jueves, 2 de marzo de 2017

GALLETAS DE LA CONCIENCIA

Un pequeño homenaje a todas esas personas que te hacen ver el lado bueno que tiene cualquier situación. Desde aquí, gracias.







miércoles, 22 de febrero de 2017

GENIOS AMARILLOS

Desde hace muchos años, y a pesar de las prohibiciones de mis padres cuando era pequeña, veía esa seria de personajes amarillos, llamada simplemente Los Simpsons. Esta serie de animación protagonizada por una familia cuando menos estrambótica, de alguna manera tenía algo de real –intuía yo-, un ligero parecidos razonable a ciertos comportamientos sociales, exagerados, cómo no. Sólo cuando viví en Estados Unidos, me dí cuenta que, de hecho, Los Simpsons era más bien un documental bien realista –al menos de la sociedad estadounidense- donde muchas cosas que se cuentan (los chicos que se encargan de las bolsas del supermercado, las toneladas de comida que se ingieren, etc), eran reales.

A su vez, también tardé en darme cuenta del tremendo trabajo cinéfilo que hay en Los Simpsons. No fue hasta que vi a Bart protagonizar La Ventana Indiscreta de Hitchcock que indagué en el tema y me quedé impresionada. Creedme, si veis este video-recopilatorio sobre muchas de las películas homenajeadas en los Simpsons, se os abrirá la boca inevitablemente de admiración.


Así, me atrevo a decir, que Los Simpsons, y por tanto su creador Matt Groening, se merece un puro reconocimiento atemporal. Algo así como un podium del Olimpo de las series de todos los tiempos. Además de ser una colección de episodios desternillantes y ácidos, son realmente rigurosos, matemáticos y artísticos. Nunca me canso de verlos.

martes, 14 de febrero de 2017

AMORES DE CARNE Y HUESO


Yo, Rogelio Velasco, con la salud algo quebrantada y no sé si recuperable, dejo a mi segunda mujer mis brazos y mis piernas, en recuerdo de que con unos y con otras la abarqué y la ceñí, la incorporé a mi territorio, la gocé y logré que me gozara. También le dejo mis rabietas de verdugo y mis caricias de arrepentido; mis hoscas vigilias y mis nocturnos de minucioso amador; la melancolía que me provocan sus ausencias y el cielo abierto que acompaña sus regresos; la garantía de saberla dormida a mi lado y la certeza de que velar mi último sueño. 

Buzón del tiempo. Mario Benedetti

lunes, 30 de enero de 2017

PIANOS DE ESTACIÓN



Hoy he acabado (por fin), mi Tour de Francia laboral. Desde Octubre, he visitado once laboratorios diferentes distribuidos por diversas localidades de Francia. La verdad que, he visto tan sólo un pequeño coletazo de sitios que no conocía ya que, mi agenda apretada – y la morriña de mi cama-, sólo me ha permitido tocar chufa, pasar un par de días y volver.

Todos estos viajes he tenido la enorme suerte de hacerlos en tren. Vivir en París, además de ser un privilegio por muchos motivos, tiene una enorme ventaja que es que está muy bien conectada con todos los rincones de Francia. Así que, además de los viajes laborales, también he consumido mucho café en numerosas estaciones de tren.

Y de éstas horas consumidas en estaciones, hay algo que me deja todavía estupefacta y es que, gracias a la maravillosa idea que algún día alguien tuvo de poner un piano en las estaciones, he disfrutado de recitales de música increíbles.

El patrón suele ser el mismo en todos los sitios. De pronto, aparece un personaje que nunca asociarías con la buena música –por ejemplo, un chiquillo con pintas de gamberro y escuchar mala música, o un señor de edad avanzada con su maletín de papeles, o una chica demasiado maquillada y muy a la moda- que posa sus manos en unas teclas inmaculadas y a partir de allí, sólo se suceden Rachmaninovs de vértigo, miradas de sorpresa, fugas de Bach, ojos como platos o improvisaciones de jazz basadas en la obra de Miles Davis, como si fuera lo más normal del mundo.

