viernes, 22 de noviembre de 2013

REALISMO ILUSTRADO



(Un abrazote desde aquí, Bea, por la canción)

Llevo un tiempo buscando piso en París en la distancia para mi nueva etapa que se aproxima inminentemente y la verdad es, que si bien varias personas me habían asegurado que era toda una hazaña propia de un descendiente directo del Cid campeador encontrar algo a un precio asequible, pensaba que exageraban o que habían tenido mala suerte. No podía imagina que era completamente verídico.

Aún no he aterrizado allí y pienso hacerlo con muchísimas ganas y toda la carne en el asador, pero así a priori, me parece muy sorprendente –cuando menos- que en una de las ciudades más increíbles del mundo, abanderada de la libertad y la igualdad, la gente viva hacinada. Estoy viendo gente de más de 40 años pagar 700 euros por una habitación en un piso compartido y aún así darse de bofetadas por conseguir uno. Estoy viendo pagar cantidades astronómicas por 20 metros cuadrados. Estoy viendo multitud de trabas burocráticas para alquilar un habitación. Y no sigo, que no es el lugar ni el momento.

La verdad es que pensé que, en esta nueva aventura mía en el extranjero, al ser en otro país de Europa -además de viejo conocido, sobre todo para los que somos del norte-, no tendría un choque cultural tan grande como el que tuve en EEUU, país con una historia y desarrollo muchísimo más divergente al nuestro en comparación con los europeos. Y sin embargo, creo que aún no estoy allí y ya me estoy llevando una gran sorpresa: ¿cómo es posible que la gente aguante eso tanto tiempo? Si gente como yo, que tenemos un sueldo medianamente digno, ahorros, contactos y por eso mismo, pertenecemos a un porcentaje muy pequeño de población, casi no podemos llegar a optar a un piso de 20 metros cuadrado, ¿quienes puede hacerlo entonces? ¿Porqué, entonces, la gente sigue viviendo así? ¿Es que la belleza, el alma, de la ciudad compensa lo suficiente? ¿Por qué no se alían entre ellos en lugar de pelear por ello? ¿No se trata de uno de los países del mundo que ostenta la fama de ser reivindicativo?

Y ya en un nivel más de filosofía: ¿Por qué aceptamos ciertas cosas? Supongo que es por el mismo motivo que la gente acepta estar en paro y seguir yendo a trabajar, o piensa que su amante dejará a su mujer por amor… Por una mezcla de ceguera voluntaria, pereza, miedo y ensoñación.

De cualquier manera, es sólo una primera impresión sin haber puesto el pie allí un tiempo largo. Volveré a contaros mis observaciones de éste y mucho otros aspectos una vez allá. Si algo he aprendido viajando es que una aprende cosas nuevas que valorará toda la vida y aprende a valorar cosas antiguas que no conocía su auténtico valor.


Siempre, en todos los grandes viajes y en los libros que quieres escribir, hay una hora en que tu sentido común y tu corazón te aconsejan rendirte, cuando nada se parece a lo que has imaginado ni a lo que te han dicho o has leído, y también cuando tu propio sueño se desmorona ante la realidad de tu poco valor y tu escaso talento Incluso cuando te das cuenta de que nada es seguro y que puedes encontrarte de bruces con lo que no imaginas. Pero es ése el momento en el que debes vencer  en el que debes decirte que hay que seguir, porque luego comprendes que se trata del mejor instante de tu vida.

Vagabundo en África. Javier Reverte

lunes, 18 de noviembre de 2013

EL HOMBRE OFICIOSO


Las cosas que hacía no le importaban nada y estaba encantado. De pronto comprendió la felicidad de las gentes (hasta entonces siempre se había compadecido de ellas) que desempeñaban una función a la que no se sentían obligadas por ningún "es muss sein!" interior y que podían olvidarla en cuanto dejaban su puesto de trabajo. Hasta entonces nunca había sentido aquella dulce indiferencia. 

La insoportable levedad del ser. Milan Kundera

viernes, 15 de noviembre de 2013

FRONTERAS HUMANAS



Se aprende mucho estudiando la naturaleza humana.. No es que me guste hacer deliberadamente experimentos previamente planeados con las personas, porque, entre otras cosas, no creo que se deba hacer algo que no te gustaría que se te hicieran a ti. Sin embargo, a veces la vida se encarga de realizar un experimento sólo para tí y te planta los resultados delante de tu cara para que aprendas del comportamiento humano.

