martes, 7 de enero de 2014

LA AVENTURA



Todavía te latirá el corazón con un ritmo acelerado, consciente al fin de que a partir de hoy la aventura desconocida empieza, el mundo se abre y te ofrece su tiempo... Tú existes... Tú estás de pie en la montaña ... Tu contestas con un silbido la entonación de Luneto... Vas a vivir... Vas a ser el punto de encuentro y la razón del órden universal ... Tiene una razón tu cuerpo... Tiene una razón tu vida... Eres, serás, fuiste el universo encarnado... Para ti se encenderán las galaxias y se incendiará el Sol... Para que tú ames y vivas y seas... Para que tú encuentres el secreto y mueras sin poder participarlo, porque sólo lo poseerás cuando tus ojos se cierren para siempre... 

Carlos Fuentes. La muerte de Artemio Cruz.

martes, 31 de diciembre de 2013

POR LOS FUTUROS BUENOS TIEMPOS



Ya estamos ahí. Ya se acaba el año, una vez más, y con él –como mujer que adora las listas, las tradiciones y los rituales- vuelvo a echar la vista al año que se va en unas horas para sintetizar lo que ha pasado en diferentes aspectos de mi vida y ser consciente –aunque sea mientras lo escribo- de lo vivido y lo sufrido, de lo logrado y lo errado, de lo que dejo atrás y forma parte de mí, y de lo que está por venir.

Si tengo que resumir en una palabra mi 2013 creo que me quedo con auto-aprendizaje. Después de eso también ha venido el renacimiento y crecimiento. Creo que he derribado a enormes dragones que llevaban mucho tiempo bailando conmigo. Ahora, al menos el camino está mucho más despejado. Eso sólo ya, merece un buen brindis.

Aunque otros años he elegido un modesto propósito para el futuro, este año, voy a abstenerme ya que tengo demasiada incertidumbre por delante como para concretar algo. Esperaré a que poco a poco la niebla se disipe y entonces disfrutaré y elegiré mi camino. Si, quizá esto puede considerarse un propósito.

Espero que vuestros balances y propósitos sean brillantes, exitosos y que el 2014 esté lleno de alegría. Un chin chin con tintes de 2014 desde aquí.


Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría.

Defensa de la Alegría. Mario Benedetti.

martes, 24 de diciembre de 2013

ALTA MAR


Atravesar una sensación de limbo es algo extraño, una combinación de contrastes… No sabes si calificarla de agradable o aterradora, de aventura o de secuestro. Esa indescriptible sensación etérea de no permanecer a ningún sitio, de no tener unas largas raíces envolventes como mucho otros a tu alrededor, de fragilidad, de que un soplo de aire te pueda arrastrar en espiral hacia algún lugar cualquiera a la deriva, quizá peligroso o deplorable, quizá no; provoca, cuando menos, un buen nudo en el estómago.

Sé que mucha gente idealiza esta sensación y le asigna un nombre algo trivial: libertad. Si, es cierto que todos deberíamos poder decidir nuestros actos independientemente de nuestra condición social, familiar o laboral, pero esos lazos invisibles son más poderosos de lo que parecen a simple vista. Al final, solemos realizar caminos intrincados debidos a las zancadillas que esto lazos nos provocan. Pero eso es otro tema.

En mi caso, más que libertad, yo llamaría a este estremecimiento vértigo, gravedad cero… Supongo que no acarrear una retahíla de devastación detrás es bueno, símbolo de madurez y de buen hacer. Soy consciente de que con la gente importante no se le echa de menos, porque apenas notas si vives o no en la misma ciudad. Pero eso de ser un globo pendiente de un frágil hilo produce escalofríos… aunque en momentos lúcidos, también paz, e incluso una pizca de placer, sobre todo al recordar, porqué decidiste echar a volar hace muchos años ya.

Así que hoy, en este día de felicitaciones -¿de qué?- horteras, en el que todo el mundo se siente más bueno y generoso, yo, a cambio, declaro mi estatus de levedad y deseo que la vida nos haga descender, suave y limpiamente en un lugar mullido y blandito, donde allí si, nos apetezca poner algo de peso que tire de la cuerda.