Las pocas personas que prestamos atención, –éste es otro hecho destacable, ¿qué hay más importante que hacer en una estación que escuchar una música angelical regalada por la cara?- nos quedamos, con cara bobalicona, embelesadas mirando escurrirse esos dedos por las teclas. Luego, cuando esa persona anónima se siente demasiado observada, se levanta, echa un vistazo a su reloj y desparece dejándonos desamparados.

En mi caso, toqué el piano durante seis años y aunque tengo los dedos demasiados oxidados todavía echo algunas mañanas siempre que voy a casa de mis padres. Sin embargo, el tema de las estaciones de tren es otro nivel. Muchísimo más profesional y sin absolutamente nada que ver que el ejercitar los dedos un rato. Es como, si alguna institución defensora de la música, hubiera infiltrado algunos de sus agentes para darle un toque de belleza sorpresa al mundo, que bien necesitado anda últimamente. Desde aquí, aplausos a todos esos pianistas incógnitos.

lunes, 9 de enero de 2017

FUTURO DEL SIGLO XX



El Sant Jordi pasado, uno de los libros que me regalé a mí misma fue un descubrimiento muy sorprendente –al menos para mí- encontrado en una esquina de una de las librerías inmensas que exploré en Paris. El libro se llama “Paris au XXème siècle” (Paris en el siglo XX) y es un libro bastante desconocido de Julio Verne –de hecho, fue encontrado por su bisnieto no hace muchos años después que él lo metiera en una caja tras ser rechazado por su editor-.

Después de unos cuantos meses, tras haber avanzado en mi lista de espera, por fin he dado cuenta de él. Este libro, me ha sorprendido bastante y una puede entender porqué el editor se negó a producir un libro tan diferente al estilo fiel de Verne de aventuras imaginarias y científicas como “Viaje al centro de la Tierra” –cuantas veces me habré leído ese libro-, "20.000 leguas de viaje submarino", "De la Tierra a la Luna", o muchos otros.

Este libro, en realidad, tiene un aire mucho más cercano a “Un mundo feliz” de Huxley o “Fahrenheit 451” de Bradbury. Es un libro crudo donde se relata una sociedad lejana completamente industrializada y dominada por la ciencia –cosa que a priori no tiene porque ser negativo-, donde el arte, la música, al literatura pasa a ser algo de lo que avergonzarse o esconderse –esto resulta, realmente, una pesadilla-.

Un escenario como tal, extrapolado de una lógica impacable desarrollada al principo de la era industrial produce una serie de escalofríos y estremecimientos cuando se describe con buena cuenta de detalle –y también una capacidad de predecir el futuro apabullante: ¡se habla incluso de internet!-. Una acaba el libro, triste, sorprendida y tocada. Sensaciones muy diferentes a la que se tiene al salir del centro de la Tierra, por ejemplo.

En cualquier caso, os recomiendo leerlo, es un libro cortito que se lee muy rapidamente. Os asaltará una ola de tristeza, pero también abrirá vuestros ojos a la importancia del arte, de la literatura, de la imaginación.

sábado, 31 de diciembre de 2016

LABRANZAS, SIEMBRAS Y FUTURAS RECOLECTAS

Como todos los años acabo de hacer mi balance anual del 2016. Este año ha sido un año intenso. Año nuevo en muchos aspectos, año de esfuerzos, de probar el límite de las fuerzas, de muchas primeras veces, de momentos alegros y momentos duros. Un año en el que, tengo la impresión que he estado sembrando muchas semillas. Ahora, en las puertas del 2017, sólo queda esperar a que el destino abonado con esfuerzo produzcan unos frutos jugosos.

   

Os deseo a todos que el 2017 os regale mucha felicidad en forma de sueños cumplidos y esfuerzos recompensados. Que la salud sea la reina de todas las fiestas y que mantengamos, cuando menos, el nivel de felicidad presente. Feliz año nuevo.

domingo, 25 de diciembre de 2016

DESPUÉS DE LA SIEMBRA



Sabiendo hacer atractiva la exigencia y mirando siempre fijamente al horizonte de las ilusiones del porvenir. Se logra con inteligencia, sublimando los esfuerzos, no dándose por vencido cuando las cosas van mal, poniendo algunos toques sobrenaturales que nos elevan por encima de las circunstancias. Los esfuerzos y las renuncias de hoy tendrán su recompensa mañana. Solo quien sabe esperar es capaz de utilizar la voluntad sin recoger frutos inmediatos. 