Una de las situaciones que me he enfrentado estos días ha sido una situación extrema y continua de estrés, ante la cual he observado tres comportamientos diferentes. En primer lugar, existe gente que decide cargar un peso tremendo sobre sus hombros sin importar lo que hagan los demás, por voluntad propia, porque creen en la causa del estrés, lo cual les hace tremendamente respetables y el posible mal humor que los nervios y el cansancio pueden provocar es 100% perdonable. Como contrapartida, estas personas son, por su carácter bondadoso, altamente influenciables y maleables. Por otra parte, existe los que deciden cargar mucho peso por compromiso y, como consecuencia, se preparan para juzgar a los demás si deciden no hacerlo o incluso, forzarles a actuar de la misma manera que ellos bajo pena de crear un vacío, hacer sentir mal, culpabilizando o adoptando un papel de víctima. Finalmente, existen los individuos que deciden no hacer suyo esos problemas y se desentienden de todo y de todos, haciendo lo que mejor le parece para su bien. Este comportamiento es, desde luego el más sincero bajo mi punto de vista, mucho más preferible al anterior ya que se basa en un "cuida de ti mismo y sólo si tienes tiempo preocúpate de los demás”, algo totalmente respetable.

Si bien estos tres tipos de personas pueden parecer evidentes, a mí no me lo había resultado hasta ahora. Es bueno ser consciente del entorno y sus opciones –al igual que, por ejemplo, de las diferentes maneras de viajar-, para decidir cómo quieres actuar ante cada persona y como decides actuar ante la interacción con cada prototipo. En mi caso, lección aprendida.

Lo bueno de los experimentos –conscientes o no- es que siempre arrojan resultados, es cosa nuestra aprovechar la oportunidad y aprehenderlos.

lunes, 11 de noviembre de 2013

FRECUENCIAS



Ahora podemos entender mejor el abismo que separaba a Sabina de Franz: él escuchaba con avidez la historia de su vida y ella lo escuchaba a él con la misma avidez. Comprendían con precisión el significado lógico de las palabras que se decían, peor no oían en cambio el murmullo del río semántico que fluía por aquellas palabras.

La insoportable levedad del ser. Milan Kundera

jueves, 7 de noviembre de 2013

FRÁGIL

(Una versión maravillosa de esta canción, aquí) 

Pienso en la época en que el mundo conocido apenas existía para nosotros cuatro; los días eran simplemente espacios entre sueños, espacios entre capas móviles de tiempo, de actividades, de charla intrascendente... Un flujo y reflujo de asuntos insignificantes, un husmear cosas muertas, fuera de todo ambiente real, que no nos llevaba a ninguna parte, que no nos exigía nada salvo lo imposible: ser nosotros mismos. 

 Justine. Lawrence Durrell.

domingo, 3 de noviembre de 2013

ACOPIO DE APRENDIZAJE



Una de las máximas preferidas de mi madre siempre ha sido: El saber no ocupa lugar. Haciendo que mi hermana y yo, nos imagináramos a Saber, como un señor muy muy alto y muy muy delgado, como un personaje de una historia de animación francesa. Con el paso de los años, he entendido y agradecido infinitamente a ese señor Saber –y a mi madre, su creadora, por supuesto- por todo lo que ha puesto a mi disposición.

Recuerdo que cuando éramos pequeñas, nuestros acopios de saber durante el curso consistía en las asignaturas del colegio, el conservatorio y los idiomas, además de miles de libros y cassettes que siempre rondaban por casa. Cuando llegaba el verano, las cosas cambiaban. El aprendizaje entonces se convertía en más light y en lugar de tener que hacer deberes, o empollar tochos, la cosa iba más sobre esos pequeños aprisionamientos de sabiduría que podrían sernos de ayuda – o tal vez no- en la vida, pero que, en cualquier caso, no requerían demasiado esfuerzo, dinero o tiempo.