Te gustaría sumar las horas que has pasado viajando a esos sitios [...], pero no sabrías cómo empezar, has perdido la pista de cuántos viajes has hecho por Estados Unidos, no tienes idea de cuántas veces has salido de Norteamérica para ir al extranjero, y por tanto jamás hallarás el número exacto ni aproximado de los miles de horas de tu vida que has pasado entre un sitio y otro, yendo y viniendo, las montañas de tiempo que has dedicado a ir en aviones, autobuses, trenes y coches, el tiempo desperdiciado en esforzarte por vencer los efectos del desfase horario, el aburrimiento de esperar a que anuncien tu vuelo en los aeropuertos, el tedio mortal de estar frente a la cinta de los equipajes mientras esperas a que tu maleta caiga por la rampa, pero nada te resulta más desconcertante que viajar en el avión mismo, esa extraña sensación de estar en ninguna parte que te envuelve cada vez que pones le pie en la cabina, la irrealidad de verte propulsado por el espacio a más de mil kilómetros por hora, tan lejos del suelo que empiezas a perder la impresión de tu misma realidad, como si el hecho de tu propia existencia se te fuera espaciando poco a poco,, pero tal es el precio que pagas por salir de casa, y mientras continúes viajando, esa ninguna parte que se encuentra entre el aquí de casa y el allí de algún sitio seguirá siendo uno de los lugares donde vives. 

Diario de invierno. Paul Auster

viernes, 20 de diciembre de 2013

RE-DESPEDIDA



Qué raras las despedidas. Tienen algo helador, como de muerte, y sin embargo despiertan la fuerza desesperada de la vida. Quizá las despedidas fundan un territorio, o nos devuelven al único territorio que de verdad nos pertenece, la soledad. Es como si, de tanto en tanto, una debiera regresar a esa zona, trazar una raya y decir: de aquí salí, ésta era yo. 

El viajero del siglo. Andrés Neuman

domingo, 15 de diciembre de 2013

LA REVOLUCIÓN DE LAS TRUFAS



Hace unos días hice una buena remesa de trufas caseras -que, no es por decirlo, pero me salen de rechupete- y decidí que iba a repartirlas entre esa gente que silenciosa, esos que están a nuestro alrededor, y que nos hacen la vida más fácil, más amable, aunque rara vez nos acordemos de la persona que hay detrás. Cuando una ha trabajado de cantante de orquesta de fiesta mayor sabe de lo que habla.

Así que un lunes por la mañana fui caminando de mi casa al trabajo con mi bandeja de trufas y las primeras cayeron en las manos de Paco, el señor de la tienda de pinturas y en las de su hija que correteaba por allí; unos metros después, Manolita la pescatera y su marido sólo quisieron coger una porque tenían que vigilar su peso, justo lo contrario que Marina la panadera, que la devoró casi con fruición. Al llegar a mi trabajo Paco, el conserje, tomó una con un ligero refunfuño amable –muy al estilo granadino- quejándose del tamaño XXL de aquellas trufas. Poco después, en la administración, fui testigo con agrado de cómo Francisco y Marian, los secretarios más eficientes de todos los tiempos, se les iluminaba la cara con su ración de chocolate… Cristina, Fina, Elisa, Rosa, Adrián… Secretarios, gerentes, cobradores... Ya, para finalizar aproveché que las cuatro chicas de la limpieza estaban haciendo su cafelito de descanso y se los endulcé un poco.

Me pareció muy curioso que todos se sorprendieran ante la ausencia de un motivo claro por el que una persona llega un día cualquiera y regala un poco de alegría. Lo cierto es que ese día insuflé un poco de dulzura en el mundo. Ese día me dio la sensación de que no es tan complicado provocar sonrisas, repartir felicidad –al estilo low–cost del calvo de lotería de Navidad-. Imaginaros el desafío mundial que puede suponer eso: iniciar la revolución de las trufas. Escoger un día cualquiera al año y dedicarse a repartir alegría –cada uno a nuestra manera-. ¿No podríamos cambiar el mundo?

