miércoles, 10 de octubre de 2012

EN CRESCENDO



Uno de los signos de la madurez es notar que has aprendido a saber conformarte con el hecho de que algunas personas no actúen como tú lo harías. Por ejemplo, con las no-respuestas. Cuando alguien hace una pregunta o está en una situación determinada, una no-respuesta, aunque suele significar “no” es, a mi entender, una manera muy poco elegante de cerrar un tema y que, además hace daño a la otra persona, ya que suelen dejarlas en un limbo, en una incomprensión, en una posición de incertidumbre innata.

Por eso, cuando se es capaz de respirar hondo y aceptar que -aunque no es lo que tú hubieras querido y te sientas decepcionada- no puedes culpar a nadie por no tener el ideal de perfección ante las relaciones humanas tan alto como el tuyo, y tampoco puedes permitir que las fluctuaciones de la vida te dañen más de lo estrictamente necesario, una se siente un poco más poderosa, un poco más hábil a la hora de lidiar con las incomprensiones de la vida.

Otro gran signo de madurez, que tuve la suerte de que un amigo me recordara recientemente –gracias Jorge, un beso desde aquí-, es entender y llevar hasta sus últimas consecuencias el hecho de que nada, o muy pocas en este mundo son importantes. Al final, casi nada importa. Puedes equivocarte, puedes sentirte herida, puedes tomar la decisión que resulte menos adecuada, pero al fin y al cabo, nada de eso importa. El mundo va a seguir su curso habitual, las cosas buenas y malas nos van a seguir sucediendo… y cuanto antes entendamos que esto o lo otro no es para derrumbarse sino para sonreírse ante ello, guardar un buen recuerdo de lo vivido –cuesta el mismo precio- y tomarlo como anécdota –precisamente porque no es tan importante-, antes seremos capaz de vivir nuestra vida de una manera práctica y feliz.

En fin, que los años sigan su curso tiene su lado bueno, nos hace entender cosas a base de pasar a través de ellas, la única manera posible.


Tu vida, aunque sólo la atisbo a través de una rendija, está claro que lleva un ritmo distinto de la mía. Y es que hemos crecido. Crecer es empezar a separase de los demás, claro, reconocer esa distancia y a aceptarla. El entusiasmo de aquellos encuentros juveniles con personas que despertaban nuestro interés se basaba en que dábamos por supuesta una permeabilidad continua entre nuestra vida y la de ellos, entre nuestros problemas y los de ellos, parecía posible la anexión. Es cierto que aun se dan momentos en que surge esa ilusión de permeabilidad, pero son momentos extraordinarios y fugaces, a los que no se puede pedir continuidad, vigencia permanente.


Nubosidad Variable. Carmen Martín Gaite

domingo, 7 de octubre de 2012

LA DISTANCIA INFRANQUEABLE


(Otra versión de esta canción, la podéis encontrar aquí)

La borró de la fotografía de su vida no porque no la hubiese amado, sino, precisamente, porque la quiso. La borró junto con el amor que sintió por ella. 

Milan Kundera, El libro de la risa y el olvido.

miércoles, 3 de octubre de 2012

MÁS DE CUATRO AÑOS DE MOTIVOS


Señores, señoras,

 ¡¡Que hoy cumplimos cuatro añazos!! Si, si… ¡¡cuatroooo, jajaja!! -risa del conde drácula de Barrio Sésamo-.

¿Cómo pasa el tiempo, eh? Si parece ayer que nos cogíamos dos maletas llenas hasta los topes, un libro y un paquete de clínex y nos metíamos en un avión rumbo a otro continente… Hoy, cuatro años más tarde (si, si… ¡¡cuatro, jajaja!!) este blog ha paseado por otros continentes, otros países y muchas aventuras…

Hemos subido arriba a las alturas, y nos hemos depositado suavemente contra el suelo. Hemos brincado, hemos hecho piruetas, hemos sido testigos de nacimientos, celebraciones y hasta momentos de gozo absoluto. Pero sobre todo, y ante todo, hemos conocido a almas nuevas, brillantes, poderosas y hemos reconocido a los que, a través del tiempo, la distancia y las circunstancias, nunca se fueron y siempre estuvieron allí.