Yo hoy día, tengo la teoría que es gracias a ese puñado de cosas extremadamente útiles que hemos sabido sobrevivir a esta vida de locos. En esa sucesión de veranos, aprendimos cosas tan útiles como mecanografía –no puedo ni imaginar lo lentísima que sería la vida sin poder escribir en un teclado a un ritmo ligero-; taquigrafía –ciertamente no ha tenido muchas aplicaciones conscientes, pero sí que me ayudó a comunicarme en clave, a parecer que escribía en árabe o apuntarme alguna palabra imposible de recordar en la mano para un examen-; corte y confección –aunque yo odiaba esas mañana eternas rodeadas de señoras que ponían el grito en el cielo por no adelgazar con su dieta frugal, aprendí mucho de ellas y además, que un buen patrón puede hacerte crear cualquier cosa-; cante y baile de jotas –una de las cosas que más orgullo me provoca. El arte jotero conlleva una actitud ante la vida, una fortaleza impresa en los descendientes de Agustina de Aragón.-; encuadernamiento de libros –donde desarrollé la buena intención de querer curar las heridas a los andrajosos volúmenes que frecuentaban ese hospital de libros (la biblioteca pública, de hecho). No pasó de una buena intención ya que, dicho sea de paso, siempre fui una chapucera indeleble-; pintura –pues eso, intentar pintar o dibujar me hizo ser consciente de que el chapucerismo es una fuerza genética más poderosa que cualquier posibilidad artística. Está bien ser consciente de tus más y tus menos.-; maquillaje –mi madre me hizo hacer esta actividad cuando comencé a tocar en un cuarteto en bodas porque, según ella, el susodicho señor Saber se convertía en una buena inversión con objetivos cortos. Así que, me encontré en aquel laboratorio de máscaras, sombras y pinturas y aprendí cosas muy curiosas: por ejemplo, que el verde mata el rojo o que el quitaojeras puede quitar casi cualquier cosa-; cocina –impartida por mi propia madre, una de las mejores cocineras que conozco, durante tres veranos seguidos. Aquí aprendí que las artes siguen un riguroso proceso científico (temperaturas, cantidades, ingredientes fundamentales) que no puedes saltarte, pero que existe una segunda cuestión: la intuición, no menos importante que la primera que marca la diferencia entre algo bien hecho y algo grandioso-.

Casi quince años después de que ya no viva con mis padres, el señor Saber sigue estando muy muy presente. Él me ha demostrado con numerosos ejemplos como algo que puedes aprender un poco al azar puede resultarte utilísimo a partir de un cierto momento –como esa prenda de ropa que compraste medio a desgana y hoy día es la cosa más cómoda y útil que tienes en el armario- o bien puede no tener resultados tangibles pero el hecho de tenerla en tu subconsciente puede darte visiones del mundo que de otra manera no hubieras podido tener.

Por eso, hoy brindo por ese señor y por esos padres –un besote desde aquí- que tenían esa sabiduría innata para hacernos aprender por el mero hecho de aprender.


Lo mejor para la tristeza –contestó Merlín, empezando a soplar y resoplar- es aprender algo. Es lo único que no falla nunca. Puedes envejecer y sentir toda tu anatomía temblorosa; puedes permanecer durante horas por la noche escuchando el desorden de tus venas; puedes echar de menos a tu único amor, puedes ver al mundo a tu alrededor devastado por locos perversos; o saber que tu honor es pisoteado por las cloacas de inteligencias inferiores. Entonces sólo hay una cosa posible: aprender. Aprender por qué se mueve el mundo y lo que hace que se mueva. Es lo único que la inteligencia no puede agotar, ni alienar, que nunca la torturará, que nunca le inspirará miedo ni desconfianza y que nunca soñará con lamentar, de la que nunca se arrepentirá. Aprender es lo que te conviene. Mira la cantidad de cosas que puedes aprender: la ciencia pura, la única pureza que existe. Entonces puedes aprender astronomía en el espacio de una vida, historia natural en tres, literatura en seis. Y entonces después de haber agotado un millón de vidas en biología y medicina y teología y geografía e historia y economía, pues, entonces puedes empezar a hacer una rueda de carreta con la madera apropiada, o pasar cincuenta años aprendiendo a empezar a vencer a tu contrincante en esgrima. Y después de eso, puedes empezar de nuevo con las matemáticas hasta que sea tiempo de aprende a arar la tierra.

The Once and Future King. Terence White.

jueves, 31 de octubre de 2013

LA REIVINDICACIÓN DEL CUENTO


Si, lo reconozco, soy algo hiperactiva –especialmente a nivel mental-. Me encanta leer varias cosas a la vez: una novela que veas crecer a través de su hilo conductor, un ensayo que te invite a reflexionar, una buena poesía que te haga acabar el día con un toque de belleza… o un buen cuento.