La ilusión de vivir. Enrique Rojas.

sábado, 17 de diciembre de 2016

BODAS MUNDIALES


En mi vida he estado en muchísimas celebraciones, particularmente bodas. No es sorprendente, para empezar soy la más pequeña de todos mis millones de primos y casi todos casados (curiosamente el corrector ha optado por cansados). Además, a los 14 años empecé a tocar en un cuarteto de cuerda en bodas y banquetes, con lo que tuve la ocasión de ser espectadora de un buen centenar de celebraciones a lo largo de unos cuantos años. Por si esto fuera poco, cuento además con un buen número de amigos que han ido dando el paso desde hace ya años.

El caso es que este año, al asistir a una boda en Alemania y otra en España, me ha chocado el enorme indicador cultural que puede ser una boda. Tener la suerte de estar invitado a una boda –o celebración del estilo- en un determinado país es una experiencia auténtica donde la gente autóctona saca su lado más tradicional para el disfrute de los demás.

A partir de la muestra sesgada de las boda que he asistido, no puedo dejar de extraer observaciones y comparaciones, aún a sabiendas que sólo he atisbado una ranura de diferentes sitios y costumbres. 

Por ejemplo, nunca olvidaré aquella boda en La Paz, Bolivia donde aunque nos reservamos para un buen banquete, la cena nunca llegó y en su lugar aparecieron una buena retahíla de tequilas intercalados con bailes de pañuelos –no os cuento cómo acabó aquello-; o aquellas manzanillas infinitas salpicadas de sevillanas en la boda de mis amigos Susi y David en Jerez de la Frontera; o los juegos interminables entre plato y plato que todos teníamos que realizar a petición de los novios o los amigos en una boda en Mainz, Alemania; o esa boda llena de tapitas y juegos organizados por Francesc y Marta en un pueblo cerca de Girona de cuyo nombre no quiero acordarme; o ese buffet libre de pasta y pollo en pleno jardín con su arco de boda de una buena película holliwoodisense de mi amigos Jackie y Casey en California; o las cantidades infinitas de comidas y bebidas de las bodas aragonesas rematados por unas migas a la pastora a las 5 de la mañana; o el abrazo inmenso que nos dieron los novios de Bolivia al darles su regalo de boda: una batidora de 20 euros –al parecer la costumbre es no regalar nada en esas bodas-.

La verdad es que no estoy segura si estas características reflejan la manera de ser de la gran mayoría de los ciudadanos de su país, pero, en cualquier caso, no deja de dar una referencia más abierta a una única perspectiva de un evento en la que varias generaciones se dan la mano para disfrutar un día con sus seres queridos de la mejor manera que ellos encuentran. Que vivan los novios.

lunes, 28 de noviembre de 2016

QUERIDOS TALONES


Como ya hemos hablado muchas otras veces, el cuerpo humano es realmente un amasijo perfecto de músculos, huesos, órganos inteligentes que activan sus defensas y sus mecanismos con una lucidez de espanto. Eso me lleva maravillando desde hace mucho tiempo: el gran Universo que tenemos en nuestro interior.

Sin embargo, hace un par de días me hicieron daño unos zapatos y me llagaron los talones… Nunca, pero nunca hubiera pensado que unas llagas –en carne viva- en los talones pudieran provocar semejante dolor. Tanto que llevo dos días que ando renqueando aun llevando la heridas con gasas y protección… Ahora entiendo a Aquiles, el angélico.