A todos: Gracias.




Tenemos memoria, tenemos amigos.
Tenemos los trenes, la risa, los bares. 
Tenemos la duda y la fe, sumo y sigo.
Tenemos moteles, garitos, alteres. 

Tenemos urgencias, amores que matan.
Tenemos silencio, tabaco, razones.
Tenemos Venecia, tenemos Manhattan. 
Tenemos cenizas de revoluciones. 

Tenemos zapatos, orgullo, presente. 
Tenemos costumbres, pudores, jadeos.
Tenemos la boca, tenemos los dientes.
Saliva, cinismo, locura, deseo. 

Tenemos el sexo y el rock y la droga. 
Los pies en el barrio, y el grito en el cielo.
Tenemos Quintero, León y Quiroga. 
Y un bisnes pendiente con Pedro Botero. 



Más de cien palabras, más de cien motivos
para no cortarse de un tajo las venas.
Más de cien pupilas donde vernos vivos.
Más de cien mentiras que valen la pena. 



Tenemos un as escondido en la manga.
Tenemos nostalgia, piedad, insolencia. 
Monjas de Fellini, curas de Berlanga
veneno, resaca, perfume, violencia. 

Tenemos un techo con libros y besos. 
Tenemos el morbo, los celos, la sangre. 
Tenemos la niebla metida en los huesos.
Tenemos el lujo de no tener hambre. 

Tenemos talones de Aquiles sin fondos. 
Ropa de domingo, ninguna bandera. 
Nubes de verano, guerras de Macondo, 
setas en noviembre, fiebre de primavera. 

Glorietas, revistas, zaguanes, pistolas,
qué importa, lo siento, hastasiempre, te quiero, 
hinchas del Atleti, gángsters de Coppola, 
Verónica y cuarto de Curro Romero. 

Tenemos el mal de la melancolía.
La sed y la rabia, el ruido y las nueces.
Tenemos el agua y, dos veces al día.
El santo milagro del pan y los peces. 

Tenemos lolitas, tenemos donjuanes,
Lennon y Mccartney, Gardel y Lepera. 
Tenemos horóscopos, biblias, coranes. 
Ramblas en la luna, vírgenes de cera. 

Tenemos naufragios soñados en playas 
De islotes son nombre ni ley ni rutina, 
Tenemos heridas, tenemos medallas, 
laureles de gloria, coronas de espinas. 

Tenemos caprichos, muñecas hinchables, 
ángeles caídos, barquitos de vela, 
pobre exquisitos, ricos miserables, 
ratoncitos pérez, dolores de muelas. 

Tenemos proyectos que se marchitaron, 
crímenes perfectos que no cometimos.
Retratos de novias que nos olvidaron, 
y un alma en oferta que nunca vendimos. 

Tenemos poetas, colgados, canallas, 
Quijotes y Sanchos, Babel y Sodoma, 
abuelos que siempre ganaban batallas, 
caminos que nunca llevaban a Roma.


Más de 100 mentiras. Joaquín Sabina

domingo, 30 de septiembre de 2012

OTRAS DIMENSIONES



En el pasado fluye el río, la lluvia balbucea. El ayer es una envoltura de sucesos, de nunca más y todavía. Cuántos puentes habremos cruzado entre el descanso y el cansancio, entre el misterio y la revelación. Dicen que en el pasado crecen las semillas del futuro, pero en qué jardín, en qué cantero, si el futuro es cada vez más corto, más mezquino, más gravamen de rocas imbatibles.