Si algo aprendió Max Costa en cincuenta años de rodar por toda clase de sitios, es que los subalternos son más útiles que los jefes. Por eso procuró siempre estrechar relaciones con quienes de verdad resuelven problemas: conserjes, porteros, camareros, secretarias, taxistas o telefonistas. Gente por cuyas manos pasan los resortes de una sociedad acomodada. Pero tan prácticas relaciones no se improvisan; se establecen con el tiempo, sentido común y algo imposible de conseguir con dinero: una naturalidad de trato equivalente a decir hoy por mí, mañana por ti, y en todo caso te la debo, amigo mío. 


El tango de la guardia vieja. Arturo Pérez-Reverte

martes, 10 de diciembre de 2013

ALQUIMIA COMESTIBLE



Hace unos días me entró un mono terrible de cocinar. Me lancé a la calle en busca del material adecuado y compré harina en un sitio estupendo para hacer pan con masa madre que me habían regalado; todos los elementos necesarios para hacer una especialidad heredada de mi madre: trufas de chocolate; y un gran abanico de ingredientes más para hacer varios platos para toda la semana.

Lo cierto es que esos ratos en la cocina forman parte de otra lista de mis pequeños placeres. Esos instantes mezcla de magia, alquimia y sensación de hogar son irremplazables. Son momentos aparentemente lentos, en los que todo parece necesitar su tiempo, su ritmo, pero que en el que “se cuecen muchas cosas a la vez” -nunca mejor dicho-, y todas ellas necesitan nuestra completa dedicación.

Quizá por eso, para mí cocinar es un bálsamo que me ayuda a relajarme y dejar la mente en blanco. Esa sucesión de actos que sólo se dan en la cocina hace que tengamos que concentrar toda nuestra atención en un hervor, en que los cortes sean suficientemente finos, en que los alimentos queden sazonados en su justo punto o, en mi favorito, amasar algo con todo tu cuerpo.

Inmediatamente después, llega el trance para los sentidos: aspirar ese olor a pan recién hecho que se esparce por toda la casa, degustar un guiso recién hecho en su punto justo, visualizar las sonrisas de la gente cuando les regalas trufas… Y cuando ves que todo eso es embriagador y lo reconoces como tuyo, sólo puedes dejar que te embargue la emoción. En serio.

Si todavía no estáis enganchados, daros esta oportunidad se convertiros en alquimistas del siglo XX por unas horas. Descubriréis una actividad poderosísima que permanece latente en nuestras neveras o armarios, a la espera de que alguien la despierte.


Mientras tanto, ella había empezado ya a asignar un sabor y un olor determinados a cada persona, y se esforzaba por recordarlos con precisión cada vez que se tropezaba con cualquiera de sus portadores. Su madre sabía a tarta de limón con merengue tostado por encima, su padre a callos recién hechos y un poco picantes, su hermano mayor a besugo asado a la espalda, con mucho ajo...

Malena, una vida hervida. (Modelos de Mujer). Almudena Grandes.

viernes, 6 de diciembre de 2013

PEQUEÑOS PLACERES



En estos días en el que el insomnio, los nervios en el estómago, la avalancha de pensamientos repetitivos y/o circulares –mayormente inútiles debido a esa propiedad intrínseca de la vida por la que no sirve de mucho prever las cosas con demasiada antelación- y la lista interminable de pequeñas cosas, no me da tregua, voy haciendo uso de mis pequeños placeres al alcance de cualquier bolsillo.

En primer lugar, desgranar una buena cena con amigos mientras hablas abiertamente –maldita manía de evitar hablar de lo que nos duele- de nuestros miedos, es el mejor bálsamo que una puede encontrar. Eso es evidente, y al post anterior me remito.

Además de eso, y en otro orden, hay una retahíla de pequeños rituales que proporcionan algo de paz de espíritu Por ejemplo: leer un rato antes de levantarte de la cama, hacer el esfuerzo consciente de perderse en las callejuelas de una ciudad laberíntica, darte un baño largo con agua muy caliente,
comprarse un CD nuevo y dedicar su 40 minutos a saborear –carátula en mano- las letras que te van desgranando al oído o recuperar una película que ya habías visto y te había encantado y volverla a ver, para recuperar esa magnífica sensación de arte bien hecho.