Los cuentos son de las cosas más agradecidas para cuando no tienes mucho tiempo: te empapas de una historia, te presentan a unos ilustres seres –muchas veces de los que te atrapan el alma y no te la sueltan en mucho tiempo-, les acompañas en una aventura y te despides unos minutos más tarde con el corazón encogido, con el aliento congelado, con una alegría risueña, maravillada con una visión distinta…

Hace un par de días, me terminé un libro de cuentos fantastiquísimo de una grande: la gran Almudena Grandes. El libro se llama: Modelos de mujer y consiste en siete relatos protagonizados por, como bien indica el título, mujeres. En sus páginas las hay de todo tipo: mujeres fuertes – un clásico en sus historias-, débiles, egoístas, soñadoras, melancólicas, inteligentes...

En particular, os recomiendo tres de estos cuentos que me han parecido sublimes: Malena, una vida hervida; El vocabulario de los balcones y Modelos de Mujer. Los tres son relatos que desbordan humor y tremendamente impactantes. Temas como los prejuicios, los complejos, las obsesiones, los transtornos de la alimentación, el amor –y su ausencia-, la infancia, la crítica social… son los ingredientes de estas historias. Y vosotros, ¿cuales son vuestros cuentos predilectos?

Mientras tanto, ella había empezado ya a asignar un sabor y un olor determinados a cada persona, y se esforzaba por recordarlos con precisión cada vez que se tropezaba con cualquiera de sus portadores. Su madre sabía a tarta de limón con merengue tostado por encima, su padre a callos recién hechos y un poco picantes, su hermano mayor a besugo asado a la espalda, con mucho ajo...

Malena, una vida hervida. (Modelos de Mujer). Almudena Grandes.

domingo, 27 de octubre de 2013

EVALUACIÓN CONTÍNUA

Mi amigo Manu -un abrazote desde aquí- con quien, desde que nos conocimos ya hace siete años en las calles de París, mantenemos un intercambio de poemas, canciones, películas, libros, danzas y tertulias, a la vez que aprovechamos el mínimo resquicio para ponernos en la piel de Oliveira y Maga; me envió esta semana una inmensidad de poema que quiero compartir con el mundo.



Creo que se trata de un poema que está estrictamente relacionado con las comisuras de hacerse mayor, y estar más conforme con nuestra suerte y ser más maduros y más serenos. Así que creo que es un buen recordatorio para pararnos a mirar qué es lo que llevamos logrado hasta ahora y lo que queda por recorrer. Espero que lo disfrutéis.

Después de un tiempo, 
Uno aprende la sutil diferencia 
Entre sostener una mano 
Y encadenar un alma.

Y uno aprende 
Que el amor no significa acostarse. 
Y una compañía no significa seguridad.
Y uno empieza a aprender ... 
Que los besos no son contratos.
Y los regalos no son promesas.
Y uno empieza a aceptar sus derrotas.
Con la cabeza alta y los ojos abiertos.

Y uno aprende a construir.
Todos sus caminos en el hoy, 
porque el terreno de mañana 
es demasiado inseguro para planes ... 
Y los futuros tienen una forma de 
caerse en la mitad. 

Y después de un tiempo 
Uno aprende que si es demasiado 
hasta el calorcito del sol quema. 

Así que uno planta su propio jardín 
y decora su propia alma.
En lugar de esperar a que alguien 
le traiga flores. 
Y uno aprende que 
realmente puede aguantar, 
que uno realmente es fuerte, 
que uno realmente vale, 
y uno aprende y aprende, ... 
Y con cada día uno aprende. 

Jorge Luis Borges (basado en un poema de Shakespeare)

jueves, 24 de octubre de 2013

BREVE PERO INTENSO

Aquí os dejo unas joyitas ultra-compactas de la mano de Ajo, esa gran micro-poetisa que murmura verdades de manera precisa y certera. Que los disfrutéis.







lunes, 21 de octubre de 2013

EL COLOR ESPECIAL

Pedazo fin de semana bonito he disfrutado en Sevilla –un besazo desde aquí, Núria-. Dos días geniales rodeada de gente superinteresante, con la que charlar de arte, de proyectos, de música, de literatura...