Y sí, ahora es de esos momentos en lo que me doy cuenta la poca importancia que les he dado yo a mis talones… Voy por la calle y miro a la gente apaciblemente andando como si nada con sus pies limpios de llagas y me invade una inmensa tristeza de haberme tenido que dar cuenta de este modo. Es como aquella vez hace un porrón de años, cuando aprendí a valorar mis pies al hacerme un esguince y adelantarme todo el mundo por la calle, muy a mi pesar.

En fin, talones míos, he aprendido la lección. A partir de ahora os trataré como oro en paño y nunca os dejaré desprovistos de esa piel dura y resistente.

Mi vida es una especia de Llaga No Cicatrizada, como tú dices, y que procuro mantener llena de gentes, accidentes, enfermedades, todo lo que encuentro a a mano. Tienes razón cuando me dices que es una excusa para no vivir mejor, con más sensatez. Pero aunque respeto tus disciplinas y tu saber, siento que si alguna vez he de aceptarme a mí misma, sólo lo lograré pasando a través de las escorias de mi carácter, quemándolas. 

Justine. El cuarteto de Alejandría. Lawrence Durrell

sábado, 26 de noviembre de 2016

EL QUID DE LAS COSAS

Esta semana, tuve la ocasión de asistir a una tesis sobre Filosofía de la Ciencia y escuchar casi cuatro horas de preguntas, reflexiones y cuestiones fundamentales. La verdad es que, en pleno siglo XXI donde todo funciona con plazos, objetivos y resultados, me resultó un viaje al pasado a, quizá, aquella época en la que los filósofos griegos se reunían para preguntarse el porqué de las cosas.

Este video no llega a esos niveles, pero no deja de descubrirnos miradas mucho más profundas de lo que existe aquí y ahora. Desde aquí, os invito a verlo y a tomaros unos minutos para la reflexión y la imaginación. Ya me contaréis.

 
  (Subtítulos no disponibles en castellano todavía)

domingo, 23 de octubre de 2016

LA CUENTA DEL TIEMPO



Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj 

Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj. 

Instrucciones para dar cuerda al reloj

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan. ¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa. 

Julio Cortazar

sábado, 8 de octubre de 2016

AL ABRIGO DE LAS PALABRAS



Existe en París, en esta ciudad de belleza –material e inmaterial- absoluta, un lugar donde el tiempo se para y una siente que ahí se habla de lo esencial, de lo importante. Donde la atmósfera se recoge, nadie saca su smartphone, ni su cámara, ni su reloj; tan sólo libros, un respeto cordial y una predisposición a dejarse tocar por bellas palabras.

Este sitio, el club des poetes, al que suelo llevar a mis amigos cuando tengo una mínima oportunidad, se creó hace 55 años por el padre del actual dueño, Blais Rosney, también poeta. Yo lo descubrí tan sólo por casualidad, cuando llegué a París y, sabiendo que estaba en una de las ciudades más artísticas que existen, busqué un sitio donde se hablara de literatura, de poesía y, aunque sorprendentemente no hay tantos como pensaba, dí con él.

Aquí, cada martes, viernes y sábado, se cena si se quiere –totalmente casero, con su cuchillo de barra de pan-, se toma un vaso de vino y a las diez, la luz decae y se recita poesía de memoria –única norma de este sitio-, clamándola, sintiéndola y haciéndola llegar a todos. Una de los aspectos más sorprendentes es que la gran mayoría del público es verdaderamente joven, sin llegar a los 30. Desde mi punto de vista, si existen jóvenes que eligen pasar su noche de viernes recitando poesía, el mundo todavía puede ser salvado por su belleza.

Cuando, hay noches temáticas de poetas –como ha sido el caso de Lorca, el siglo de oro o Pessoa-, la cosa resulta algo artificial. Yo soy de las que opino que la poesía no puede traducirse porque la sonoridad, la caída de una palabra hacia la otra cambia y se transforma en otro poema de baja calidad.