Mario Benedetti. Vivir adrede.

martes, 25 de septiembre de 2012

EL SAMBÓDROMO DE LOS HIPOPÓTAMOS

Mi promesa de visitar y exprimir una de las múltiples maravillas desconocidas –para mí- que existen en nuestro planeta al año como mínimo sigue vigente… Así tras llenarme de experiencias maravillosas en países como Bolivia, Perú, Japón o Islandia, acabo de concluir otro de los que –de bien seguro- acabará siendo uno de mis viajes predilectos en mi vida: Brasil. Esa masa de tierra enorme y única -que parece encajar tan bien en el puzzle del Pangea con África oriental- ha recompensado con creces mis expectativas y mis ansias de exploradora.

Así, he aprendido que en torno al paralelo -23 existe un mundo nuevo repleto de algunas de las ciudades más grandes del mundo –la mitad de España tendría cabida sólo en Sao Paulo-, ciudades maravillosas, playas paradisíacas y vistas extraordinarias –gracias Maud por recomendarme tantos de estos sitios-. Que los habitantes del Río de Enero son los conocidos como Cariocas, no riojanos, que son rivales de los Paulistanos, que su caminar se puede descomponer en dos componentes principales: chulería y pachorra –gracias Airam, por encontrar esta verdad fundamental para la humanidad-, que en el barrio de Lapa se puede encontrar a seres que poseen músculos, tendones, huesos diferentes al resto de los mortales y los mueven con ritmos extraños, que los Brasileiros son de todos los colores de piel, ojos, cabellos. Que la música está en sus genes, en su vida, en sus calles.

Que a pesar del miedo autoimpuesto a la palabra favela, existen posadas donde cantan gallos a todas horas, con vistas a luces, sonidos y estrellas, que hacen querer abandonarlo todo y quedarnos allí para siempre -gracias Manu por conseguirlo-, que sus dueños son encantadores y risueños, que la luz grisácea que entra por la mañanas tiene algo de atemporal, de irreal. Que en ella puedes corear un me calaste hondo hasta la saciedad capaz de frenar el tiempo. Que aparentemente nada es lo que parece, la camarones son lo que para nosotros viene a ser gambas, los pasteles se refieren a empanadillas, los lagartos a tipos de carne, los chopps a cañas con espuma.

Que los conductores de autobús hubieran querido ser familia de Fernando Alonso, que pueden frenar en seco y hacerte saltar por los aires por haberse saltado la calle, que acelerar y frenar es su afición favorita, que encontrar un autobús para ir sitios tan turísticos como el Cristo del Corcovado es tremendamente difícil, que no existe ningún tipo de bono de transporte, que el precio del autobús varía en función lo nuevo que sea o si tiene o no aire acondicionado, que los taxistas dicen que saben donde están los sitios, pero luego preguntan a todo el mundo para saberlo, que existen otros que llevan una televisión incorporada donde pueden conducir y ver la noticias en tiempo real, que en los autobuses, por otra parte, te puedes actualizar del estado de tu telenovela favorita o bien saber que te deparará el futuro según tu horóscopo.

Que en la playa de Ipanema puedes danzar un pasodoble improvisado o meterte en el agua donde se sitúan los jugadores de volley playa para salir, cual desplazamiento espacio temporal, en el emplazamiento favorito de la comunidad gay, que todo está repleto de garotas y garotos buenorros donde hacen flexiones como el que no quiere la cosa en cualquier barra del paseo marítimo. Que algunos cuerpos de las playas parecen tallados con cincel, otros exhiben carne al peso como una carnicería, pero en ellas hay pocos complejos y muy poca tela. Que el bar donde Vinicius de Moraes creó la famosa canción todavía funciona, que poco más abajo se puede encontrar un bar mexicano donde los hombres genéticamente corpulentos inician ritos de apareamiento subiéndose a lianas. Que sentirte de vacaciones es tan fácil como pedirte un coco y beberte su agua, aprender a atravesar las olas por debajo, pedirte una piña colada o ponerte en la piel del protagonista del día del Hipopótamo.