Para mí, todo eso son magníficas herramientas que te evaden de un plumazo -al menos temporalmente- de los miedos más profundos, pero más absurdos también. Lo que, de alguna manera, te hacen relativizar y te recuerdan –por enésima vez- que al fin y al cabo, nada es tan importante.

domingo, 1 de diciembre de 2013

EL SUPERPODER DE LOS AMIGOS MUNDIALES

Hoy voy a hablaros del que, probablemente sea el poder más grande, expansivo y a su vez, más común de todos los deshilados hasta la fecha: el superpoder de la red mundial de amigos.



Todos deberíamos ser conscientes de que estamos absoluta y totalmente solos, por muy seres sociales que seamos, por el mero motivo de que poseemos un fuerte instinto de supervivencia que nos hace ocuparnos en primer lugar de nuestro propio destino. Sin embargo, una vez conseguimos mantenernos en un equilibrio temporal y llegar a un grado de satisfacción aceptable en nuestra vida, surge el concepto de la amistad: nos escogemos mutuamente con esas personas que han ido apareciendo en nuestras vidas, con las que nos queremos más especialmente, nos valoramos y siempre que esté en nuestra mano nos intentamos ayudar. La reciprocidad es una condición necesaria –si no es así, tiene fecha de caducidad- y además, debe ser de origen totalmente desinteresado. Te alegras con los logros de tus amigos, te entristeces con sus pérdidas. Intentas ayudar, consolar y celebrar la vida con ellos.

Además, los amigos son importantes porque en parte son trazadores de nuestras vidas. Son personas que nos han ayudado a tomar decisiones, nos han hecho ver pros o contras de las cosas, y han consolado nuestros miedos más profundos.

Una curiosa propiedad de la amistad es su estado latente. Existen periodos en los que no puedes cuidar mucho de ésta, pero existe un sustrato sobre el que sigue creciendo –o cuando menos, manteniéndose-. Sin embargo, en momentos críticos –ya se a de urgencia, euforia o calamidades- esa red se permea, se expande y se transforma para envolverte.

En mi caso particular, si en esta vida me felicito por el algo, es por tener el poder de haber tejido una inmensa red de amigos mundiales y de que, con el paso de los años, no deje de aumentar. Tengo la grandísima suerte de que la vida me ha presentado a gente fantástica sin la que hoy, no estaría aquí. Son, prácticamente, injertos de mi piel.

De nuevo, una vez más, estos días vuelvo a hacer uso de este gran superpoder y ante mi próxima aventura consistente en empezar una nueva vida en otro país, ya está esa gran familia mundial activada y transformándolo todo en algo mucho más llevadero, más amable, más brillante. Desde aquí un abrazo a todos y cada unos de los miembros de mi gran red.

Todos los seres humanos estamos condicionados por la historia, que todos somos hijos de una Época determinada, y nos movemos en ella como los actores de teatro se desenvuelven en un decorado. Marita y yo nos conocimos en un año concreto, en unas condiciones concretas, y nos hicimos amigas porque en aquel momento todo nos empujaba mutuamente, todo, nuestra edad, nuestra ideología, nuestros gustos, nuestra manera de entender las cosas, todo conspiraba para que acabáramos siendo amigas. 

Atlas de Geografía Humana. Almudena Grandes.

martes, 26 de noviembre de 2013

LO QUE NOS GUSTA


Una gran lección sobre el plantearse para qué sirve nuestra vida, sobre el "fuera los miedos y adentro la aventura", sobre el atreverse a renunciar a los colchones y darse cuenta de que muchas veces eran cadenas encubiertas, sobre hacer lo que a uno le requetegusta sobre todas las cosas y a liberarse del pánico que la página en blanco de un futuro incierto puede tener apostando por cosas tan delirantes como un violín-trompeta o un serrucho musical, sobre simplificar nuestra existencia y no conformarse con hacer lo que a uno le gusta, sino lo que encanta.

Bravo por esas ideas, ese coraje y por estas dos frases de este discurso improvisado que me han obnibulado:

"No puedes hacer lo que te gusta, sino haces lo que te gusta". 

"Hay tres pasos en lo que te gusta: lo que te gusta, lo que más te gusta y lo que te gusta de verdad dentro de lo que más te gusta." 