Por otra parte, cuando, en noches como en la de ayer, la noche es libre y cada uno recita lo que quiere –y por tanto, la gran mayoría son de poetas franceses-, recibes, de vez en cuando una punzada de belleza que te anula los sentidos y te recuerda porqué en París, se puede encontrar lo que no existe en ningún otro sitio. Para muestra, un botón:

Nous étions faits pour être libres
Nous étions faits pour être heureux
Comme la vitre pour le givre
Et les vêpres pour les aveux
Comme la grive pour être ivre
Le printemps pour être amoureux
Nous étions faits pour être libres
Nous étions faits pour être heureux

Toi qui avais des bras des rêves
Le sang rapide et soleilleux
Au joli mois des primevères
Où pleurer même est merveilleux
Tu courais des chansons aux lèvres
Aimée du Diable et du Bon Dieu
Toi qui avais des bras des rêves
Le sang rapide et soleilleux

Ma folle ma belle et ma douce
Qui avais la beauté du feu
La douceur de l’eau dans ta bouche
De l’or pour rien dans tes cheveux
Qu’as-tu fait de ta bouche rouge
Des baisers pour le jour qu’il pleut
Ma folle ma belle et ma douce
Qui avais la beauté du feu

Le temps qui passe passe passe
Avec sa corde fait des nœuds
Autour de ceux-là qui s’embrassent
Sans le voir tourner autour d’eux
Il marque leur front d’un sarcasme
Il éteint leurs yeux lumineux
Le temps qui passe passe passe
Avec sa corde fait des nœuds

Nous étions faits pour être libres
Nous étions faits pour être heureux
Le monde l’est lui pour y vivre
Et tout le reste est de l’hébreu
Vos lois vos règles et vos bibles
Et la charrue avant les bœufs
Nous étions faits pour être libres
Nous étions faits pour être heureux

Un Homme passe sous la fenêtre et chante, Louis Aragon

No dejéis de pasar la próxima vez que vengáis a Paris.

martes, 6 de septiembre de 2016

AVANCE MODERADO



Llevo ya unos días en los que no puedo de dejar de mirar horrorizada esa gente que deambula por las calles, cual zombis salidos de un manicomio hablando por un teléfono invisible mediante el manos libres. Me resulta una imagen esperpéntica, como salida de una novela de Bradbury ver la imagen en la que, cada uno, dentro de su individualidad pública, comparte su conversación completamente personal y, sinceramente, que a nadie le interesa con los de su alrededor.

Muchos dirán, y con razón, que esto ha sido así desde el inicio de la era de los móviles. En efecto, así es, recuerdo el horror que causaba, allá por el año 2000, ver a gente hablando por la calle, como si no tuviera un sitio donde hacerlo. Imagino que nos hemos acostumbrado a esto y es ahora, cuando la gente le hablar ya no a una máquina, pero a una persona invisible, lo que me causa estupor. El otro día, sin ir más lejos, pensé que la persona que venía hacia mí, me iba a hacer algo, ya que gesticulaba y musitaba sonidos ininteligibles mientras se acercaba a mí.

Supongo que esto no es más que otro de esos inventos que han cambiado la sociedad, en mi opinión, para peor. Se que es cuestión de opiniones y respeto aquellos que le vean el punto bueno a este artilugio –excepto el claro caso de la conducción-. Sin embargo, existen otros casos en los que me gustaría echar las manecillas del reloj hacia atrás. Por ejemplo, el uso de los grupos de whatsup que, bajo mi punto de vista, ha acabado con las relaciones profundas y las ha limitado a algo superficial, a enseñar una imagen y poco más. Otro ejemplo, el –para mi gusto, detestable- uso del twitter en las conferencias científicas. En efecto, resulta que ahora cuando los científicos "modernos" exponen sus resultados en una conferencia, se toman su tiempo para adornar la charla con chistes malos –muy malos- que luego son aclamados en twitter como si de un circo se tratara. Por el caza-pokemons, ya no voy a ni a nombrarlo, porque no puedo ni empezar a entender como tanta gente inteligente puede realizar semejante derroche de neuronas.