Que el churrasquinho y la caipirinha están al orden del día. Que el sushi va camino de convertirse en producto nacional. Que la picanha y el sándwich de pollo con piña nunca defraudan. Que la comida en los restaurantes se suelen vender al peso, y que eso es una ideaca que debería exportarse. Que el sol quema demasiado, incluso en invierno y provoca en muchos casos la conversión de la guiri estándar en churrasquinha –con lechuga de las aguas de Copacabana-, que los vendedores ambulantes no son nada pesados y aceptan perfectamente un no como respuesta. Que falar en castellano muy despacio y contestar un obrigada al final es la manera oficial de comunicarse, mucho más útil que en inglés. Que el portugués se entiende muy bien escrito, no tan bien hablado.

Que en Brasil todo el mundo redondea el cambio a su favor sin ningún pudor. Que el papel de WC se tira a un cesto, no al WC. Que en la mitad del bus se encuentra a una persona en su trono junto a una barra giratoria para cobrar. Que el trabajo que hace una persona en Europa, lo hacen cuatro en Brasil. Que el Chaveiro es el trabajo de moda, que en Rio no debe ser un mal trabajo, a pesar de todo. Que al salir de las tiendas de música te desean alegria y felicidade. Que la librería Cultura de Sao Paulo es gigantesca y muy acogedora. Que en el barrio japonés de esta misma ciudad puedes descubrir mitos y leyendas que transcurren en cualquier parte del mundo. Que el autobús más cómodo que he probado en mi vida de Rio a Sao Paulo equivale a un vuelo de primera clase. Que encima tienen a Oliveirio, el etiquetador de maletas más salado del mundo.

Que en la estación de metro de Luz de Sao Paulo es imposible encontrar la salida, pero a cambio te puedes topar con un piano desvencijado. Que un poco más arriba, existe una estación preciosa donde uno puede quedarse a mirar embobado como la gente se agolpa ante las puertas para entrar una y otra vez. Que los brasileños celebran el amor, que en cada esquina, en cada playa, en cada bar, es muy probable toparse con una pareja dándose un buen beso de tornillo. Que se puede aprender a hablar –o gesticular- el sepio. Es más que me pueden llegar convencer que la sepia es una animal fascinante. Que el invierno en Brasil es de risa a 41 grados. Que precisamente por eso, o quizá no, los inviernos saben a veranos azules, eternos, felices.

Que el famosísimo Pan de Azúcar puede ser confundido con otros peñones como los Hermanos, que eso sólo los hace más únicos, más especiales. Que los peñones o colinas se les llama morros. Que una de las mayores atracciones de Río de Janeiro consiste en que ordas de turistas peregrinen un morro a contemplar una puesta de sol, que esto mismo proporciona esperanza en el género humano. Que otra puesta de sol asombrosa se da en Palaphita, un bar con sillas de madera y cojines de colores a la orilla de un lago rodeado de colinas –gracias Nathalie por el descubrimiento-. Que el bar Bracarense tiene un estilo castizo en plena zona pija de Rio de lo más agradable. Que en Lapa existe hostales para solteiros, sea eso lo que signifique. Que el barrio de Santa Teresa se asimila a un Montmatre con reminiscencias de Sacromonte desgastado. Que a sus pies, Lapa luce como una Habana llena de vida. Que en general, existe cierto estilo colonial que transmite la saudade típica de Lisboa. Que otros colonizadores son el banco Santander, que florecen en cada manzana como setas.

Que abandonar el país mientras se juega un clásico de las Américas: Brasil contra Argentina provoca un ataque de esa misma saudade que hace desear que cualquier volcán del mundo estalle unas horas antes para quedarte retenida en esas tierras.


Un largo viaje es también una suspensión en el vacío, por eso crea en ti una sensación de eternidad. El viaje es un espacio en permanente movimiento donde sólo parece detenerse tu propio tiempo interno. Observas, como un voyeur impúdico, cuanto sucede a a tu alrededor, y a la vez que te implicas, te asombras, te estremeces, sientes la ternura de los hombres y también el temor a lo imprevisto: te observas mientras miras fuera de ti.