Qué fácil. Y no hay más que hablar.

viernes, 22 de noviembre de 2013

REALISMO ILUSTRADO



(Un abrazote desde aquí, Bea, por la canción)

Llevo un tiempo buscando piso en París en la distancia para mi nueva etapa que se aproxima inminentemente y la verdad es, que si bien varias personas me habían asegurado que era toda una hazaña propia de un descendiente directo del Cid campeador encontrar algo a un precio asequible, pensaba que exageraban o que habían tenido mala suerte. No podía imagina que era completamente verídico.

Aún no he aterrizado allí y pienso hacerlo con muchísimas ganas y toda la carne en el asador, pero así a priori, me parece muy sorprendente –cuando menos- que en una de las ciudades más increíbles del mundo, abanderada de la libertad y la igualdad, la gente viva hacinada. Estoy viendo gente de más de 40 años pagar 700 euros por una habitación en un piso compartido y aún así darse de bofetadas por conseguir uno. Estoy viendo pagar cantidades astronómicas por 20 metros cuadrados. Estoy viendo multitud de trabas burocráticas para alquilar un habitación. Y no sigo, que no es el lugar ni el momento.

La verdad es que pensé que, en esta nueva aventura mía en el extranjero, al ser en otro país de Europa -además de viejo conocido, sobre todo para los que somos del norte-, no tendría un choque cultural tan grande como el que tuve en EEUU, país con una historia y desarrollo muchísimo más divergente al nuestro en comparación con los europeos. Y sin embargo, creo que aún no estoy allí y ya me estoy llevando una gran sorpresa: ¿cómo es posible que la gente aguante eso tanto tiempo? Si gente como yo, que tenemos un sueldo medianamente digno, ahorros, contactos y por eso mismo, pertenecemos a un porcentaje muy pequeño de población, casi no podemos llegar a optar a un piso de 20 metros cuadrado, ¿quienes puede hacerlo entonces? ¿Porqué, entonces, la gente sigue viviendo así? ¿Es que la belleza, el alma, de la ciudad compensa lo suficiente? ¿Por qué no se alían entre ellos en lugar de pelear por ello? ¿No se trata de uno de los países del mundo que ostenta la fama de ser reivindicativo?

Y ya en un nivel más de filosofía: ¿Por qué aceptamos ciertas cosas? Supongo que es por el mismo motivo que la gente acepta estar en paro y seguir yendo a trabajar, o piensa que su amante dejará a su mujer por amor… Por una mezcla de ceguera voluntaria, pereza, miedo y ensoñación.

De cualquier manera, es sólo una primera impresión sin haber puesto el pie allí un tiempo largo. Volveré a contaros mis observaciones de éste y mucho otros aspectos una vez allá. Si algo he aprendido viajando es que una aprende cosas nuevas que valorará toda la vida y aprende a valorar cosas antiguas que no conocía su auténtico valor.


Siempre, en todos los grandes viajes y en los libros que quieres escribir, hay una hora en que tu sentido común y tu corazón te aconsejan rendirte, cuando nada se parece a lo que has imaginado ni a lo que te han dicho o has leído, y también cuando tu propio sueño se desmorona ante la realidad de tu poco valor y tu escaso talento Incluso cuando te das cuenta de que nada es seguro y que puedes encontrarte de bruces con lo que no imaginas. Pero es ése el momento en el que debes vencer  en el que debes decirte que hay que seguir, porque luego comprendes que se trata del mejor instante de tu vida.

Vagabundo en África. Javier Reverte

lunes, 18 de noviembre de 2013

EL HOMBRE OFICIOSO


Las cosas que hacía no le importaban nada y estaba encantado. De pronto comprendió la felicidad de las gentes (hasta entonces siempre se había compadecido de ellas) que desempeñaban una función a la que no se sentían obligadas por ningún "es muss sein!" interior y que podían olvidarla en cuanto dejaban su puesto de trabajo. Hasta entonces nunca había sentido aquella dulce indiferencia. 

La insoportable levedad del ser. Milan Kundera

viernes, 15 de noviembre de 2013

FRONTERAS HUMANAS



Se aprende mucho estudiando la naturaleza humana.. No es que me guste hacer deliberadamente experimentos previamente planeados con las personas, porque, entre otras cosas, no creo que se deba hacer algo que no te gustaría que se te hicieran a ti. Sin embargo, a veces la vida se encarga de realizar un experimento sólo para tí y te planta los resultados delante de tu cara para que aprendas del comportamiento humano.