En fin, podría seguir con una larga lista de inventos que no creo que hayan beneficiado mucho la sociedad, pero no lo voy a hacer. En su lugar, voy a enumerar algunos de los inventos que SÍ nos han hecho más felices: la fregona, la maleta de ruedas, el ventilador, el café con hielo, el skype, los vuelos baratos, los juegos de mesa, los picnics en los parques, la poesía, el sushi, y un sinfín de cosas más que, efectivamente, ganan en cantidad y calidad a los inventos horrendos. Dejemos entonces, las manecillas del reloj en sitio.

sábado, 27 de agosto de 2016

PLANETA NO-IMAGINARIO

Esta semana, ha sido públicamente anunciado uno de los hitos que toca más de cerca a la Humanidad como Humanidad: la detección de un planeta girando alrededor de nuestra estrella más cercana, Próxima Centauri. Este descubrimiento, que además tengo el orgullo de decir que ha sido protagonizado por varios amigos míos -un besazo desde aquí Guillem,  Cris y Zaira-, me ha dado también unas ligeros escalofríos al recordar esa fantástica novela de Ray Bradbury llamada Crónicas Marcianas. Me he puesto a imaginar como, en unos años en que nosotros ya no estaremos en la Tierra, pero quizá sí nuestros descendientes, seguiremos con nuestro ritmo de apisonadora y destruiremos cualquiera que sea el Mundo que elijamos estrenar. Ciertamente, esto no es más que Ciencia Ficción a día de hoy.

Sin embargo, una puede reflexionar qué hay implícito en nuestra naturaleza para comportarnos así y quizá, todo venga motivado por este afán de llegar a alguna parte, a darle sentido a las cosas, a nuestra vida, aunque sea ficticio, aunque no hayamos disfrutado durante el camino. Vamos, que la gran mayoría de nosotros tendemos a protagonizar un anti-viaje a Ítaca. Quizá si aprendemos a saborear un paseo, un momento tranquilo, una partida de cartas con los padres, o unas risas con los amigos, no haga falta irnos a buscar un mundo todavía mejor, porque ya estemos en el lugar donde querríamos estar.


(Subtítulos sólo disponibles en inglés)

viernes, 19 de agosto de 2016

DEL LADO DE ALLÁ

Recién llegada de la Argentina, ése país extenso con enormes costas y montañas, voy a tratar de poner palabras a las vivencias que han transcurrido durante estas tres semanas con más o menor éxito.

Así, os contaré, que una vez más, Sudamérica me ha hecho sentir como en casa. Que los argentinos son seres extremadamente amables, que cuentan con la solución a cualquiera que sea tu problema con sólo preguntarles. Que en esa Argentina tan indígena al límite con Bolivia y Chile, existen montañas multicolores –de siete y de catorce, para ser más concretos-, que los cactus gigantescos campan a sus anchas, que pasear por la Quebrada de Humahuaca se asemeja a ser una Curiosity perdida en Marte, que en los cauces de los ríos secos se pueden observar manadas de vicuñas corriendo como gacelas, que existen multitud de pájaros negros, rojos y verdes, jamás visualizados antes, que Alex y David –unos jovenzuelos cuidadores de llamas- se prestan a hacerse una foto sin el menor sonrojo a cambio de un poco de chocolate para llevar a su casa en el medio de la montaña desierta –eso sí, con paneles solares siempre-, que probar el pollo loco de Abra Pampa es una experiencia única y sensorial que te inmuniza para todos los males de por vida, que preguntes por un restaurante a un local en Humahuaca y te inviten a comer asado a casa de unos amigos es mucho más normal de lo que parece, que la mejor cerveza de Argentina es la Imperial, que es difícil de encontrar y requiere una búsqueda concienzuda.