Vagabundo en Africa. Javier Reverte

viernes, 7 de septiembre de 2012

EXPLORADORA



Mañana cruzo el charco de nuevo en dirección al continente de América de nuevo…. Pero esta vez, al Sur, a Brasil. Desde mi primera y única visita al Hemisferio Sur –Bolivia y Perú, uno de mis viajes predilectos sin lugar a duda- no he vuelto a pisar Sudamérica, aunque si he soñado a menudo con hacerlo.

Ahora que el destino me permite realizar este gran viaje, volvemos a recuperar el alma de exploradora: ¿Qué me deparara este singular país? ¿Me convertiré en la próxima Garota de Ipanema? ¿Volveré con ese delicioso acento -algo llorón-? ¿Mis –nulas- habilidades para la samba crecerán exponencialmente? ¿Me volveré adicta a las caipirinhas? ¿Volveré con una saudade inmensa por esos lugares extraños?

La respuesta a todo esto y más os la contaré en unos días. Sedme felices mientras tanto -y no dejéis de ver esta obra maestra de película-.

domingo, 2 de septiembre de 2012

OLEAJE



Un domingo de sol intenso, con tintes de fin de verano, con reminiscencias otoñales de esas un poco melancólicas, con desplazamientos de vida, de trastos y de almas encerradas en cajas por enésima vez… Una mezcla de trajín, cansancio, satisfacción y marejada por una corriente que no podemos controlar.

Por eso, una historia de mar, de corrientes, de barcos, de príncipes, princesas, de naufragios cerca de acantilados… coronado por un gran festival en Bagdad que es la Suite de Sherezade del gran Rimski Korsakov adereza perfectamente este instante. Recomendación: cerrad los ojos y dejar fluir la música por vuestro interior.

La música que arropaba misteriosamente todo cuanto hacíamos o decíamos. Fue entonces cuando intuí que todos nuestros movimientos, incluso los sentimientos, se producían mágicamente dentro de alguna sinfonía. Esa que luego, a retazos, reconocemos con los años, de donde brotan la añoranza o la memoria.

Ana María Matute. Paraíso inhabitado.

martes, 28 de agosto de 2012

EL MINUTERO ACELERADO



Es escalofriante lo rápido que pasa el tiempo. Fuera de los tópicos que esta frase conlleva, creo que es la realidad que menos apreciamos cuando somos unos niños. Creemos que toda la vida seremos fuertes, ilusionados, llenos de energía, idealistas, simples… Que mantendremos en pie los ideales en los que creemos a pesar de todo y de todos, que no nos dejaremos derrumbar, que siempre iremos a por lo que queremos en la vida sin miedo, que siempre nos brotará una limpia mirada hacia lo que nos rodea…

Hasta que llegas un día en que empiezas a notar un ligero decaimiento general en todos los sentidos: mental, anímico, de principios, de salud… y no sólo tuyo, sino de tu generación. Y que cada vez se acelera más y más… Y que en la gente querida más mayor que tú eso no llega sino en forma de achaques amplificadísimos, cuando menos.

Descubrir eso en la treintena es una gran putada. Te entra pánico, te quedas helada, te carcomes. Se congelan las ansias de ser fuerte, poderosa. Desearías haber vivido esto u otro de esta u otra manera. Desearías haber llevado la vida que no llevas. Pero sabes que cualquiera de las posibles vidas que hubieras escogido te llevarían al mismo punto. Porque al final somos tremendamente previsibles, y es así como estamos todos: solos, terriblemente solos, en la marabunta del declive de la vida.