Deslizándonos despacito desde el mercado para armarnos de los ingredientes para fabricar un sushi casero de lo más pintoresco, hasta las butacas de un concierto con sabor norteño. Desde la saciedad después de emborracharnos de lectura, hasta la libreta llena de recomendaciones que dibujan ese paraíso al que todavía no llegan los bancos. Desde un mundo donde lo importante son las ideas, la autenticidad y las mentes, hasta una amistad antigua y elegida, donde nos entendemos en todos nuestros logros y nuestras carencias.

En definitiva, una cuna de orígenes reencontrados al lado de casa, donde recuperar nuestra esencia.

miércoles, 16 de octubre de 2013

TESTIGOS

Ayer, acabé mi libro de poesía completa de Alejandra Pizarnik que me regalé hace cinco años –y este blog es testigo- y que me ha acompañado a través de una larga travesía de mudanzas, aromas y sonidos varios. Si, se que cinco años para un libro es una barbaridad, pero es que a mí la poesía me gusta paladearla… Tomar una cada día, como si fuera un pastilla de chocolate… Racionarla, saborearla. Así, ayer cuando concluí con todas esas páginas, me sentí un poco huérfana: uno de esos testigos de mis alegrías y mis tristezas en unos años fundamentales, llegaba a su fin. La hora de la despedida, la hora de guardarlo en –esta vez, si- una caja que no abriré hasta dentro de mucho tiempo. Alejandra no viene a París –a pesar de tener un mapa con un poema suyo escrito por sus calles-. Otros lo harán.

El caso es que hoy pensaba en aquellos objetos -para nada inertes-, que han sido testigos mudos de tantos instantes de mi vida y que me han acompañado en muchas de mis aventuras. Aquellos que, si la vida se pudiera grabar en un video y comprimirlas en un habitación, al rebobinar permanecerían, inalterables, en la estantería del fondo.

Por ejemplo, guardo con increíble cariño, una trilogía de cuadritos inspirados en rincones de Granada que me pintó Silbia hace ya más de siete u ocho años, una camiseta que tengo desde los siete años –hay documentos gráficos que lo atestiguan- que todavía me pongo de vez en cuando, un libro que me regaló mi madre sobre los 18 años y fue un impulso definitivo para ser quien soy, además de haber pasado por las manos de muchísimas personas queridas, una foto en blanco y negro de unos carnavales en la Universidad, en Barcelona, que me regaló mi amigo Ferran y hoy está arrugadísima pero todavía tiene la virtud de sacarme una sonrisa cada vez que la miro, un montón de libretas polvorientas donde he ido anotando enseñanzas y reflexiones, un puñado de poemitas-regalos de amigos varios que siempre llevo en la cartera, una camiseta de rayas rojas y naranjas que me ha acompañado a casi todos los conciertos de mi vida, un herbario clavelino lleno de luz, un CD sorpresa obra de Gemmita con millones de recuerdos en él, mi querida querida viola, el primer planisferio con el que intenté escudriñar el cielo por primera vez…

En fin, lo cierto es que, hay objetos que, por muy materiales que sean, puedes llegar a considerarlos parte de tu familia, amigos inolvidables que te acompañarán toda la vida. Desde aquí, un abrazo a todos y cada uno de vosotros, gracias por este trocito vuestro.

domingo, 13 de octubre de 2013

INSTANTES FELICIANOS

Ah, qué buenos estos días escasos otoñales –algo melancólicos a la vez que delicados- donde los rayos de sol ya debilitados nos acarician como a modo de despedida del verano agotado… Qué sensación de tranquilidad absoluta la de apoderarse de un par de libros y escurrirse por sus páginas, una, tras otra, tras otra mientras nos nutrimos de un auténtico desayuno granadino mañanero… Qué delicia el compartir una comida campestre con amigos y sazonarla con un paseo entre esos árboles teñidos ya de rojo, verde y amarillo que adornan esos pueblos blancos impolutos alpujarreños.



Sería maravilloso el poder hacer una fotografía a un día así en las n-dimensiones que tiene: la de los instantes más simples de la felicidad. Aquellos días en los que todo es suave y no querrías estar en ningún otro sitio más que disfrutando con los tropecientos sentidos de una mecedora que es un día primerizo de otoño.