Que ver salir el Sol tras las montañas de Tilcara al amanecer, mientras se toma mermelada casera de uva, es un lujo inexplicable, que observar la constelación del Escorpión, acompañado de Marte y Saturno durante todo el viaje es realmente memorable, que avistar la Cruz del Sur, un Orión dado la vuelta o una Vía Láctea despampanante desde cualquier aldea diminuta suprime las palabras, que en el noroste de Argentina a más de 3000m, las temperaturas suben y bajan más de 20 grados de la noche al día, que la gente vive realmente con muy poco, que sin embargo, ofrecen un plato de pasta gratuitamente y sin pedir nada a cambio, que incompresiblemente- los coches gigantescos último modelo abundan demasiado, que la sanidad es pública y universal, que las recetas médicas se escriben en trozos de publicidad electoral reciclados, que el Chevrolet como auto de alquiler es la última moda, que todas la dueñas de los hostales fantásticos se llaman Patricia –o Pato-, que Charly de Tilcara crea lámparas a partir de calabazas de una manera casi mágica, que comer carne es la única opción posible en Argentina -el pescado es casi tóxico-, que el viaje de Purmacarca en dirección a Atacama consiste en una carretera que quita el aliento a nivel de vértigo y visual, que visitar Salinas Grandes es conocer el concepto –tan borgiano- de infinito, que los tres salares mayores del mundo se concentran en 400km a la redonda, que leer un “Chancho te amo” escrito con piedras en el cauce del río Grande –siempre seco- provoca una mueca de ternura al que lo atraviesa.

Que los domingos de invierno soleados en Salta el parque se llenan de niños creativos, que los campaneros de la catedral imparten conciertos sin pedir permiso, que Heinz y Mónica –dos alemanes instalados en Salta- adoran el vino, el arte, las buenas costumbres y el pan casero, que en cualquier parque se puede encontrar un pobre poni y una pobre llama de exposición, que los 200 años de independencia de los españoles se celebran hasta en las cuevas, que la pampa no es otra cosa más que campos muy planos semi-pelados, que el Altiplano Argentino se parece muchísimo al de Bolivia –no es casualidad que estén al lado-, que la vida vale muy poco en general, que los salteños tan pronto se santiguan cada vez que pasan por delante de una iglesia como responden risueños a la proposición de hacerles una foto, que todas las calles de Argentina comparten los mismo nombres, que el negocio del estanco multi-todo está en auge en esas tierras.

Que viajar a Cafayate por la Quebrada de las Conchas es como protagonizar un cuento de hadas, que regalos como la Garganta del Diablo, el Anfiteatro, el Castillo, el Sapo o el Obelisco te reconcilian con la naturaleza, que la Quebrada de las Flechas es una aventura jasca a través de la ruta 40, que un recorrido guiado por las pinturas rupestres y los observatorio de Cafayate de–¡uy! un montón de años- de la mano de Miriam, sus parcas palabras y sus cabras, no tiene desperdicio, que por el amor a la Pachamama está completamente justificado tirar el vino en la mesa, que el bife es un plato para corredores de fondo, que el bife de chorizo no lleva chorizo ni nunca lo hizo, aunque nadie sabe porqué, que las empanadas –empanadillas españolas sin freír- es un plato tan típico como los pinchos, que realmente son manjares celestiales, que en Argentina todo tiene mil colores, que lo más normal es encontrarse personas-champiñón apareciendo al lado de la carretera haciendo tareas rutinarias, que en Cafayate cualquier vino de la casa sabe a gloria, que un desvío estrecho dirección a los Médanos aterriza en unas dunas inmensas de arena blanca.

Que La Rioja Argentina está llena de restaurantes exquisitos, que en el Joaquín –un bar homenaje a Sabina- una puede leer uno de sus poemas canciones, degustar un cabrito al horno de infarto, o charlar afablemente con sus camareros, que en el parque nacional de Talampaya habitan varias parejas de cóndores de los Andes, que éstos son monógamos y vuelan siempre juntos, que dentro del parque existe una réplica casi exacta de la Sagrada Familia, que el uso obligatorio de guía convierte la visita en atracción de la tercera edad, que la visión de la chuña es sobrecogedora, que este animal se cree descendiente de los dinosauros –y de hecho, camina como tal-, que pagar 200 pesos por lavar un gran saco de ropa interior es un regalo, que realizar carrovelismo en un desierto vacío de sal de la mano de Armando es inolvidable, que los autobuses son el medio para moverse mientras que los trenes brillan por su ausencia, que Andesmar te lleva a los Andes y al Mar, que General Güemes es una estación a evitar esperar demasiado.