Una de las situaciones que me he enfrentado estos días ha sido una situación extrema y continua de estrés, ante la cual he observado tres comportamientos diferentes. En primer lugar, existe gente que decide cargar un peso tremendo sobre sus hombros sin importar lo que hagan los demás, por voluntad propia, porque creen en la causa del estrés, lo cual les hace tremendamente respetables y el posible mal humor que los nervios y el cansancio pueden provocar es 100% perdonable. Como contrapartida, estas personas son, por su carácter bondadoso, altamente influenciables y maleables. Por otra parte, existe los que deciden cargar mucho peso por compromiso y, como consecuencia, se preparan para juzgar a los demás si deciden no hacerlo o incluso, forzarles a actuar de la misma manera que ellos bajo pena de crear un vacío, hacer sentir mal, culpabilizando o adoptando un papel de víctima. Finalmente, existen los individuos que deciden no hacer suyo esos problemas y se desentienden de todo y de todos, haciendo lo que mejor le parece para su bien. Este comportamiento es, desde luego el más sincero bajo mi punto de vista, mucho más preferible al anterior ya que se basa en un "cuida de ti mismo y sólo si tienes tiempo preocúpate de los demás”, algo totalmente respetable.

Si bien estos tres tipos de personas pueden parecer evidentes, a mí no me lo había resultado hasta ahora. Es bueno ser consciente del entorno y sus opciones –al igual que, por ejemplo, de las diferentes maneras de viajar-, para decidir cómo quieres actuar ante cada persona y como decides actuar ante la interacción con cada prototipo. En mi caso, lección aprendida.

Lo bueno de los experimentos –conscientes o no- es que siempre arrojan resultados, es cosa nuestra aprovechar la oportunidad y aprehenderlos.

lunes, 11 de noviembre de 2013

FRECUENCIAS



Ahora podemos entender mejor el abismo que separaba a Sabina de Franz: él escuchaba con avidez la historia de su vida y ella lo escuchaba a él con la misma avidez. Comprendían con precisión el significado lógico de las palabras que se decían, peor no oían en cambio el murmullo del río semántico que fluía por aquellas palabras.

La insoportable levedad del ser. Milan Kundera

jueves, 7 de noviembre de 2013

FRÁGIL

(Una versión maravillosa de esta canción, aquí) 

Pienso en la época en que el mundo conocido apenas existía para nosotros cuatro; los días eran simplemente espacios entre sueños, espacios entre capas móviles de tiempo, de actividades, de charla intrascendente... Un flujo y reflujo de asuntos insignificantes, un husmear cosas muertas, fuera de todo ambiente real, que no nos llevaba a ninguna parte, que no nos exigía nada salvo lo imposible: ser nosotros mismos. 

 Justine. Lawrence Durrell.

domingo, 3 de noviembre de 2013

ACOPIO DE APRENDIZAJE



Una de las máximas preferidas de mi madre siempre ha sido: El saber no ocupa lugar. Haciendo que mi hermana y yo, nos imagináramos a Saber, como un señor muy muy alto y muy muy delgado, como un personaje de una historia de animación francesa. Con el paso de los años, he entendido y agradecido infinitamente a ese señor Saber –y a mi madre, su creadora, por supuesto- por todo lo que ha puesto a mi disposición.

Recuerdo que cuando éramos pequeñas, nuestros acopios de saber durante el curso consistía en las asignaturas del colegio, el conservatorio y los idiomas, además de miles de libros y cassettes que siempre rondaban por casa. Cuando llegaba el verano, las cosas cambiaban. El aprendizaje entonces se convertía en más light y en lugar de tener que hacer deberes, o empollar tochos, la cosa iba más sobre esos pequeños aprisionamientos de sabiduría que podrían sernos de ayuda – o tal vez no- en la vida, pero que, en cualquier caso, no requerían demasiado esfuerzo, dinero o tiempo.