El tiempo fluye siempre igual que fluye el río: melancólico y equívoco al principio, precipitándose a sí mismo a medida que los años van pasando. Como el río, se enreda entre las ovas tiernas y el musgo de la infancia. Como él, se despeña por lo desfiladeros y los saltos que marcan el inicio de su aceleración. Hasta los veinte o treinta años, uno cree que el tiempo es un río infinito, una sustancia extraña que se alimenta de sí misma y nunca se consume. Pero llega un momento en que el hombre descubre la traición de los años. Llega siempre un momento en el que, de repente, la juventud se acaba y el tiempo se deshiela como un montón de nieve atravesado por un rayo. A partir de ese instante, ya nada vuelve a ser igual que antes. A partir de ese instante, los días y los años empiezan a acortarse y el tiempo se convierte en un vapor efímero que envuelve poco a poco el corazón, adormeciéndolo. Y, así, cuando queremos darnos cuenta, es tarde ya para intentar siquiera rebelarse.

La Lluvia Amarilla. Julio Llamazares.

domingo, 26 de agosto de 2012

LA OTREDAD



Sin poseerse no había posesión de la otredad, ¿y quién se poseía de verás? ¿Quién estaba de vuelta de sí mismo, de la soledad absoluta que representa no contar siquiera con la compañía propia, tener que meterse en el cine o en el prostíbulo o en la casa de los amigos o en una profesión absorbente o en el matrimonio para estar por lo menos solo-entre-los-demás? Así, paradójicamente, el colmo de la soledad conducía al colmo de gregarismo, a la gran ilusión de la compañía ajena, al hombre solo en la sala de los espejos y los ecos. Pero gentes como él y tantos otros, que se aceptaban a sí mismos (o que se rechazaban pero conociéndose de cerca) entraban en la peor paradoja, la de estar quizá al borde de la otredad y no poder franquearlo. La verdadera otredad hecha de delicados contactos, de maravillosos ajustes con el mundo, no podía cumplirse desde un sólo término, a la mano tendida debía responder otra mano desde el afuera, desde lo otro.

Rayuela. Julio Cortazar

miércoles, 22 de agosto de 2012

COMO EN CASA



Me encanta que el mundo tenga una dimensión gigantesca y diminuta a la vez. Me encanta que cuando te propones hacer un viaje, baste con comentárselo a tres personas para que al día siguientes tengas una lista de diez contactos en cada ciudad que vayas a visitar. Me encanta que esos contactos no tengan reparo alguno en alojarte en su casa, en darte explicaciones, en hacerte de guía, en ayudarte en lo que sea.

Me encanta que los que seres humanos, pese a todo lo desastres que podemos ser en muchas cosas, tenemos un fondo sanote y generoso que nos incite a ayudar, simplemente por el hecho de sentirnos bien.

Me encanta que nos encante seguir conociendo a gente nueva e interesante que complemente nuestras vidas. Me encanta seguir llenando mi vida de conversaciones, complicidades y conexiones.

Me pregunto si podríamos dar la vuelta al mundo durmiendo cada noche en el sofá de un conocido (o conocido de conocido) y siguiendo enriqueciéndonos hasta el infinito. Seguro que se podría deducir de otras teorías. Si es así, podemos afirmar: claro, alto y con orgullo: El mundo es nuestro hogar.

Habían pasado meses, pero yo sentía que habían sido años. Viajar prolonga tu vida, la llena de rostros y paisajes, de cantos de otras voces y de horizontes que ignorabas. Se derrumban tus viejas ideas y nacen otras nuevas.

Vagabundo en África. Javier Reverte

domingo, 19 de agosto de 2012

IN-COMUNICACIÓN



Ya se que no descubro nada nuevo si os hablo del inmenso abismo que es Internet. De la cantidad de recursos, información y soluciones que tiene para cualquier persona: desde un niño –como mi sobri- que quiera ver Pocoyó insistentemente, hasta una abuelita que quiera aprender la receta del pollo a lo chilindrón –si es que todavía no la sabe-. Hay cursos para casi todo, maneras infinitas de autoaprender, de divertirse, de encontrar libros, música, de enterarnos de eventos… Cada vez estoy más convencida de que Internet tiene un genio dentro y que, cualquier cosa que le pidas, te da una salida.

