. 

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado. 
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, 
entenderás ya qué significan las Itacas.

Cavafis, Ítaca

martes, 21 de abril de 2015

DESAPARECER



La muerte sabe a ácido. Sabemos que existe, sabemos que es lo único seguro que está allí y que es el único destino que todos compartimos –parafraseando al gran Steve Jobs-, pero aún así va discurriendo despacio gota a gota, unos desaparecen antes –generalmente más mayores- y otros después. Pero a veces, ese azar –por pura definición- se lleva a otras personas más jóvenes, a amigos cercanos, atestándonos un gran golpe. Y en ese momento, te das cuenta, de golpe y porrazo, lo que significa una amistad, lo que significa la vida.

Javi, mi primer compañero de despacho, fue quien me enseñó a hablar con su “Oh, men” baltimoriano, cosa que me salvó de más de un apuro. Le encantaba realizar poses a lo Hulk para hacerme soltar una carcajada y suavizar el efecto de alguna bronca laboral. Juntos, asistimos a clases de darbuka donde alimentábamos a los profesores-okupas con plátanos llenos de proteínas. Como él mismo decía, él era vasco e isotermo, y por eso mismo las fiestas con él eran como si no hubiera un mañana –porque resulta que un día no lo hay-. Más de una vez, vimos asomarse el lucero del alba tras la Torre de la Vela de la Alhambra desde las tumbonas de su terraza en la calle Bocanegra.

Le gustaba mucho la música y tocaba muy bien la guitarra, que había aprendido de manera autodidacta. Recuerdo como me aprendí la letra complicadísima de Gure Bazterrak sílaba por sílaba para corearla con él o como nos hizo un repaso de lo más ochentero una noche de Sant Joan en Salobreña justo antes de meternos al agua para celebrar la vida.

Aún no puedo dejar de reírme al recordar aquel guiri de Strasburgo que se nos coló en ese coche amarillo destartalado matrícula SS, y nos quedamos atrapados en el día de la marmota tras pasar 20 veces al lado del Mirador de San Nicolás. O aquel otro viaje mítico por Islandia donde, él y yo, los dos más despistados del grupo no lográbamos recordar el nombre del pueblo del que veníamos y conseguíamos llegar tarde a todos lados. O aquellos días de playa paradisíaca en Brasil donde se paraba el tiempo y nada importaba mucho.

Junto con Carlos, nos fabricamos sin proponerlo un ritual improvisado consistente en aquellas comidas de los viernes en torno a la misma mesa –reservada sin estarlo- de la misma pizzería, cada uno en su silla, donde compartíamos los altos y los bajos.

Lo que no recuerdo es haberle escuchado nunca pronunciar mi verdadero nombre, para él, yo siempre fui Carmencita y así me presentaba tanto en el mundo social como el laboral.

Tantos momentos. Más de diez años de amistad dan para mucho.

Y ahora, la ausencia. Un 21 de abril cualquiera, ya no está en el mundo. Y mañana podemos ser cualquiera. Desaparecer. Ha sido a cámara lenta, lo que aún me desconcierta más.

Puedes dar por seguro que vivirás mucho más en nuestro recuerdo.

Javi, un beso enorme.