Descartes escribió que la felicidad es un asunto de los sentidos. Ver, oír, tocar, oler, saber con la lengua: ésa es la felicidad. Después, Descartes escribió muchas otras hojas llenas de palabras, lo que es una lástima porque ya había llegado a la verdad en la página 25. Sí, la felicidad más sencilla, y más feliz, es sentir con los sentidos. Pensar con los ojos y la piel y la lengua y las narices y el oído. 

La mujer que buceó dentro del corazón del mundo. Sabina Berman.

jueves, 10 de octubre de 2013

LA NO-LINEARIDAD


Al amanecer, mientras contemplaba absorto la Luna, me pregunté hasta cuándo seguiría así. Dentro de poco me encontraré en alguna parte con otra mujer, me dije. Nos atraeremos de forma natural, como dos astros errantes. Entonces volveremos a esperar en balde un milagro, perderemos el tiempo, desgastaremos nuestros corazones y nos despediremos. ¿Hasta cuándo iba a seguir así?

Baila, baila, baila. Haruki Murakami.

domingo, 6 de octubre de 2013

AMOR EN PERSONA

Hace muy poco oí hablar por primera vez del arte de Marina Abramovic, una artista serbia que es una de las pioneras en explorar el arte y su relación con el publico, con el cuerpo y con la mente.

Si bien este tipo de arte me resulta difícil de entender en su totalidad, admiro a aquellos que orientan su vida a acercarnos a una imagen poética, a una idea, a un abrazo final. Por ejemplo, quizá una de sus obras más conocidas, en colaboración con alguien que fue su pareja, compañero de trabajo durante años y amor de su vida, Ulay, fue el comenzar la travesía de la Gran Muralla China por los extremos opuestos para encontrarse en el camino, darse el último abrazo y disolver la relación.

Hace un par de días supe de la existencia de un nuevo trabajo titulado El artista está presente –un besote desde aquí, Lorena-. En esta obra, Marina miraba fijamente un minuto a la persona que se quisiera sentar en frente de ella. Seguramente no por casualidad, una de las personas que se sienta al otro lado es Ulay, la persona que más había querido y de la que se había despedido hacía 23 años.



Este momento es de las cosas más expresivas, tristes y emotivas que nunca hayáis visto. En tan sólo unos segundos, ambos se abrazan, se besan, se perdonan, se dicen todo lo que se han echado de menos en todo ese tiempo, se reconcilian, se quieren… con la mirada, con unos ojos en los que se puede leer una historia de amor al descubierto. Libros enteros se podrían escribir sobre estos sesenta segundos.  Quizás lo más parecido a desenterrar a alguien y resucitarlo. Una materialización del amor sin lugar a dudas.

jueves, 3 de octubre de 2013

AL ABORDAJE


Increíble pero cierto. Volvemos a cumplir un año más de existencia. La verdad es que debemos estar madurando porque los años timoneros han volado. Parece imposible que hoy completemos cinco enormes años desde aquella vez que, en el inmenso paraje californiano decidí calzarme un Timón y comenzar esta aventura.

Si bien este blog ha pasado por muchas etapas, ha acabado desembocando en una especie de cajita de los recuerdos de latón con algunas reflexiones, pedazos de arte y múltiples fotos de vosotros: los queridísimos lectores habituales, los que aparecisteis un día y ya no volvisteis y ese puñado de gente nueva interesantísima que os asomáis tímidamente de vez en cuando.

En esta sexta vuelta al Sol que empezamos hoy, se anuncian numerosas marejadas. Un fin de etapa en Granada, un comienzo fulminante en tres meses en París. Cambio de aires, de vida, de gente y de costumbres. Sin embargo, también llevaros el bañador: las predicciones anuncian una gran calma después de la tormenta. Disfrutémoslo todos juntos.

 A todos los pasajeros y casi residentes de este barco, muchas gracias, el crucero por la vida no es siempre una tarea fácil, así que un placer compartir el paisaje y numerosas olas con vosotros.

Se le dibujó la misma sonrisa algo suplicante que yo había conocido, el mismo encanto de entonces, de cinco años atrás, un encanto no contaminado por nada, pleno de ese candor con el que algunas personas atraviesan todas las edades de la vida, tan raro en los hombres, y que les suele hacer vulnerables con las mujeres y presas fáciles del sufrimiento sentimental.

Lo que me queda por vivir. Elvira Lindo