Y claro, una clara aplicación del mundo interneterino es, cómo no, las redes sociales… Aunque inicialmente yo era una escéptica sobre las ventajas del Facebook, hoy día, creo que aunque mal usado tiene muchas desventajas, se le puede dar un buen uso para, por ejemplo, mantener el contacto con la gente que no está cerca de ti, pedir ayuda, opinión, obtener información….

Otra característica de este gran mundo que es Internet es que somos nosotros lo que lo hacemos, lo amoldamos y lo transformamos, a veces nos falta saber como comunicarnos… Así que el otro día tuve ocasión de que un amigo me explicara los pros y contras del Facebook frente a Twitter (del que yo no sabía nada)… y me convenció tanto, que me he tirado a la piscina.

Desde ya Timonera tiene una cuenta de Twitter: @tomaeltimon Si, de momento ando un poco perdida, pero poco a poco aprenderé… Desde aquí os animo a que me visitéis por allí también, y ya puestos que me enseñéis un poco… Nos vemos –también- en otra dimensión.

miércoles, 15 de agosto de 2012

LAZOS INVISIBLES



Imaginaros una sala llena de gente por cualquier motivo: puede ser un concierto, una charla, una fiesta, o un instante cualquiera en una plaza cualquiera… Aparentemente, sólo vemos los lazos de unión visibles, los evidentes… Por ejemplo, en el caso de una plaza, veremos esa familia con sus dos niños correteando, esas tres amigas entorno a una cerveza, un grupo grande de gente joven riendo…

Con esos ojos de espectador externo, probablemente no podremos llegar a vislumbrar nada más… ¿O tal vez si? Si realmente nos volvemos muy detallistas y analizamos el detalle casi microscópico, veremos cruzar alguna mirada furtiva de una mesa a otra, algún sutil giro de cabeza o alguna cabezada casi imperceptible a modo de saludo…

Y es que, en realidad, esa plaza está llena de lazos invisibles –que no inexistentes- de muchas de las personas ahí reunidas. En prácticamente cualquier sitio conocido en que nos reunamos, siempre habrá gente que se ha conocido en el pasado y se ha distanciado a día de hoy. Habrá antiguos amantes, antiguos amigos, antiguos compañeros de clase, de trabajo… muchos de los cuales solo alcanzarán a hablar unos minutos o a hacerse un gesto con la mano cuando, en realidad, les apetecería darse un buen achuchón, estarse un buen rato conversando y mirándose, explicándose la vida…

Eso pensaba yo hace unos días en un concierto mítico de Barricada. Que el filtro con el que observamos la realidad es sólo una pequeña cara de ella. Del mismo modo que si miramos una galaxia con nuestros ojos sólo veremos la luz de algunas estrellas, pero si la observamos a través de un filtro en rayos-X veremos todo su gas. Ese concierto aunque rebosante de interacciones –visibles y tangibles- entre los asistentes, se de buena tinta que estaba lleno antiguas relaciones reencontradas -de esas que emiten en cualquier longitud de onda, menos la visible-.

jueves, 9 de agosto de 2012

REGANDO LAS RAÍCES



Y como cada año, llega una de las viejas y añoradas costumbres… La de vestirse de un estricto verde y blanco al unísono cada día; la de brindar por los que faltan, por los que están y por lo bueno que ha dado el año; la de beber, saltar, reír, y apurar el cuerpo al límite de sus posibilidades; la de mezclar tradiciones ancestrales aragonesas -jotas, guiñotes, ofrendas- con actos más de nuestro tiempo; la de tirarnos horas en las calles nocturnas de palique y risotadas infinitas; la de sacrificar el sueño por bailes de danzantes, comidas familiares o desfiles joteros; la de acudir a parajes oscuros -lugares de nacimiento de leyenda- y contemplar lluvias de lágrimas; la de colgarnos un ramito de albahaca de cualquier mechón, solapa o escote que se precie…