Yo hoy día, tengo la teoría que es gracias a ese puñado de cosas extremadamente útiles que hemos sabido sobrevivir a esta vida de locos. En esa sucesión de veranos, aprendimos cosas tan útiles como mecanografía –no puedo ni imaginar lo lentísima que sería la vida sin poder escribir en un teclado a un ritmo ligero-; taquigrafía –ciertamente no ha tenido muchas aplicaciones conscientes, pero sí que me ayudó a comunicarme en clave, a parecer que escribía en árabe o apuntarme alguna palabra imposible de recordar en la mano para un examen-; corte y confección –aunque yo odiaba esas mañana eternas rodeadas de señoras que ponían el grito en el cielo por no adelgazar con su dieta frugal, aprendí mucho de ellas y además, que un buen patrón puede hacerte crear cualquier cosa-; cante y baile de jotas –una de las cosas que más orgullo me provoca. El arte jotero conlleva una actitud ante la vida, una fortaleza impresa en los descendientes de Agustina de Aragón.-; encuadernamiento de libros –donde desarrollé la buena intención de querer curar las heridas a los andrajosos volúmenes que frecuentaban ese hospital de libros (la biblioteca pública, de hecho). No pasó de una buena intención ya que, dicho sea de paso, siempre fui una chapucera indeleble-; pintura –pues eso, intentar pintar o dibujar me hizo ser consciente de que el chapucerismo es una fuerza genética más poderosa que cualquier posibilidad artística. Está bien ser consciente de tus más y tus menos.-; maquillaje –mi madre me hizo hacer esta actividad cuando comencé a tocar en un cuarteto en bodas porque, según ella, el susodicho señor Saber se convertía en una buena inversión con objetivos cortos. Así que, me encontré en aquel laboratorio de máscaras, sombras y pinturas y aprendí cosas muy curiosas: por ejemplo, que el verde mata el rojo o que el quitaojeras puede quitar casi cualquier cosa-; cocina –impartida por mi propia madre, una de las mejores cocineras que conozco, durante tres veranos seguidos. Aquí aprendí que las artes siguen un riguroso proceso científico (temperaturas, cantidades, ingredientes fundamentales) que no puedes saltarte, pero que existe una segunda cuestión: la intuición, no menos importante que la primera que marca la diferencia entre algo bien hecho y algo grandioso-.

Casi quince años después de que ya no viva con mis padres, el señor Saber sigue estando muy muy presente. Él me ha demostrado con numerosos ejemplos como algo que puedes aprender un poco al azar puede resultarte utilísimo a partir de un cierto momento –como esa prenda de ropa que compraste medio a desgana y hoy día es la cosa más cómoda y útil que tienes en el armario- o bien puede no tener resultados tangibles pero el hecho de tenerla en tu subconsciente puede darte visiones del mundo que de otra manera no hubieras podido tener.

Por eso, hoy brindo por ese señor y por esos padres –un besote desde aquí- que tenían esa sabiduría innata para hacernos aprender por el mero hecho de aprender.


Lo mejor para la tristeza –contestó Merlín, empezando a soplar y resoplar- es aprender algo. Es lo único que no falla nunca. Puedes envejecer y sentir toda tu anatomía temblorosa; puedes permanecer durante horas por la noche escuchando el desorden de tus venas; puedes echar de menos a tu único amor, puedes ver al mundo a tu alrededor devastado por locos perversos; o saber que tu honor es pisoteado por las cloacas de inteligencias inferiores. Entonces sólo hay una cosa posible: aprender. Aprender por qué se mueve el mundo y lo que hace que se mueva. Es lo único que la inteligencia no puede agotar, ni alienar, que nunca la torturará, que nunca le inspirará miedo ni desconfianza y que nunca soñará con lamentar, de la que nunca se arrepentirá. Aprender es lo que te conviene. Mira la cantidad de cosas que puedes aprender: la ciencia pura, la única pureza que existe. Entonces puedes aprender astronomía en el espacio de una vida, historia natural en tres, literatura en seis. Y entonces después de haber agotado un millón de vidas en biología y medicina y teología y geografía e historia y economía, pues, entonces puedes empezar a hacer una rueda de carreta con la madera apropiada, o pasar cincuenta años aprendiendo a empezar a vencer a tu contrincante en esgrima. Y después de eso, puedes empezar de nuevo con las matemáticas hasta que sea tiempo de aprende a arar la tierra.

The Once and Future King. Terence White.