Que el Aconcagua, la montaña más alta de América, está escondida entre otras montañas, a sólo 7 km de la frontera con Chile, que cuando por fin se le ve esplendoroso, viene un matamico –una especie de águila- de los Andes a posarse tranquilamente sobre el cartel que marca sus 6900 m de altitud, que cerca de allí se encuentra el precioso Puente de Inca con aguas termales incluidas que les da un color anaranjado, que en Puente del Inca se encuentra la única oficina de correos de toda Argentina con sello propio, que un sello viene a costar un riñón, que los mendozinos realizan tándems bici-vino de la mano de Mr. Hugo los fines de semana, que en la destilería Tierra de Lobo es muy recomendable probar el licor de mandarina de manos de un suizo argentinizado, que Mendoza tiene una plaza central con otra plaza más pequeña en cada esquina, que en un edificio de varios pisos en una de esas plazas, existe un restaurante no anunciado con vistas a los Andes, buena comida y mejor precio, que el restaurante Azafrán en Mendoza es demasiado pijo para ser cómodo, que el trabajo de Url consiste en aconsejar sobre el vino adecuado a su público, que Mendoza tiene socavones en todas sus calles –arreglados con mayor o menos gracia- debido a un terremoto que hundió la ciudad. Que existe un importante gradiente norte a sur –de menos a más- en cuanto a semáforos para peatones, señores champiñones, calzadas y posibilidades de pagar con tarjeta.

Que Buenos Aires es una ciudad preciosa, limpia, ordenada y con luz, que los árboles centenarios de Buenos Aires con sus troncos gigantescos son de las cosas más impresionantes que una haya visto jamás, que el barrio de Boca, lleno de colores, monumentos a Maradona, estadio de la bombonera y bailadores de tango para guiris resulta demasiado turístico casi visualmente, que San Telmo contiene la cuna de mi adorada Mafalda a la vez que una tradición más sana de tango, que Mafalda es un ídolo nacional muy querido en Argentina -al igual que Evita Perón-, que Agustina es la casera más apañada del mundo con sus cápsulas nexpreso, que todos los verbos se acentúan al final -incluso ortográficamente- en Argentina, que el acento porteño derrite nada más escuchar un ¿viste?, que la calle Corrientes es el paraíso de las librerías donde se puede pasar de una a otra –todas inmensas y repletas- casi contiguamente, que los libros están más caros que en Europa –aunque sean de Borges o Cortázar-, que resulta casi imposible encontrar una camiseta blanqui azul número 10 sin el nombre de Messi inscrito, que los abueletes más cultivados se dan cita a la sombra de un árbol milenario en el barrio de la Palermo para jugar al truco todas las tardes, que el Obelisco es el centro neurálgico de la ciudad, que es también un foco de atracción por el que se acaba pasando varias veces al día, que la Casa Blanca es Rosada en Buenos Aires, que la manifestación y la política parece un deporte nacional, que las Madres de Mayo son consideradas como heroínas para mucho, que un buen argentino no puede salir de casa sin su mate y su termo, que los autobuses urbanos intentan constantemente realizar su propio record de velocidad, que pagar con tarjeta siempre provoca un encogimiento de estómago ante la incertidumbre de si funcionará o no, que Buenos Aires está atestado de restaurantes –auténticos- italianos, que el tango improvisado resulta difícil de encontrar para un turista, que una vez identificado resulta clasista, machista e hipnotizante a partes iguales, que la catedral de Buenos Aires se enclava entre edificios y como te despistes, te la saltas, que Serrat y Sabina son conocidos y admirados, que Borges es una referencia para muchos, que en el cementerio de la Recoleta los difuntos compiten con las billeteras de sus vivos.

Que atravesar el mundo en la mejor de las compañías –un besote desde aquí, Rodolphe-, para descubrir otras maneras de ser, vivir, y existir y aún así, sentirte pequeña y también como en casa al mismo tiempo, es un lujo alcanzable que todos deberíamos disfrutar de manera ilimitada.

La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita. Cambiará el universo pero yo no, pensé con melancólica vanidad.

El Aleph. Jorge Luis Borges