Si… ya es San Lorenzo. Una fuente de alegría permanente año tras año. Una de las celebraciones más acogedoras que existen. Uno de mis grandes motivos de orgullo de mis raíces. ¡Viva San Lorenzo!

lunes, 6 de agosto de 2012

NOSOTROS CON NOSOTROS MISMOS

Las personas vienen… y se van. Unas te queman con sus dedos. Otras te bendicen con su aliento. Otras te dejan una sonrisa cuando recuerdas, un suspiro cuando te acuerdas, una lágrima cuando te duele. Así es la vida, llena de dulces y amargos, de nacimientos y entierros, de momentos de absoluta felicidad y punzadas de tremenda tristeza.

Es éste propio vaivén es que nos mantiene vivos, el que nos evita marchitarnos y también relajarnos, el que nos frena de enterrarnos y nos empuja a la propia existencia.

Creemos que nos tenemos a nosotros mismos, un pilar de roca sólida, un mejor amigo en nosotros mismos, la más fiel de nuestras compañías, el más seguro de nuestros consejeros…

Pero a veces, olvidamos que nosotros mismos también nos sometemos a las fluctuaciones de la vida. De los instantes. Y esos pocos segundos en que nos ausentamos, son suficientes para que la vida nos zarandee.

Por suerte, siempre acabamos volviendo, con algún moratón o rasguño de más. Incluso con desconsuelo. Pero con lecciones aprendidas. Con soluciones parciales. E iteramos el proceso.

... Y casi siempre acabamos convergiendo. He aquí una manera impresionante de hacerlo de la mano y llanto de la grandísima Chavela.

Ojala que te vaya bonito,
ojala que se acaben tus penas,
que te digan que yo ya no existo,
que conozcas personas más buenas.
Que te den lo que no pude darte,
aunque yo te haya dado de todo.
Nunca mas volveré a molestarte
te adoré, te perdí, y a mi modo.

Cuantas cosas quedaron prendidas
hasta dentro del fondo de mi alma,
cuantas luces dejaste encendidas,
yo no se como voy a apagarlas.

Ojala que mi amor no te duela
y te olvides de mí para siempre.
Que se llenen de sangre tus venas
y que la vida te vista de suerte.
Yo no se si tu ausencia me mate
aunque tengo mi pecho de acero,
pero nadie me diga cobarde
sin saber hasta donde te quiero.

viernes, 3 de agosto de 2012

PODEROSA

Hacía mucho mucho tiempo que no me sentía tan poderosa… Por fin, tras meses de aprender y desaprenderme, de entender, de asimilar, de aceptar, de entender… Proclamo con orgullo que me he superado a mí misma. Que he superado un escalón altísimo en mi vida. Que he vencido lo que me hacía daño, el terror a caer. Que he puesto freno al hurto de mi felicidad. Que he conseguido dar un paso gigantesco hacia mi libertad y mi bienestar. Que he derrotado el miedo al miedo.

Hoy me considero una campeona en la Olimpiada de mi vida. Un abrazo a Carmen desde aquí por haberme ayudado enormemente en esta escalada.



Y hoy brindo por tí… y brindo por mí.

Así se inician los hombres de vuelo superior, que no son los que siempre vencen, sino los que saben levantarse; aquellos que tienen capacidad de reacción, que saben aprender, anotar, fijarse bien en los hechos y distinguir lo que es importante de lo que es accesorio. La vida enseña más que muchos libros. Abrir bien los ojos y tener una cierta capacidad de síntesis es fundamental. Un hombre así está siempre ardiendo. Es muy difícil poder con él; incluso en los peores momentos cuenta con un rescoldo latente debajo de las cenizas que le empuja a guerrear, a seguir en la brega, a volver a empezar. Si el sufrimiento es la forma suprema de aprendizaje, la voluntad es la llave que hace que nuestros sueños se conviertan en realidad.

La ilusión de vivir. Enrique Rojas